Ese año surgieron Plaza Rural y Pantalla Uruguay, que están celebrando un cuarto de siglo. En la gráfica de la entonces incipiente historia de los remates por pantalla en Uruguay, 2001 fue el año del salto sideral del volumen; fueron más de 100.000 cabezas.
Para cuando las medidas que no permitían los movimientos de ganado se iban convirtiendo en un recuerdo, la modalidad no solo se mostraba consolidada, sino también en crecimiento. Durante 2004 pasaron más de 300.000 animales por los martillos de las pistas virtuales. En marzo de 2005, hace 21 años, se sumó otro gran consorcio: Lote 21. El acumulado histórico de los tres suma, al cierre de setiembre de 2026, un total de 901 subastas.
Por tratarse de una actividad que representa más del 20% del ganado de las transacciones intermedias (ganado de reposición), la historia de los consorcios es también la de una nueva fuente para la referencia de valores. Y es, además, la historia de tres experiencias empresariales desarrolladas por conjuntos de firmas competidoras en un mismo rubro. “Hay que imaginárselo en cualquier actividad, y parece bastante raro. Es juntarse con el competidor, a veces el más acérrimo en el día a día, y en esta actividad ser socios, tomar decisiones juntos, evolucionar juntos”, reflexiona Alejandro Zambrano, director de Zambrano & Cía. y directivo de Plaza Rural durante 20 años.
Cada uno con su esquema –diferentes calidades de los miembros, que incluyen participantes invitados–, entre los tres consorcios suman, en total, 40 integrantes. Plaza Rural tiene 14, Pantalla Uruguay 18, y en Lote 21 son 19. Sobre esa realidad institucional-empresarial, y con sus respectivas dinámicas internas explícitas e implícitas, han tenido que evolucionar en el uso de tecnologías asociadas al servicio, trazarse metas a largo plazo, establecer alianzas con diferentes tipos de empresas, como por ejemplo entidades bancarias, y discutir y diseñar los productos y las herramientas que ofrecerán a los clientes.
Tierra fértil de experiencias y desarrollos
Para mediados de 2001, los remates por pantalla en Uruguay existían desde hacía, por lo menos, dos años. Los primeros datan de abril de 1999, según indican Bruno Lanfranco y Bruno Ferraro, de la Unidad de Economía Aplicada del Instituto Nacional de Investigación Agropecuaria (INIA), en un artículo publicado en junio de 2020 en la revista del instituto.
El primero se dio en el proceso de evolución de los remates al kilo que el Instituto Plan Agropecuario (IPA) promovía desde 1995: “La idea de transmisión de imágenes empezó a gestarse a fines de 1998. El 17 de abril de 1999, el IPA organizó de manera conjunta con Cofac y el escritorio Sanguinetti-Goday, con apoyo del MGAP-Dicose [Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca – Dirección de Contralor de Semovientes], el primer remate por pantalla”, señalan Lanfranco y Ferraro. Fue en el local Don Alberto, en Cerro Colorado, en el departamento de Florida.
Según la misma fuente, pocos días después de aquella actividad en Cerro Colorado, todavía en abril de 1999, fue que en Punta de Valdez, cerca de la Central de Pruebas de Kiyú, en el departamento de San José, se llevó a cabo la primera ganadera hereford, en la que se implementó la modalidad. Organizada por la Sociedad de Criadores de Hereford del Uruguay, más de diez escritorios participaron en la subasta, según coinciden diferentes titulares de escritorios que recuerdan el hecho.
Fueron, a grandes rasgos, subastas presenciales con las imágenes de los lotes en VHS, con videocaseteras, proyector y pantalla tipo telón como soporte tecnológico fundamental. Los vendedores “filmaban y mandaban los casetes por ómnibus a Montevideo”, cuenta Alejandro Dutra al repasar algunos pormenores de aquella instancia fundacional. “Se transcribía un informe a mano, y se llevaba el video y un informe del ganado”, agrega. Alejandro Zambrano señala que también hubo, en los inicios, subastas de lanares con las mismas características.
