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Yara en Tacuarembó Foto: Nicolás Vernazza

Como la yara vive sólo en Uruguay y partes de Brasil, estudiar su veneno recae en nuestra ciencia: publican avances trascendentes

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Investigación muestra las diferencias entre el veneno de la yara y el de la crucera en Uruguay, al tiempo que permitiría mejorar los tratamientos y sirve como punto de partida para explorar mitos y verdades de los accidentes ofídicos en nuestro país en los meses de verano.

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A finales de febrero del año pasado, una mujer de 66 años fue mordida por una serpiente yarará (Bothrops pubescens) cuando ingresaba a su chacra cerca de La Barra, en Maldonado. Pese a que fue trasladada con rapidez a un centro asistencial, falleció menos de una hora después del accidente debido a un paro cardiorrespiratorio, antes de que se le suministrara suero antiofídico e incluso antes de que pudiera llegar al hospital.

Ser mordido por una yarará es infrecuente pero no insólito, y menos en verano, época en que estas serpientes están más activas. En Uruguay se producen anualmente entre 50 y 70 accidentes ofídicos protagonizados por esta especie y por la crucera (Bothrops alternatus), causantes prácticamente del 100% de mordeduras con relevancia médica en el país.

Lo que sí resultó muy inusual en este caso fue el fallecimiento y, sobre todo, la rapidez con la que se produjo. En muchos casos, las personas mordidas por yararás o cruceras llegan al hospital varias horas después del accidente –incluso más de un día después– y aun así se recuperan.

Las estadísticas lo muestran. Desde 1986, año en que se volvió obligatoria la notificación de casos de ofidismo ante el Ministerio de Salud Pública a través del Centro de Información y Asesoramiento Toxicológico (CIAT), bastan los dedos de una mano para contar los casos mortales en los que estuvieron involucradas estas especies, y en los que a veces influyeron otros factores además de las mordeduras.

1986 fue una rareza, porque dos muertes ocurrieron justamente ese año, según un reporte elaborado en 1989 y publicado por el Boletín de la Sociedad Zoológica del Uruguay. Esos hechos motivaron la creación del Grupo Asesor de Ofidismo, integrado por médicos y biólogos, que elaboró pautas para el tratamiento de los accidentados y la obtención del suero antiofídico. Uno de esos casos fue muy particular por las circunstancias en que se produjo; al paciente no se le aplicó suero antiofídico y murió por problemas en el procedimiento para tratarlo.

A comienzos de los años 90, otra persona falleció tras ser mordida en el codo por una serpiente al meter la mano en la cueva de una mulita, pero no hubo registro oficial del suceso porque murió antes de ser tratada por ofidismo, según cuenta la bióloga Melitta Meneghel, exencargada del Serpentario del Instituto de Higiene de la Universidad de la República (Udelar). Melitta estima que la víctima tuvo la mala suerte de que la serpiente le inoculara el veneno directamente en una vena.

Según sus datos, hubo un cuarto caso de una persona fallecida por mordedura en 2022, no difundido por la prensa en su momento y tampoco tratado a tiempo, y luego el episodio mencionado al comienzo de esta nota. Con respecto a los datos anteriores a 1986, hay otras dos muertes reportadas en un libro de Alipio Ferreira de 1949.

Aunque no es consuelo alguno para los familiares de la víctima del hecho trágico e inusual ocurrido en 2025, es muy posible que en este último caso hayan incidido factores de comorbilidad que agravaron el cuadro clínico provocado por la mordedura. Hay muchos elementos que influyen en la gravedad de un accidente ofídico, entre ellos la cantidad de veneno que decide inocular el animal (se dan mordeduras “secas”, a veces), la salud de la persona accidentada, la atención médica y también la propia composición del veneno de la especie (en este caso, la yarará).

Pese a la repercusión mediática que este y otros hechos recientes le han dado a la yarará o yara, hay muchas cosas que desconocemos sobre las características de su veneno en Uruguay y sus diferencias con el de la crucera. O que desconocíamos, porque una reciente publicación comienza a arrojar luz sobre las características de su ponzoña y abre la puerta para investigar más con vistas a mejorar los tratamientos de estos episodios en el futuro.

Liderado por los uruguayos Patricia Berasain, Santiago Carreira, Mikaela Cúparo, Silvana Baletta y Víctor Morais, todos ellos nucleados en el Instituto de Higiene (Facultad de Medicina y Facultad de Ciencias de la Udelar) al momento de realizar el estudio, el trabajo es muy valioso por sus hallazgos sobre las diferencias de veneno entre la yara y la crucera, pero también una buena excusa para repasar algunos mitos y verdades sobre accidentes ofídicos en Uruguay.

El tema del verano

Tanto el veneno de la yara como el de la crucera actúan de forma similar sobre los seres humanos. “Son venenos de tipo hemotóxico, es decir, que generan alteraciones en la coagulación. Producen dos tipos de efectos. El primero es que impiden que la sangre coagule y, por lo tanto, te dejan sensible a cualquier hemorragia. El segundo es que sus toxinas generan un daño local muy pronunciado, comienzan a degradar el tejido. Como la letalidad se debe más a la hemorragia y las alteraciones de la coagulación, a veces no se le presta tanta atención al segundo efecto, pero puede generar secuelas importantes, como amputaciones o fallos funcionales en los miembros”, explica Víctor Morais.

