Desde unos años a esta parte los humoristas del Carnaval lidian con las dificultades de sostener un espectáculo de 55 minutos en el que se logre el cometido principal de la categoría: hacer reír.
Las críticas a cómo están confeccionados los libretos y su irregular efectividad en materia de humor son un común denominador al que este Carnaval 2025 no escapa. Con la “nota al pie” de que, en el caso de los conjuntos que pasan a la Liguilla, deben sostener esa comicidad durante tres funciones que se llevan a cabo en menos de 40 días.
La dinámica del mundo de hoy, que ofrece entretenimiento a toda hora a través del celular, la exigencia desmedida del público carnavalero, la “autocensura” al momento de crear, son algunas de las razones que aparecen en el análisis de por qué a los humoristas les está costando su objetivo.
Pero el momento de la categoría está bajo la lupa. Murgas, parodistas, y en algunos casos revistas, consiguen la risa con mayor frecuencia, sin importar diferencias de estilos o propuestas. ¿Qué sucede entonces? ¿Hay algo que se pueda cambiar para mejorar este aspecto?
“Es muy difícil hacer humor. Siento que la categoría está muy atacada. Hay gente que pretende ver un espectáculo tres veces y que te rías tres veces de todo. Pero el reglamento te ampara en que tenés que presentar el mismo libreto y solamente podés cambiar o agregar una hoja de una rueda a la otra. Es imposible que te rías siempre de lo mismo. Pero como es un concurso de rubros, empiezan a pesar otras cosas también”. La reflexión pertenece a Marcelo Tuala, integrante y letrista de Fantoches.
Su conjunto se bajó con distintas sensaciones cuando le tocó pasar por el Teatro de Verano: “En la primera rueda estaba lleno y no hubo casi conexión, en la segunda nos fuimos satisfechos, y eso que había mucho menos público. Hay miles de factores, en los tablados ajustamos, probamos cosas, cortamos, cambiamos”.
“Nosotros buscamos humor de situación, de historias. Quizás este año con mi hermano Augusto (el otro letrista de Fantoches) tengamos un poco menos de humor político, que lo traíamos de la influencia de mi viejo y los Jockers, que tenía mucho humor político y social. En este espectáculo están menos cargadas las tintas en ese punto. Lo que sí no cambia de hacer historias. Un cuento con un principio, un desarrollo y un final, con un sentido. También echamos mano a las imitaciones, que es una herramienta que tenemos y nos funciona. Son estilos, hay que usar las armas que tiene cada uno”, explica Tuala respecto del camino de Fantoches.
El artista reafirma que a la categoría “es a la única que se le exige tanto”, y argumenta: “Vos ves una película de humor, con el mejor comediante de Hollywood que se te ocurra, y no te reís del principio al final. Hay momentos, hay climas. Y no la ves tres veces tampoco. Me parece que se es demasiado duro y exigente con la categoría”.
Cynthia Patiño, integrante de Buby’s en 2025, sostiene, por su parte, que en cuanto al humorismo en Carnaval, actualmente tiene más preguntas que respuestas: “Me parece que estamos transitando cambios a nivel social que siempre se van a reflejar en lo humorístico, porque una cuota importante del humor implica qué es lo correcto y qué es lo incorrecto. Entre estos cambios celebro que se genere una censura, y lo peor, a veces una autocensura, al momento de sentarte a escribir o a proponer. Eso sí no es productivo”.
La actriz, que también fue parte de los elencos de Cyranos y Choby’s, agrega: “Tenemos un montón de acceso al humor, que miramos desde la soledad, con nuestro celular, y que sigue apuntando a un humor que es discriminatorio, y ese humor funciona en redes sociales. Pero no funciona en el colectivo. No nos reímos de eso cuando estamos con otro, por lo políticamente correcto. Entonces no sé cuánto peso se está poniendo en lo humorístico, y no en nuestras acciones de todos los días. Está bueno el cambio social, pero no la autocensura”.
