Ambiente Ecosistemas

Pato maicero.

Foto: Bryan Caro San Martín, iNaturalist

La historia de cómo, tras años de solicitudes, informes y espera, se volvió a suspender la caza de patos en Uruguay

Un nuevo decreto suspendió la caza del pato cara blanca, pato maicero y pato picazo “hasta que se demuestre la sustentabilidad de la extracción de sus poblaciones”; organizaciones celebran la medida, aunque con “precaución”

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El pato cara blanca (Dendrocygna viduata) tiene pico largo. Le hace honor a su nombre, aunque un montón de colores cubren su cuerpo: tiene la nuca negra, el cuello rojizo, el vientre oscuro con algunos detalles blancos. El pato maicero (Anas geórgica) puede ser reconocido por su pico amarillo con franjas más oscuras, además de su pelaje con distintas tonalidades pardas o su cola larga y un poco puntiaguda. El pato picazo (Netta peposaca) tiene una apariencia distinta en las hembras y los machos. Ellos tienen pico rojo llamativo y pelaje negro, ellas pico gris y pelaje pardo. Estas tres especies forman parte de nuestra fauna nativa, y hasta mediados de agosto su caza deportiva –con intermitencias que contaremos más adelante– estuvo permitida. Quienes buscaban cazarlos tenían que solicitar un permiso ante el Ministerio de Ambiente que costaba tres unidades reajustables –aproximadamente 5.800 pesos–. Tenía una vigencia de hasta diez días, era válido para las tres especies de patos y la autorización permitía la muerte de hasta 15 ejemplares por día –en el caso del pato picazo se permitía un máximo de dos ejemplares diarios–. Sin embargo, la situación cambió y el Ministerio de Ambiente suspendió su caza.

En Uruguay, la caza deportiva está regulada por normativas generales y por decretos anuales que establecen las especies autorizadas, las temporadas, las áreas habilitadas y la cuota diaria de ejemplares que está permitido tomar. En base a los textos, esto solo puede practicarse con los permisos correspondientes emitidos por la cartera. En setiembre de 2018, el Poder Ejecutivo estableció la suspensión de la caza de las tres especies de patos por dos períodos –es decir, dos años– con el objetivo de llevar adelante estudios poblacionales para revisar las especies habilitadas para la caza deportiva y el ajuste de las cuotas. Tras finalizar el período, los patos volvieron a la lista que pueden verse afectadas por esta práctica. En este contexto, la Dirección Nacional de Biodiversidad y Servicios Ecosistémicos del Ministerio de Ambiente conformó un grupo de trabajo con técnicos y especialistas. El equipo, según consta en el decreto de agosto que suspendió nuevamente la actividad, “realizó el procesamiento primario de datos de especies de anátidos de interés cinegético, concluyendo que la pérdida de hábitats y la caza deportiva, entre otros factores, pueden poner en riesgo la conservación de las poblaciones de las especies cuya caza está permitida”.

El nuevo decreto recuerda que “la conservación y el uso sostenible de la diversidad biológica” fueron declarados de interés general y que “deben adoptarse medidas tendientes a asegurar el cumplimiento de las normas para su protección, dictar los actos administrativos y realizar las operaciones materiales para prevenir, impedir, disminuir, vigilar y corregir el riesgo de afectación del ambiente”. “En virtud de que los resultados de los estudios poblacionales realizados no permiten arribar a conclusiones que aseguren la sustentabilidad y sostenibilidad de la citada actividad cinegética, la Dirección Nacional de Biodiversidad y Servicios Ecosistémicos recomendó, entre otras medidas, suspender la caza deportiva de las únicas tres especies de patos actualmente autorizadas”, dice el texto. De esta forma, la nueva normativa suspende la autorización de la caza deportiva y el transporte de ejemplares de pato cara blanca, pato maicero y pato picazo. Si bien no estipula una fecha límite, acota que este cese continuará “hasta que se demuestre la sustentabilidad de la extracción de sus poblaciones”.

Por otro lado, determina que “los interesados en promover el turismo cinegético podrán proponer, realizar y presentar a la Dirección Nacional de Biodiversidad y Servicios Ecosistémicos los estudios poblacionales [...] para acreditar la factibilidad de la extracción sostenible y las tasas de captura potenciales aplicables a las diferentes especies”. El organismo del Ministerio de Ambiente, junto con la Comisión Técnica Asesora de Medio Ambiente, deberá evaluar la “información que sea recibida y propondrá las cuotas de caza a ser otorgadas, en caso de corresponder”. Asimismo, aclara que “los requisitos que deberán cumplir los estudios poblacionales para garantizar una extracción sostenible de ejemplares del medio silvestre sin afectar la supervivencia de las especies y el equilibrio natural de los ecosistemas de acuerdo con la legislación vigente serán determinados” por la cartera.

