Trabajo Empleo y producción

Ganado vacuno en Paysandú (archivo, octubre de 2025).

Foto: Rodrigo Viera Amaral

Reporte Anual de Sostenibilidad del INAC presenta la carne uruguaya como “sostenible por naturaleza”

La eficiencia de la ganadería uruguaya y el balance de una política que el instituto lleva diez años construyendo.

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Entre 1990 y 2025, las emisiones de metano de la ganadería uruguaya aumentaron 30%, mientras que la producción de carne creció 90%. Gianni Motta, gerente de Sostenibilidad del Instituto Nacional de Carnes (INAC), lo resaltó en diálogo con la diaria. En octubre de 2025, el organismo publicó su segundo Reporte Anual de Sostenibilidad. Se trata de un extenso documento que presenta a la carne uruguaya como “sostenible por naturaleza” y funciona como un manual a seguir para la política de comunicación institucional de cara a la Expo Prado.

El reporte presentó la creación de la Gerencia de Sostenibilidad como uno de los hitos del último año y de la nueva gestión. Gastón Scayola, presidente del INAC, explicó que la decisión se tomó durante el primer semestre de 2025: “Aprobamos un ajuste a la estructura organizativa del INAC, creando una gerencia general. Ya teníamos una gerencia de innovación y estrategia, que creímos que la teníamos que ajustar y denominar Gerencia de Sostenibilidad”.

Motta, a cargo de esa gerencia, explicó: “El instituto viene tratando temas de sostenibilidad desde 2015, con apoyo técnico y acercamiento a la FAO [Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura] en trabajos conjuntos con el INIA. Efectivamente, la gerencia tiene un año, aunque la temática se viene trabajando ya hace diez. Ahora consolidar todo esto y trabajar en sinergia con las gerencias que ya existen es uno de los grandes desafíos. Todo esto también se tiene que conjugar internamente para hacer una sola voz institucional”.

El área de sostenibilidad se organiza principalmente en tres ejes. Por un lado, el económico, que descarta cualquier estrategia de reducción de la producción. “Cuando uno plantea, por ejemplo, el degrowth en Uruguay como una medida de producción sostenible, el INAC no lo ve como una opción viable. Porque lo que precisamos es aumentar todavía más nuestra producción”, explicó Motta. Por otro lado, el ámbito social, que está orientado a comunicar “hacia adentro [del país]” el valor de la actividad ganadera, sobre todo a la población urbana. Finalmente, refirió a un tercer eje, vinculado al acceso a diferentes mercados y a la buena relación con importadores.

“Sostenible por naturaleza”

La frase que da nombre a la campaña general de comunicación del INAC –vigente desde el 1° de junio– figura también como una de las piezas claves del reporte. Según Scayola, esto se dio a partir de un apoyo y combinación de condiciones productivas con políticas públicas. “Primero tenemos una condición natural. Uruguay hace 400 años que tiene ganadería. También se basa en otros temas tan relevantes que son bienes públicos, como la prohibición de uso de hormonas para la producción de carnes por ley, desde 1962, la trazabilidad obligatoria también el que sea libre de deforestación”, añadió.

Detrás del argumento de la “condición natural” de la actividad ganadera uruguaya, se ve soslayado el aspecto climático. El reporte sostiene que, al realizarse a cielo abierto y sobre pasturas naturales, el impacto ambiental de la ganadería uruguaya se reduce considerablemente. En el documento se cita un estudio del Instituto Nacional de Investigación Agropecuaria (INIA) que estima ese impacto en 0,0004 grados de aporte al calentamiento global en 125 años, usando la métrica GWP* (potencial de calentamiento global asterisco).