En la misma línea opina Martín Prado, director, guionista y componente de Los Rolin: “Si analizamos y cuestionamos todo, va a llegar un momento en el que vamos a perder el humor y vamos a terminar consumiendo sólo el humor que circula en redes, el que nos causa mucha gracia, porque es corto. Y donde nos reímos de cosas que si las vemos en un espectáculo de Carnaval, las censuramos, o decimos que no da hacer humor con eso”.
“Mi forma de vida es hacer reír”, apunta Martín, quien desde 2013 trabaja haciendo actuaciones durante todo el año y por eso pone mayor énfasis en “defender la categoría”. Fanático de Cantinflas y Chespirito, recuerda que ese humor sigue funcionando y nadie se pone a cuestionarlo por los chistes sobre la obesidad del Ñoño o los golpes de Don Ramón al Chavo del 8. Por el contrario, lo catalogan como “humor sano”.
“Hoy las calles del humor están más estrechas. Hay más límites para el humor; algunos son necesarios y otros creo que son impuestos por una sociedad que elige quién puede hacer ese humor. Todo chiste o humorada se cuestiona, se analiza, se juzga, y mientras hacen todo eso, pierden la oportunidad de reírse”, afirma Prado.
“Me da mucha gracia cuando dicen “Hay murgas que hacen reír más que los humoristas”. Sí, claro, ¿por cuánto tiempo? ¿Cinco minutos? ¿Diez? Traten de mantener el humor por más de media hora al mismo nivel y lo discutimos. He escuchado chistes viejos en otras categorías en las que no pasa nada porque el humor no es su fundamento, pero si alguno de los humoristas tira algunos de esos chistes, enseguida es señalado. Tampoco he escuchado decir lo contrario, de que hay humoristas que cantan mejor que muchas murgas, porque dentro de nuestro show hay que cantar, bailar y hacer reír, creando una historia o un cuadro sin tener una base literaria, como puede pasar en Parodistas”.
Desde otra óptica
Para tener más visiones respecto del tema, la diaria contactó a Marcel García, jurado del Concurso de Carnaval en el rubro Textos e Interpretación entre 2022 y 2024. Actor, docente y músico, vinculado muchos años a distintos conjuntos de la máxima fiesta, García entiende que “el tratamiento del humor está en un brete histórico en nuestra sociedad. No es propiamente dentro del Carnaval. Las formas y los contenidos del humor están en transición, me parece. ¿De qué y cómo nos reímos? Esa es la pregunta existencial de la categoría”.
“Los humoristas en Carnaval son un terreno de creación riquísimo para nuestra fiesta. Cada año hay hacedores y hacedoras poniéndoles pienso a la risa, la sonrisa, la reflexión desde el humor. Yo discrepo con hablar de crisis de las categorías en general porque cada año hay propuestas diferentes que configuran un nivel”.
“Hoy el humor no está en los guionistas de sketches. Hoy el humor está en manos de los editores. Quizás a la hora de crear espectáculos se deba pensar más en la edición. El humor pone las cosas donde no van, exagera, juega con la ironía, es políticamente incorrecto, pero no, en el fondo de sus propósitos, incorrectamente político, aunque a veces caiga en eso o lo parezca. También se alimenta de la sorpresa”, reflexiona Marcel.
En cuanto a la disposición del público para con los espectáculos, García señala que “estamos difíciles de sorprender”, debido a que “estamos hiperestimulados a diario. Creo que los humoristas del mundo están con el desafío de los tiempos de atención del público y lo poco que se ríe. Hay más información y menos ingenuidad. El mundo está cada vez más psicótico y entiende menos la metáfora”.
“Creo que toda obra escénica supone que un espectador verá una vez el espectáculo. Hay que pensar y crear para esa única oportunidad. Esta idea de que las cosas caen si las vemos varias veces no la comparto. El Carnaval hace que las veamos varias veces, pero si la propuesta es sólida, perderemos la sorpresa solamente”, agregó.