Con el transcurso de los meses, durante los primeros años fueron germinando y floreciendo en Uruguay varias experiencias de subastas por pantalla. El ecosistema fue generado, en mayor medida, por escritorios de negocios rurales, firmas rematadoras y organizaciones de distintos puntos del país, ya sea a través de subastas propias, individuales de la firma, como en formatos asociativos –incluso surgieron pantallas regionales–. En un artículo publicado en abril de 2006, el diario El País informaba que, “desde 2002, más de medio centenar de escritorios rurales se ha sumado a la comercialización de ganado a través de la modalidad de remates por pantalla”.
A más de 27 años del primer remate de estas características en Uruguay, es frecuente que un escritorio esté transmitiendo sus subastas, a veces en sistema mixto: en pista y por pantalla. Salvo excepciones muy puntuales, hasta los remates programados con foco exclusivo en la pantalla suelen dejar la puerta abierta a la opción presencial.
Las vías para poder ver los lotes son muchas. Dependiendo de la magnitud del remate y del consorcio o firma organizadora, el menú puede incluir desde sitios web –entre otros, los de los escritorios y plataformas especializadas, como es el caso de ClicRural–, aplicaciones para dispositivos móviles, plataformas de streaming y canales de servicios de televisión para abonados –cable o satelital–, hasta un perfil en Facebook en el que un escritorio transmite una feria con lotes de pocos animales mediante un vivo para el que no cuenta con mayor infraestructura que un teléfono y, en el mejor de los casos, un trípode. Incluso así, y aunque la transmisión no tenga más intenciones que las de visibilizar las actividades de pista que organiza el escritorio, aparecen clientes que, pese a no poder ver nítidamente lo que está pasando por pista, a través del vivo terminan interesados en un lote puntual. Llaman y, con base en lo que desde el escritorio les dicen sobre las características del ganado, pujan y compran. “El vínculo comercial y de confianza entre el productor y la firma rematadora sigue siendo uno de los pilares de la actividad”, remarca Enrique Patiño, uno de los directores del escritorio Luis Alberto Patiño.
Remate Lote 21 en el hipódromo de Maroñas (archivo, noviembre de 2009).
Foto: Inés Guimaraens
En los hechos, si bien el remate, como evento, hace uso de diferentes herramientas de tecnologías de la información y la comunicación (TIC) para ser visto por pantalla y recibir piques a distancia, como operación de compraventa mantiene el formato tradicional. Hay un rematador durante la subasta y continúa existiendo el proceso administrativo comercial que se inicia llenando una boleta apenas cae el martillo, para avanzar después hacia la Guía de Propiedad y Tránsito. Claro que, en el trayecto, incluso ese proceso cuenta con constantes aportes de herramientas TIC; en principio, para algo tan simple como, por ejemplo, la confirmación de un dato, vía Whatsapp, para poder llenar campos en un formulario. Las TIC están también después, cuando se concreta el pago por los animales.
“Una oportunidad histórica” para seguir en pista
El Escritorio Camy Negocios Rurales, que no ha integrado ningún consorcio, fue una de las firmas que comenzaron, en 2001, a tener su propia agenda de remates por pantalla. “Pioneros en el interior del Uruguay”, remarca el afiche de su subasta programada para noviembre de este año, en el marco de su 25° aniversario en la modalidad. La empresa, fundada en 1908, a fines del siglo pasado se topó con un escenario en el que, fundamentalmente desde 1998, era notoria la caída de la actividad de los locales feria. “Hubo como una moda del negocio particular, y paralelamente empezaron las pantallas. Visualizamos que podía ser una oportunidad histórica para nosotros, porque podíamos seguir enfocados en remates”, explica Gastón Camy. El perfil de la firma venía tradicionalmente marcado por el énfasis “en los remates en pista, y no tanto en los negocios particulares ni en los embarques a frigorífico”, comentó.
Previo al primer remate por pantalla del escritorio, que fue en agosto de 2001, Camy Negocios Rurales ya contaba con la experiencia de subastas conjuntas, en la Rural de San José, con escritorios que comercializaban, sobre todo, ganado lechero. De aquella primera etapa de la modalidad en el país, Gastón Camy recuerda muy especialmente el impulso dado por la Sociedad de Criadores de Hereford, en Kiyú, “con Roberto Lohigorry a la cabeza”, subraya.
En lo estrictamente tecnológico, el camino del escritorio se inició con videocasetes. “Cuando había que echar para atrás un lote, tenías que esperar para encontrarlo”. Después de dos años de cintas VHS, incorporar los discos compactos (CD) significó “un cambio revolucionario”. Con los años, las transformaciones tecnológicas “se dinamizaron mucho más”, dice.