Tras consultarle a Motta sobre la decisión de utilizar esa métrica y no el estándar GWP100, el que usa habitualmente el Panel Intergubernamental de Cambio Climático (IPCC), contestó: “Usaron las dos [métricas] en el estudio. Es una comparación entre métricas”. Y explicó la diferencia en términos técnicos: “El GWP100 hace una transformación más directa y asume una vida de 1.000 años, que es lo que vive el CO² en la atmósfera. El metano tiene una vida media de diez años, y esta métrica, el GWP*, ajusta esa línea temporal a que la vida media del metano es diez años y no 1.000”. Asimismo, aclaró que ninguna de las dos está equivocada o es errónea. “Ninguna de las dos está mal. El GWP100, por ejemplo, es muy bueno y nadie lo niega para medir el impacto de la industria que emite CO². Pero los sistemas que son de emisiones de gases de vida más corta, y encima que son biogénicos, como es el metano de la ganadería, no son muy precisos”, añadió.

En cuanto a la pregunta sobre cómo el argumento de la neutralidad climática logra penetrar en los mercados internacionales que cuestionan el modelo ganadero, Motta evitó referirse a las políticas puntuales de otros países. No obstante, aludió al concepto metodológico que vincula el debate con decisiones de política climática. En tanto la reducción de la emisión absoluta de metano enfría el planeta de manera inmediata, algo que solo se refleja con claridad bajo la métrica GWP*. Sin embargo, si lo observamos mediante el GWP100, esa reducción de metano no alcanzaría para frenar la suba de temperatura. “Si hay algo que nos da un argumento a favor del GWP*, es esto”, dijo.

Scayola, por su parte, planteó: “El mundo por sí mismo ha seguido estudiando y ha visto que la ganadería no es el factor que nos desestabiliza como mundo se ha llegado a la conclusión de que la ganadería –como se desarrolla en Uruguay: a cielo abierto, con condiciones naturales– tiene indicadores sumamente bajos a nivel de afectación al medioambiente”.

Ruedo de la Expo Prado (archivo, setiembre de 2025).

Foto: Gianni Schiaffarino

Sobre emisiones y la producción ganadera

El reporte del INAC presenta reducciones sostenidas en la intensidad de emisiones de la ganadería: -31,7% en metano y -34% en óxido nitroso desde 1990, medidas por kilo de carne producida. Aun así, esos datos no contemplan la evolución de las emisiones totales del sector.

Motta explicó, consultado sobre el estado y tendencia de las emisiones totales, que “las emisiones totales absolutas aumentaron”. Agregó que “las emisiones de metano aumentaron un 30%; estamos considerando desde 1990 hasta ahora, pero aumentó un 90% la producción. ¿Qué quiere decir eso? En realidad, con el mismo stock estamos produciendo muchísimo más, y el aumento de la emisión de metano fue menor, muchísimo menor, tres veces menos que el aumento de la productividad. Lo que estamos encontrando son sistemas de producción más eficientes”.

A su vez, aportó cifras sobre cómo se dio ese crecimiento. En los últimos 20 años la producción aumentó un 50%, con un stock de bovinos relativamente estable y una pérdida considerable de superficie de pastoreo; aproximadamente un millón de hectáreas por deforestación y otro millón por agricultura.

Un sello que funciona como diferencial frente a la región

Como integrante del comité directivo de FAO-LEAP (Livestock Environmental Assessment Partnership, por sus siglas en inglés), el espacio donde se discuten a nivel internacional las metodologías de medición ambiental de la ganadería, Motta enfatizó sobre un aspecto diferencial de la actividad ganadera uruguaya. “Hoy sabemos que somos diferentes a Argentina. Nosotros podemos mostrarlo, pero con los datos de la Unión Europea, que hace sus propios estudios, sabemos que somos diferentes a la producción ganadera de Argentina, a la de Brasil, a la de Paraguay, que son nuestros grandes competidores. Y eso sí es un sello que podemos tener”, comentó.

En mayo de 2025 la Unión Europea clasificó a Uruguay como “país de bajo riesgo”, según su normativa de deforestación (EUDR), que exige certificar que los productos que ingresan al mercado europeo no vengan de tierras deforestadas, medida implementada a partir de diciembre de 2020.

Para Scayola, la clasificación se convirtió en una oportunidad comercial que hay que promocionar. “Nosotros creímos que era fundamental hacer una campaña de marketing que reforzara a Uruguay como productor. Por eso estamos insistiendo tanto en el concepto made in Nature, hecho en la naturaleza o, como decíamos, carne uruguaya sostenible por naturaleza”.