Por su parte, el periodista Marcelo Fernández, comentarista de Carnaval en las transmisiones de VTV y del programa radial Bacanal, sí piensa que la categoría de humoristas “ha ido decayendo su nivel en los últimos años” y ha contado la mayoría de las veces con un solo exponente de calidad por temporada.
“Acá el cometido tiene que ser el humor, hacer reír. Con los recursos más originales y creativos posibles. Lo primero sería adecuar esas posibles propuestas al reglamento. Creo que ha llegado el momento de hacer algunos cambios para que la categoría tenga ciertas modificaciones y que sea posible participar de otra manera”.
Sugerencias y urgencias
Reducir la exigencia en cuanto a la cantidad de componentes es algo que Fernández cree que se puede fortalecer: “Tener la libertad de que sean cuatro o 20. Por ese lado permitiríamos que un grupo de gente, que sean humoristas humoristas, puedan presentarse también, pero sin preocuparse por los aspectos más laterales del espectáculo, como lo son cantar o bailar”.
“Les podría dar posibilidades a gente que no se anima a sacar un conjunto en Carnaval porque les implica un montón de otras cosas, como tener cantantes, bailarines, etcétera. El que los quiera tener que los tenga, pero en función del humor. Si seguimos sin cambiar el formato y las estructuras, me parece que vamos a seguir con los mismos resultados”, planteó.
El periodista considera rever también el tiempo máximo de actuación de la categoría, topeándolo en 30 o 40 minutos, “para que se enfoquen exclusivamente en hacer humor y no se pierda ni un instante en otros aspectos”. “Otra sugerencia que haría es la libertad absoluta para modificar los libretos en las tres ruedas. Que en cada participación de los conjuntos tengan la libertad de hacer lo que sea. Por eso de que es difícil que la gente se ría siempre de las mismas cosas. Si quieren cambiar una parte, si quieren cambiar todo, si quieren repetir todo, que lo puedan hacer”, añade Fernández.
Respecto de la posibilidad de cambios en el reglamento, Marcelo Tuala dice: “Está todo para verse, yo no me cierro a que se discuta. Capaz que una hora es mucho, es probable. Pero no deja de ser subjetivo, porque si el espectáculo está bien, una hora no es mucho, y si el espectáculo está mal, te parece una eternidad. Hay un prejuicio al momento de ver al humorista: si no me hacés reír desde que abre hasta que cierra el telón, sos horrible. Y después bancás cosas en otras categorías porque tienen como un permiso para ser bastante aburridos durante 25 minutos”.
Marcel García, en tanto, opina que no debería modificarse la extensión del tiempo del espectáculo ni la cantidad de ruedas: “Si la humorada funciona, uno desea verla varias veces”. “Son las propuestas que, en todo caso, tendrían que trabajar las dinámicas. El humor no es sólo lo que nos hace reír, también es lo que corre por las venas. Un humor que funciona nos instala una manera de estar con el cuerpo y la cabeza. Creo que todos y todas las y los artistas humoristas trabajan para darnos ese ánimo, esa tensión. La fiesta popular agradece la existencia de esta categoría. No creo que esté en crisis”.
Para Martín Prado, claramente “serían necesarios” algunos cambios en el reglamento: “Tal vez acortar los tiempos, darles más libertad a las propuestas. Al ser un concurso por rubros uno trata de atender cada uno de la mejor manera, tal vez si no fuera así, la cosa cambiaría”.
“También hay que tener en cuenta que es un show de humoristas para un concurso de Carnaval, con parámetros, no es subirse arriba del escenario y sólo hacer reír. Es muy complejo, porque no a todos nos gusta lo mismo y no nos reímos de las mismas cosas, pero sí es cierto que necesitamos algún cambio. Y también es cierto que necesitamos seguir teniendo humor. Humor en la vida, en nuestro día a día, si vivimos con un poco más de humor, vamos a ser más permeables en ese sentido”, concluyó.