Trabajo Empleo y producción

Miguel Sierra.

Foto: Inés Guimaraens

Miguel Sierra: “Una investigación, para tener impacto, lleva entre 15 y 20 años”

El presidente del INIA dialogó con la diaria sobre el acuerdo Mercosur-UE, el trabajo del instituto que lidera, las coordinaciones regionales y las nuevas tecnologías, en el marco de la Expo Prado, donde el INIA tendrá un stand dirigido básicamente a niños y adolescentes.

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“Tenemos un stand y el público al que nos dirigimos es público de escuelas, maestros, básicamente público urbano que está lejos del agro, pero, sobre todo, público infantil vinculado a lo educativo. Siempre se trata de que haya cosas atractivas para adolescentes y niños, y tratar de posicionarse como instituto que trabaja en la sostenibilidad ambiental y en la producción de Uruguay, que está en todo el territorio. Son los grandes mensajes que se dan, y siempre se da valor a lo tecnológico, lo novedoso; este año va a haber un audio en 8D y animación en 3D. Vamos a estar en una mesa de intercambio denominada ‘De la cuota al valor: cómo capturar la prima europea’, centrada en las oportunidades que brinda el acuerdo Mercosur-Unión Europea (UE). Allí voy a poner el foco en algunos ejes, como el concepto de fractal, en el sentido de que cada acuerdo condensa todo lo que vendemos de Uruguay –confiabilidad, reputación institucional, políticas públicas, investigación que busca la sostenibilidad de los productos saludables–, pero eso se fortalece si somos coherentes con ese mensaje. En caso de que no seamos coherentes, aparece el residuo en la carne o usamos productos que no están autorizados para el control de plagas, de enfermedades. Eso se te vuelve en contra. O sea, ese fractal podemos volverlo de titanio y fortalecerlo, o podemos hacerlo añicos, en la medida en que no cumplamos la promesa que le estamos vendiendo al mundo. Es una oportunidad enorme, pero también vamos a estar en el radar, y al respecto voy usar el ejemplo del VAR: cada vez más van a estar en observación todos los temas de residuos, manejo de la biodiversidad, del agua, erosión de suelos, también relaciones sociales y tratamiento a la gente que trabaja, tanto en el medio como en la fase industrial. Una vez que entrás a Europa, estás bajo la lupa y te empiezan a controlar todas las agencias que ellos tienen, profesionales, con respaldo de institutos de investigación. Hay que ser consciente de que se trata de una oportunidad muy buena, pero también exige un cumplimiento de las promesas que hacemos, y un trabajo muy coordinado en políticas públicas con el sector privado, con la academia, y que todos los mensajes que demos como Uruguay Natural –que producimos respetando los pastizales, en deforestación, el no uso de hormonas, respeto a los productos químicos y su tiempo de espera, aplicación profesional de las cosas– los tenemos que cumplir sí o sí”, comenzó.

¿Cuáles serían los sectores de la producción que podrían beneficiarse más?

Hay oportunidades importantes en el sector de la carne, en la miel, en el arroz; hay espacios interesantes en ese mercado. Donde veo que está más complicado, y lo he hablado con la gente del sector, es en los lácteos. Ellos entienden que, sobre todo, la leche en polvo descremada y los quesos la pueden tener complicada, porque hay actores europeos de mucho prestigio.

Voy a poner tres ejemplos. El caso de Gabriela Bordabehere, que vende lanas ultrafinas en el marco de ganadería regenerativa y lana sostenible para Gucci. Otro caso es el sector citrícola, en el que generamos material genético en el programa de INIA Salto, y me decían el otro día que está entre los mejores cuatro programas de mejoramiento citrícola del mundo. Están Estados Unidos, España, Israel y Uruguay. Y Uruguay logró que un actor de Valencia (España) sea el comercializador a nivel mundial. Lo está ofreciendo en ferias, está haciendo ensayos en Europa; es otra modalidad de establecer puentes con actores de Europa. La otra es Conaprole, que hoy está en cadenas globales de valor porque empresas lácteas internacionales y de chocolate usan su leche en polvo entera porque es más sostenible, hecha a campo natural, etcétera. Entonces, si bien puede sufrir en lo relacionado con leche descremada y queso, también tiene la oportunidad de meterse en esas cadenas con esas marcas y de abastecer con algún componente que después esas empresas hagan, como yogures y quesos de alta gama en el marco de una marca internacional.

Además, el INIA tiene mucho vínculo con institutos de investigación tanto en la región como en Europa. En general, hoy cuando decís “mi alimento es sostenible” o “mi alimento es saludable” tiene que haber una publicación científica respaldada por un centro reconocido, y eso, cada vez más, se hace en redes internacionales.

