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Ilustración: Ramiro Alonso

Apuntes del día: Pórtland, ideología y negocios

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Buenos días. Les comento algunas noticias que pueden leer hoy en la diaria.

Cada vez que se plantea la posibilidad de que una actividad del Estado se privatice total o parcialmente aparecen posiciones doctrinarias, que poco ayudan a un debate serio. El caso de la producción de cemento pórtland no es la excepción.

Está fuera de discusión que tiene sentido económico producir y vender pórtland, mientras se siga utilizando el hormigón y no se invente otra manera de prepararlo. También es un hecho innegable que la participación de Ancap en este negocio, que no es monopólico y en el que ni siquiera tiene la mayor cuota de mercado, resulta deficitaria desde hace muchos años.

Como Uruguay posee yacimientos de piedra caliza, y el Estado es un consumidor importante de pórtland, no parece nada disparatado que evite, si está a su alcance en términos razonables, quedar prisionero de la fijación de precios por parte de la producción privada.

Las causas de que el Estado pierda dinero tienen que ver, en gran medida, con cuestiones tecnológicas y de escala. En el primer aspecto, Ancap tiene un retraso considerable, que aumenta mucho sus costos en relación con los de sus competidores privados. En el segundo, la demanda actual no es suficiente para generar ganancias que puedan invertirse en mejorar la tecnología, y la apuesta a conquistar nuevos mercados fuera del país requeriría inversiones de importancia.

Estos problemas se pueden agravar, además, por la presencia de Cielo Azul, un nuevo productor privado en gran escala.

La cuestión central es, a grandes rasgos, si al Estado le conviene afrontar por sí mismo el costo de mejorar las condiciones de producción, o si sería mejor buscar un socio privado que invierta a tales efectos. No sorprende que la segunda opción sea la preferida por el actual gobierno, pero en realidad lo más importante es en qué condiciones se plantearía esa asociación, o sea qué concederían y qué ganarían a cambio el país, el Estado y Ancap.

De todos modos, conviene descartar de antemano la idea de que las pérdidas de Ancap en el negocio del pórtland son una causa relevante del precio que cobra por los combustibles. Su incidencia es ínfima, en el entorno de un centésimo por litro; lamentablemente, la tan deseada rebaja del gasoil sólo tiene soluciones fáciles en los discursos.

Hay que discutir, por ejemplo, qué se le puede exigir a un eventual socio en materia de incorporación de tecnología, preservación de fuentes de trabajo y apoyo para disputar nuevos mercados, a cambio del acceso a los yacimientos, el valor de marca y una infraestructura que es insuficiente pero no despreciable.

También ayudaría que el presidente Luis Lacalle Pou se ubique con claridad del lado en que le corresponde estar. Su presencia en la inauguración de la planta de Cielo Azul, y el hecho de que haya elegido esa ocasión para afirmar que Ancap no está en condiciones de seguir en el negocio sola, fue un mensaje algo ambiguo.

Hasta mañana.

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