Hoy el escritorio lleva a cabo remates por pantalla de, en promedio, entre 70 y 100 lotes de unos diez animales cada uno. “Desde un principio lo hicimos tipo feria por pantalla”, cuenta Camy, y destaca que la combinación entre “lugar, comodidad y tecnología” ha sido fundamental para, “hasta hoy, todos los meses hacer una feria por pantalla”. Añade que esto ocurre “en un departamento de 5.000 km2, sobre todo con productores chicos y medianos, en el que las distancias no son muy largas para después poder levantar los animales, y [en un local] con comodidades en la balanza, con mangas para poder trabajar”.
Génesis 2001
En aquel clima inicial de remates por pantalla en el que varios escritorios comenzaban a familiarizarse con la modalidad, hubo algo que cambió el lugar que hasta entonces ocupaba la herramienta en el mercado. Con las medidas adoptadas en el combate a la aftosa, la pantalla pasó de ser una opción a ser una necesidad.
“Todo esto nace con la aftosa”, recuerda Jorge Strauch, actual presidente de Pantalla Uruguay. “Durante las medidas por la aftosa, salió la idea de una venta [por pantalla] que hizo la Sociedad de Criadores de Hereford con una cantidad de escritorios. Ahí se armó un remate virtual, que no tuvo nombre en cuanto a consorcios. Después de ese remate, que anduvo muy bien, aparecieron Plaza Rural y Pantalla Uruguay”, narra.
Los testimonios que, en el marco de los respectivos aniversarios, varios de los protagonistas de aquella fase gestacional han compartido a través de diferentes medios de comunicación, suelen coincidir en recordar el impulso y la gestión de quienes lideraron los procesos de, por un lado, Plaza Rural y, por otro, Pantalla Uruguay: Gerardo Zambrano y Daniel Dutra, respectivamente.
La primera subasta de Plaza Rural fue en julio. La de Pantalla Uruguay, en setiembre. Ese año la cantidad de ganado comercializado por pantalla en el país se multiplicó unas siete veces con respecto al anterior: superó las 100.000 cabezas. Y para el año siguiente, 2002, fueron más de 200.000. A una década del inicio, en 2011 fueron comercializados unos 400.000 animales. Dos años antes, en 2009, habían sido vendidos 500.000 vacunos en un año. En la memoria colectiva del agro, con el nacimiento de los consorcios, 2001 pasó a ser, también, un mojón de relevancia en la historia de los remates ganaderos en Uruguay.
Remate de Pantalla Uruguay del 18 de diciembre de 2025.
La frecuencia de las subastas fue en aumento. En los últimos años, las carteleras se han habituado a que los consorcios programen dos remates para un mismo mes –en ocasiones, algunos de estos se desarrollan en dos, tres y hasta cuatro jornadas–, con ofertas globales que, sumadas, se cuentan casi siempre en decenas de miles de animales. En agosto de este año, en un momento caracterizado por la escasa oferta, cada uno de los consorcios hizo un solo remate en el mes, y entre los tres subastaron, en total, 22.000 cabezas. En escenarios de mercado activo y mucha oferta, el volumen presentado por un solo consorcio puede contarse, también, en decenas de miles de cabezas –en abril de 2021 Plaza Rural subastó en un solo mes un total de 50.000 vacunos–.
Con el remate 320 de Pantalla Uruguay, programado para los días martes 29 y miércoles 30 de setiembre de 2026, el mes cierra con un acumulado histórico de 901 remates entre los tres consorcios –la cifra redonda 900 se alcanza con el 328 de Plaza Rural, los días 24 y 25 de setiembre–. “Después de mostrar que es muy bueno, que es confiable, en 25 años lo que hizo el sistema fue crecer”, dice Strauch.
Además, la experiencia uruguaya de remates por pantalla que dinamizaron los consorcios terminó por convertirse en un modelo de referencia para la región.
Un híbrido con sus evoluciones
“En los primeros remates se invitaba al evento presencial”, recuerda Zambrano. Se hacían “con bastante gente en el lugar, lo cual era lógico, porque el productor tradicional estaba acostumbrado a ir al remate a un lugar específico, y no tanto a participar por teléfono. De hecho, mucha gente pronosticaba que esto no iba a prosperar”.