A través de un comunicado, el Ministerio de Ambiente anunció la medida, dispuesta el 19 de agosto. “En línea con lo establecido en el decreto y con los requisitos técnicos vigentes, se continuará fortaleciendo el conocimiento de estas especies, incluyendo su distribución geográfica actual e histórica, sus movimientos en el territorio, las tendencias poblacionales, las tasas de reclutamiento y los efectos de la actividad de caza sobre las poblaciones y los ecosistemas”, manifiesta en la misiva. Enseguida, añade que la decisión se inscribe en “el proceso de revisión, actualización y modernización del marco normativo vinculado a la caza que el Ministerio de Ambiente desarrolla desde 2025, junto con el fortalecimiento de los mecanismos de estudio, monitoreo y evaluación de la fauna silvestre”. Enfatiza que “proteger la fauna silvestre requiere decisiones responsables, respaldadas por evidencia y orientadas a garantizar la conservación de nuestra biodiversidad”.

Pato cara blanca.

Foto: Lilián Tomazelli, iNaturalist

Una larga historia para llegar hasta la nueva suspensión

En 2018, la decisión de suspender la caza de las tres especies de patos hasta 2020 se tomó luego de que las autoridades realizaran un relevamiento por el cual detectaron que en “2017 y 2018 se duplicó la solicitud y emisión de permisos de caza deportiva” de los animales. Esto, junto con otros efectos derivados, creían que “podría estar produciendo la disminución de las poblaciones de las especies”, según se consigna en la normativa de aquel entonces. En ella se encomendó realizar los “estudios poblacionales necesarios para la revisión de la lista de especies habilitadas para la caza deportiva, así como para el ajuste de las cuotas de caza autorizadas”.

En marzo de 2022, un informe técnico en el que se recomienda frenar la actividad fue presentado ante el Ministerio de Ambiente. Se tituló Diagnóstico de las informaciones de las especies de caza deportiva de la familia Anatidae en la República Oriental del Uruguay y fue realizado por María de las Mercedes Guerisoli, doctora en Biología y también consultora del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo. Según el texto, que la diaria difundió en su momento, entre 2015 y 2018 el total de permisos emitidos para caza deportiva de patos fue de 1.280. El año que se emitió el mayor número de autorizaciones fue 2015 (402 permisos) y el menor fue 2017 (177 permisos).

“Se puede interpretar a partir de los resultados que las tres especies de patos presentan una disminución de sus abundancias en los últimos 13 años y que, además, la caza podría representar una presión negativa sobre los grupos poblacionales de estas especies”, afirmó el informe. Enseguida, sumó: “Debido a los impactos de la pérdida de hábitat, la contaminación, la caza excesiva, las invasiones biológicas y el cambio climático, alrededor del 23% de las poblaciones mundiales de aves acuáticas se encuentran en descenso [...] Si bien en Uruguay no contamos con informaciones actualizadas de las principales amenazas antrópicas que presentan estas tres especies de patos, se sugiere considerar la caza deportiva como una variable que potencialmente podría generar efectos negativos sobre sus poblaciones, más aún considerando que hay especies en el país que han sido afectadas significativamente por la caza”.

En este sentido, la técnica recomendó prohibir la caza deportiva de patos al menos por cinco años y “completar muestreos especie-específicos en algunos sitios donde se ha habilitado previamente la caza deportiva”. Dada la falta de información, entendió que es necesario aplicar el “principio de precaución”. “Una predicción errónea de que una actividad humana no amenazará la biodiversidad resultará más perjudicial para la sociedad que una predicción errónea de que la actividad humana amenazará la biodiversidad”, concluyó.

En paralelo al camino institucional, la organización Conservación de Especies Nativas del Uruguay se movilizó durante años para lograr que la caza de patos ya no fuera permitida. “La noticia la recibimos con alegría. Obviamente, es algo que estábamos esperando. Recordemos que se trabajó mucho para esto. Más allá de que no se logró un año antes, estamos muy contentos de que, por fin, se frena la caza de patos sin plazo, porque ahora no es como el decreto de 2018 que establecía el plazo por dos años. Después pasó lo que pasó y la caza volvió”, recordó Mauricio Álvarez, integrante del colectivo. A su vez, señaló a la diaria que también se manejan con “precaución” porque “el artículo 2 y el artículo 3 hay quienes lo interpretan como una puerta muy fácil de abrir para que vuelva la caza”. “En los hechos, hoy la caza está suspendida. Ojalá este paso que dio el gobierno lo haga también con otras especies de fauna nativa cuya caza hoy también es arbitraria”, subrayó. Enseguida aclaró que para varias especies no existen estudios poblacionales.

Conservación de Especies Nativas del Uruguay, desde 2018, denuncia que establecimientos de turismo de caza presentan “un gran número de irregularidades”. En su informe más reciente, de 2022, tomaron como base la información disponible en los propios sitios web de los prestadores de servicios y blogs destinados al turismo de caza. Detectaron estas situaciones “irregulares” en 15 emprendimientos; por ejemplo, en videos de difusión muestran la muerte de especies de patos que no están permitidas. Los establecimientos están ubicados en Cerro Largo, Treinta y Tres, Paysandú, Río Negro, Punta del Este y Soriano. Por otra parte, también cuestionaron a operadores de turismo de caza que trabajaban con estancias ubicadas en Paysandú, Lavalleja, Río Negro y San José. A su vez, en 2025 y tras el cambio de gobierno, más de 50 organizaciones –entre ellas, Conservación de Especies Nativas del Uruguay– habían solicitado a las autoridades la suspensión inmediata de la caza de las tres especies de patos.

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