Por otra parte, Motta se enfocó en el sistema que posibilita y viabiliza llegar a obtener esos resultados. “Yo creo que el gran hito de Uruguay no es haber sido declarado de bajo riesgo, sino tener un sistema que lo puede probar transacción a transacción, en tiempo récord, que es gratuito para todos los productores”. Y contrastó esa situación con la de otros países de la región, donde solo los grandes pueden costear y acceder a certificaciones propias: “En Brasil o en Argentina, los que pueden exportar a la Unión Europea lo hacen por sus propios medios: imágenes satelitales, análisis de riesgo propios. Todo eso es carísimo”.

El sistema de trazabilidad se validó en 2004, al cierre de la administración de Jorge Batlle. Luego, cuando asumió Tabaré Vázquez, decidieron darle continuación. Demoró diez años en completarse. Se creó para controlar la situación sanitaria del rodeo. En paralelo, el sistema de “cajas negras” del INAC se diseñó para combatir la evasión fiscal. Al día de hoy, ambos se usan (también) para certificar que la carne uruguaya esté libre de deforestación.

Herramientas y adaptaciones que son necesarias

El reporte del INAC refirió a la selección genética como una vía para reducir hasta un 30% las emisiones de metano en dos décadas. Motta aclaró que esa tarea (la investigación) la lleva adelante el INIA. Mientras que el INAC, apoya institucionalmente lo que es relevante en el mediano y largo plazo.

Ahora bien, ¿qué incentiva realmente a un productor a implementar estas tecnologías? “La ganancia del productor no es reducir el metano. La ganancia es que ese animal es más eficiente y gana más”. La baja de emisiones, dijo, es apenas “un derrame positivo”. Reconoció, además, las limitaciones de la medición. Calcular ese derrame es altamente complejo, es uno de los grandes desafíos para mejorar los inventarios nacionales, según Motta. Actualmente, Uruguay utiliza una metodología llamada “Tier 2”, que no incorpora el componente genético de eficiencia.

Un sistema pastoril que mantiene el equilibrio

La actividad ganadera uruguaya, medida en términos de emisiones de gases de efecto invernadero, es 25% más eficiente que el promedio global, explicó Motta. Aclaró que la comparación fue hecha con modelos de la FAO para sistemas pastoriles similares al uruguayo. A su vez, refirió a estudios realizados por la Universidad de la República que muestran una pérdida de biodiversidad si se fuera a retirar la ganadería de los sistemas pastoriles del país.

Este tipo de ecosistema, el de las praderas o pastizales naturales, necesita de un rumiante para sostenerse, comentó. “Si tú quitás esos animales de estos ecosistemas que son naturales, hacés un proceso de degradación. En realidad, perdés un recurso natural renovable”, dijo.

El principal reto está en comunicar

De cara al futuro, ambos entrevistados mantienen horizontes con metas claras y alcanzables. Scayola, por un lado, habló en términos productivos y señaló que “el mayor desafío es producir más y mejor”. Asimismo, subrayó la necesidad de generar más divisas para que la población acceda a una mejor calidad de vida. Por último, habló de una deuda pendiente en materia nutricional. Explicó que un porcentaje alto de la población no accede a las cantidades mínimas de proteína. En particular, hizo hincapié en las madres embarazadas, que no llegan a los niveles necesarios para el correcto desarrollo del feto.

Para Motta, por otra parte, el objetivo está puesto en las estrategias de comunicación: “Generar mensajes simples con base en una temática extremadamente compleja, y que no caigan en los mensajes simplificados de ‘esto está mal’, ‘esto está bien’ porque alguien de afuera lo dice”. La salida, para él, está en generar información propia, manteniéndose fieles a la academia local, sin extrapolar juicios que vengan desde afuera. “Es un tremendo desafío acercarse a la sociedad, es un tremendo desafío hablar con el mundo”, concluyó.

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