Remarca que, en esa dimensión, así como en el de las tecnologías de la información y las comunicaciones, “también se fue dando una evolución, porque nunca es un corte de un día para el otro. Se ha ido evolucionando y la gente se va aggiornando”.
“Creo que hay un testimonio de las pantallas, no solo de aplicación de tecnología desde la génesis misma, sino también por cómo han evolucionado, siempre desde un formato en el que la figura del rematador sigue estando”, dice. Entiende que el remate ganadero por pantalla y la creación de un consorcio surgieron “como una interpretación de los cambios en la aplicación de tecnología”. En tal sentido, apunta que “internet siempre ha estado” en la historia de Plaza Rural. “La intención original era hacer un portal, aprovechando la llegada de internet a los agronegocios y la dinámica que generaba. Finalmente, se fue transformando en una especie de híbrido en el que las TIC siempre han estado, porque el uso de internet está desde el origen, con una web para ordenar y catalogar los lotes. Pero es un híbrido, porque siguió con un sistema tradicional y tan antiguo como el de los remates”.
Strauch se acuerda de las mesas llenas de teléfonos de línea. El interesado en picar el lote que mostraba la pantalla –los consorcios, en principio, contrataban la emisión de canales de televisión por cable– tenía que llamar a una centralita. Aunque la telefonía sigue siendo crucial, lo es sobre todo a través de dispositivos móviles, de bolsillo, fundamentalmente por llamada o mensajería.
Los impactos de la evolución tecnológica se han dado en diferentes partes del proceso de la organización de la subasta. Al principio hubo hasta grupos de filmación que iban a los establecimientos, cámara al hombro, a tomar las imágenes de los ganados. Hoy, cumpliendo un protocolo, los videos pueden ser filmados y cargados desde cualquier teléfono inteligente. El mismo tipo de dispositivo móvil permite también avanzar en los pasos de la certificación de los ganados a quienes están afectados a esa tarea, así como al comprador le posibilita –según cada consorcio– acceder a una aplicación con información de los lotes, preofertar —incluso mediante comando de voz por Whatsapp—, ver promedios en tiempo real, calcular un eventual crédito bancario para adquirir el ganado, estimar distancias de flete, y otras funciones que se han ido incorporando como parte del servicio.
Pero el desarrollo de las aplicaciones, sus funciones y las de los diferentes productos asociados ha sido un camino en sí mismo. Alejandro Zambrano señala que a quienes han ocupado espacios de conducción en diferentes períodos les ha exigido “interpretar los cambios constantemente”. Eso, sostiene, demanda “estar detrás de los cambios, interpretar el comportamiento del cliente y, si es necesario, no tener pereza en volver para atrás”.
Los clientes suelen incorporar las herramientas y darles uso, pero con algunas no ha sido así. “En su momento en Plaza Rural aplicamos la preoferta, y eso prosperó y se generalizó, y Uruguay fue pionero”, dice Zambrano, pero apunta que también ha sido aplicada “una cantidad de cosas para las que el mercado o no está maduro todavía y no interpreta, o no necesita”. Señala, como ejemplo, la creación de “una herramienta que permitía acceder a un seguro gratis por 30 días”, pero “el mercado, sea por las circunstancias, por el momento o por otras razones, no lo interpretó. La tuvimos dos o tres años funcionando y, con el tiempo, la desactivamos”.
Ganado vacuno en Treinta y Tres.
Foto: Rodrigo Viera Amaral
“A nivel tecnológico ha habido iniciativas muy buenas”, dice, por su parte, Santiago Gaudín, presidente de Lote 21. Coincide con Zambrano en que, en el camino, algunas “quedan disponibles, pero se usan muy poco”. Gaudín entiende que es parte de los grandes desafíos de un consorcio, con sus procesos internos para desarrollar productos en un intenso trabajo que busca contemplar múltiples aspectos, y analizar e identificar los porqués de la no adopción. “Es parte del trabajo no solo desarrollarlo, sino comunicarlo muy bien”, dice.