Miguel Sierra.

Foto: Inés Guimaraens

La colaboración y el intercambio entre institutos de investigación vinculados a los estados, como el INIA, parecen ser de los pocos ejemplos en los que las políticas trascienden a los gobiernos y son verdaderas políticas de Estado, por los plazos que manejan.

Es así. Una investigación, para tener impacto, lleva entre 15 y 20 años. Definís una línea, un mejoramiento genético en arroz, formar a la gente para que sepa hacer el mejoramiento, instalar un laboratorio en el que estén dadas las condiciones para llevar adelante los estudios, generar publicaciones que después derivan en productos tecnológicos, que tenés que comercializar, proteger y comercializar. Eso te lleva entre 15 y 20 años. Ahora, con la vía informativa, se podría reducir a 8, ponele. Pero un mejoramiento genético es difícil que lleve menos de 12 años. Ya la ciencia y la tecnología, de por sí, más los institutos de agro, tienen necesariamente una visión de mediano y largo plazo; de lo contrario, no son viables. Los vaivenes te liquidan. Para tener conclusiones robustas de que un material mejora es necesario un período importante, y antes del trabajo de campo hubo trabajo de laboratorio. Muchas veces tenés que replicarlo en distintos lugares en Uruguay, que parece un país homogéneo y chico pero presenta mucha heterogeneidad de suelo, de clima, etcétera.

¿La coordinación y los encuentros con otros institutos hermanos de América del Sur tienen que ver con algún tema específico, o se hacen con cierta periodicidad?

Nosotros tenemos Procisur [Programa Cooperativo para el Desarrollo Tecnológico Agroalimentario y Agroindustrial del Cono Sur], que es la red de institutos del tipo del INIA del Cono Sur: el INTA [Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria], de Argentina; Embrapa, de Brasil, el INIA [Instituto de Investigaciones Agropecuarias], de Chile; y el IPTA [Instituto Paraguayo de Tecnología Agraria], de Paraguay, además de nosotros. Ahí hay una plataforma de trabajo, de colaboración; hay grupos de trabajo, redes y proyectos, son las tres modalidades. Se han abordado distintos temas –salud animal, bioinsumos, clonamiento genético– y se han compartido experiencias en temas digitales y de agro. Es una plataforma de trabajo permanente y, según los temas, los distintos institutos lideran los proyectos. En la región, Embrapa está un escalón más arriba: tiene mayor desarrollo, son como 8.000 personas. Pero Uruguay se destaca en varias áreas, por ejemplo, en lo referente al arroz, la sostenibilidad ganadera, los bioinsumos.

Estamos viviendo un momento de cambios tecnológicos acelerados. El INIA, además de la investigación genética que tiene que ver con aumentar o mejorar la producción, ¿también está trabajando en el avance de las tecnologías que aportan a la producción como la inteligencia artificial (IA) o los drones, por nombrar dos ejemplos?

Sí. Nosotros lo tenemos incorporado. Es una prioridad estratégica, lo que es transformación digital, ciencia de datos, IA. Lo tenemos en un área específica, que lidera Guadalupe Tiscornia. Obviamente, la primera barrera es cultural, porque ahí tenemos primero que compartir los datos internamente, el propio equipo de investigadores y de gestión del INIA. Curar esos datos, ver que sean robustos, confiables, fiables. Cuando haya lagunas, ver cómo se cubren esas lagunas de información, que sean interoperables, porque a veces tenemos datos para cruzar del MGAP, de Fucrea [Federación Uruguaya de grupos CREA]. Ahí también hay que concebir las plataformas interoperables, que se pueda dialogar entre distintas bases. Pero te diría que es un reto que vino para quedarse. Hay que hacer la transformación cultural, la gestión del cambio, tenemos que ver cómo integramos la IA, y de manera robusta para ampliar las cosas que hacemos. Hoy no estamos planteando sustituir el personal por IA, estamos pensando en que aumente y mejore las cosas que estamos haciendo, y que se destine el tiempo de los técnicos a la parte más creativa, reflexiva, a hacer mejores artículos científicos, mejores productos tecnológicos, y tratar de canalizar la rutina con la herramienta de IA y temas digitales.

En cuanto a la gobernanza del INIA y las posibilidades de hacer alianzas y recibir financiaciones diversas, presentaron una serie de iniciativas en el proyecto de Rendición de Cuentas.

Sí, como para poder abrir la cancha, hacer cosas que estaban limitadas legalmente. Hemos querido hacer algunas cosas con el sector privado que la ley actual no nos permitía.

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