Valeria Sasso, gerente de Pantalla Uruguay, cuenta a la diaria que las herramientas propuestas por el consorcio “han sido adoptadas bastante bien. Hay algunas que cuestan más, pero también es en gran medida la capacidad de comunicación sobre la herramienta propuesta, y ahí es donde nos hemos enfocado”.
Gaudín agrega que es difícil pensar en lo que puede ocurrir a futuro en una actividad en la que “el rol del consignatario, como intermediario, sigue siendo fundamental”. “En su momento, el cambio que produjo la pantalla fue disruptivo. Hoy, con la inteligencia artificial, estamos ante una nueva ola tecnológica. Es un momento en el que se puede dar un nuevo quiebre, por lo que es importante estar atentos. El primer desafío, como premisa, es la continuidad. La continuidad es tratar de que el negocio siga de la manera más transparente posible, como está pasando hoy”, dice.
“Hay que saber sobrellevarlo”
En 2025, año en que Lote 21 celebró 20 años de existencia, su entonces presidente, Alberto Gallinal, se detuvo en una particularidad de los consorcios: son conjuntos de empresas integradas por firmas competidoras. “En Lote 21 somos 20 escritorios colegas que competimos a diario por los ganados y competimos a diario a lo largo y ancho del país, a veces con los mismos clientes. Durante 20 años supimos trabajar, también, en equipo”, señaló durante una entrevista con Martín Maidana para el programa Dinámica rural, en Radio Sarandí.
Añadió que “formar una empresa con un montón de socios y que dure 20 años no es fácil. Hay que saber sobrellevarlo. No es fácil presidir estos consorcios, en los que hay socios y escritorios invitados, y a veces lo complicado es la continuidad durante tanto tiempo: saber llevarlo, saber sobrellevarlo, pasar los momentos buenos y saber pasar los momentos que no son tan buenos. En 20 años hemos pasado de todo: crisis, períodos de seca y de todo tipo”, dijo Gallinal.
En ese mismo sentido, pero en 2026, Alejandro Zambrano señala que la historia de un cuarto siglo de Plaza Rural es la de “firmas consignatarias rematadoras competidoras, que lograron, por una mejora para todos, juntarse y ser socios. ¡Y ser socios por 25 años!”. Destaca, ante todo, la “inteligencia para hacerlo”. “Hay que imaginarse en cualquier actividad, y esto parece bastante raro. Es juntarse con el competidor, a veces el más acérrimo, del día a día, y en esta actividad ser socios, tomar decisiones juntos, evolucionar juntos...”.
Jorge Strauch, actual presidente de Pantalla Uruguay, entiende que eso “fue un desafío”, pero sostiene que la permanencia y el desarrollo se dan sobre todo como consecuencia de la propia competencia, incluso entre socios, porque la búsqueda es la del crecimiento, de cada uno y del consorcio, y además estar integrado a uno genera un impacto de profesionalización en el escritorio.
“Te automedís, porque tenés que estar viendo qué hacés para competir. Los escritorios rurales no ganan por tener mejores precios. Les dan condiciones a los compradores y a los vendedores, que quizás otro escritorio no les puede dar. En la medida en que entrás a un consorcio, empezás a profesionalizarte. Buscás formas de darle al cliente un mejor servicio, porque el precio es más o menos similar en Artigas y en Canelones. Nos hace ser mejores profesionales; a todos nos hizo. Obvio que, como en todo, hay grandes y chicos. El consorcio te enseña a crecer, y que para crecer tenés que competir con el que venga, ya sea un colega de nuestra pantalla o de la pantalla de la competencia. Y todos apostamos a crecer. En cualquier sistema en el que hay varios colegas juntos, vos te estás comparando, y observás lo que hacés bien y lo que otros están haciendo bien, pero vos no”, comenta.
Paysandú (archivo, octubre de 2025).
Foto: Rodrigo Viera Amaral
En la celebración de los 25 años de Plaza Rural, durante una entrevista con Charrúa TV, el presidente del consorcio, Ignacio Victorica, indicó que durante todo ese tiempo las sucesivas directivas tuvieron que estar “siempre pensando, siempre buscando el cambio, queriendo innovar y buscando nuevas herramientas para los vendedores y los compradores”. Sin embargo, “una de las partes más difíciles tiene que ver con nosotros”, dijo, en referencia al hecho de “juntar 15, 18 empresarios reconocidos a nivel local y a nivel país, para hacer algo en conjunto cuando éramos competencia cada uno con su marca, con su sello, con su grifa y su impronta. Dar ese paso fue de lo más importante que hizo Plaza Rural, porque fue lo que hizo nacer a Plaza Rural”. Consultado en esa misma entrevista acerca de qué volvería a hacer y qué no, luego de repasar los 25 años de historia, dijo que “volvería a hacer casi todo”, mientras que “en lo que no volvería a hacer quizás haya algunos detalles de cómo quedó la estructura armada, o algunas estructuras armadas dentro del sistema, que quizás estaría bueno cambiarlas”.
Santiago Gaudín, de 31 años, aclara que, en su caso, la función directriz se inició cuando Lote 21 ya había recorrido un trayecto largo. De todos modos, por la participación de su padre, Julio Gaudín, quien también lo presidió, estuvo vinculado desde temprana edad, al punto de que se recuerda atendiendo los teléfonos en la era de las centralitas. Desde su mirada, es trascendente “el ida y vuelta con las generaciones más grandes”. “Como en toda empresa, uno encuentra siempre ciertos procesos que piensa que puede pulir o cambiar, y para eso se necesita un ida y vuelta con las generaciones más grandes”, dice. En ese ida y vuelta, en los desafíos de transitar la evolución en los diferentes frentes, el intercambio permite “romper paradigmas acerca de que algo que haya funcionado tenga que seguir funcionando, o porque que algo sea nuevo lleve a querer cambiar lo que está funcionando bien ahora”. Añade que “lo que está muy bueno y es muy enriquecedor es ver las ideas y puntos de vista que uno puede llegar a captar también de personas que no están en roles directivos, pero que le suman mucho al consorcio”.
Gaudín también hace foco en que la gestión implica un relacionamiento con el ecosistema de empresas que brindan diferentes tipos de servicios, entre ellas las que participan en el desarrollo de nuevas herramientas. “Es un vínculo empresa-empresa que opera todo el tiempo”, explica.
Las pantallas como referencia de valores
“Las ventas por pantalla representan 20% del ganado de las transacciones intermedias (ganado de reposición)”, sostenían Lanfranco y Ferraro, de la Unidad de Economía Aplicada del INIA, en el artículo publicado en la revista del instituto en junio de 2020. Destacaban además lo que representó la modalidad para el mercado ganadero ya no en 2001 con la aftosa, sino también en 2020 con la pandemia.
Lanfranco explica a la diaria que, por las dificultades de acceso a las diferentes fuentes y de cruzamiento de información, no han sido actualizados los datos, pero que “es probable que no haya aumentado mucho” la proporción de las pantallas dentro del global de las transacciones intermedias. Si bien estima que pueda estar en el entorno del 25%, remarca que “lo más importante es que la pantalla le dio mucho más transparencia al mercado”.
En abril de 2006, en el documento del INIA titulado “Variabilidad de corto plazo en la formación de precios en el mercado vacuno de reposición”, que Lanfranco elaboró junto con Cecilia Ois Patisson y Alina Bedat Innella, los autores ya indicaban que, “en el balance general, los beneficios derivados de los mercados electrónicos o de pantalla superarían ampliamente las debilidades o inconvenientes que puedan ocasionar”.
Veinte años después, dice a la diaria que, con los tres consorcios, teniendo al menos un remate cada uno, “son por lo menos tres al mes, lo que da una información bastante buena, que se publica y que está ahí. De hecho, quienes no hacen transacciones por pantalla sí utilizan la información de la pantalla para hacer los negocios”. “El mercado ganadero hoy es de los más transparentes a nivel agropecuario en Uruguay”, y en particular la operativa de las pantallas actúa como “descubridor de precios y ayuda a formar el precio. He visto negocios que son, por ejemplo, ‘pantalla + dos centavos’”, cuenta.
En el mismo sentido, Jorge Strauch, presidente de Pantalla Uruguay, remarca que “para todo el mundo que se dedica a las ventas particulares y remates feria, la fijación de precios es con las pantallas, si bien la Asociación de Consignatarios del Ganado es también una referencia. Para mí, son las pantallas. Es un sistema real, con números reales. Acá ves que el ternero se vendió en tanto. En mi opinión, hoy el 90% de las personas ve las tres pantallas como precio de referencia”. EMM.