Aunque ambas especies pertenecen al mismo género (Bothrops) y su veneno tiene características parecidas, son animales muy distintos. La crucera es más grande (puede llegar a medir metro y medio de longitud) y tiene un diseño en la piel de manchas en forma de C o tubo de teléfono (de los viejos tiempos, cuando se discaba). La yara mide menos de un metro y su diseño está compuesto por manchas oscuras con forma trapezoidal.

A la crucera se la encuentra en todo nuestro territorio, mientras que la yara está más restringida y no se encuentra en el centro ni en el litoral de Uruguay. Los ambientes en los que viven, además, también difieren. “La crucera es bien de zona baja y húmeda, de pajonales, mientras que a la yara se la encuentra en zonas altas y rocosas, el tipo de ambiente que se puede ver en la parte alta de las quebradas”, apunta Santiago Carreira. Hay excepciones, sin embargo. En uno de los balnearios del este hay una zona de bañado típica de cruceras en la que hay yaras, un enigma aún por estudiar, ya que algunas de las características físicas de esa población de yararás también son similares a las de las cruceras.

Suele decirse que la yara es más agresiva que la crucera, pero según Santiago eso depende más del temperamento de cada animal que de atributos de las especies. Hay ejemplares de yara y crucera que no se inmutan aunque uno se pare al lado, y otros que ya muestran agresividad a metros de distancia. Vale aclarar que gran parte de los accidentes se debe a que la gente las pisa o acerca sus manos a ellas sin querer. Por eso la mayoría de las mordeduras se dan en los miembros inferiores y superiores, especialmente en los primeros (aunque se producen unas pocas en otras partes del cuerpo, como un curioso caso de una mordedura en vulva, reportado en 1989).

Crucera en San José Foto: Diego Cabellero

Como la distribución de nuestra yara (Bothrops pubescens) es mucho menos extensa que la de la crucera y está acotada sólo a Uruguay y una parte del sur de Brasil, su veneno ha sido menos estudiado. Ese es justamente el bache que intenta solucionar este trabajo.

“A mí me resultaba interesante evaluar el veneno porque, junto con Víctor, nos parecía que podía arrojarnos información importantísima para desarrollar sueros antiofídicos y tratamientos más efectivos”, aclara Patricia Berasain, que tuvo esta idea cuando el Departamento de Desarrollo Biotecnológico de la Facultad de Medicina, del que era docente, aún producía suero antiofídico (más sobre eso más adelante). Más precisamente, analizaron en forma minuciosa el perfil bioquímico y proteómico (las proteínas) del veneno de la especie y lo compararon con el de la crucera (Bothrops alternatus).

Relación tóxica

Para realizar su trabajo, los investigadores tomaron muestras de veneno de 32 ejemplares de yara, recolectados en distintas partes de Uruguay y mantenidos en el Serpentario del Instituto de Higiene. Hicieron otro tanto con muestras de cruceras.

Los resultados fueron muy reveladores. Si bien el veneno de yaras y cruceras no puede distinguirse clínicamente –es decir, los pacientes mordidos por ambas especies presentan cuadros similares– y las familias de toxinas presentes son las mismas, su composición no es igual.

Una característica distintiva del veneno de Bothrops pubescens es el elevado contenido y actividad enzimática de fosfolipasas A₂, toxinas capaces de destruir componentes de las membranas celulares, entre otros efectos. El análisis reportó más del doble de actividad de estas toxinas en el veneno de las yaras que en el de las cruceras.

Otra diferencia notable fue la composición de metaloproteasas hemorrágicas, un tipo de enzimas que se caracteriza por inducir hemorragias sistémicas y locales. El trabajo concluyó que el veneno de la yara contiene “un espectro más completo de metaloproteasas hemorrágicas” que el de la crucera.

Con respecto a estas diferencias de composición en el veneno, Víctor considera que puede tener relación con las diferencias de dieta entre ambas especies. La crucera por lo general sólo consume mamíferos, pero la yara es menos selectiva; también come pequeñas aves, así como anfibios y reptiles, entre ellos otras serpientes.

“Estos resultados indicarían que el deterioro de los tejidos es más severo con el veneno de las yaras, pero clínicamente no se ha podido diferenciar. Por eso lo interesante de lo mencionado al comienzo, la necesidad de investigar más y analizar qué sueros neutralizan mejor esas toxinas”, aclara Patricia.

Tranquilos nosotros

Como dato tranquilizador, puede decirse que el suero antiofídico disponible en Uruguay, de origen argentino y marca BIOL, funciona bien para el veneno de las yaras. En realidad, ese suero no está fabricado específicamente contra el veneno de Bothrops pubescens (nuestra yara), sino de Bothrops alternatus (crucera) y Bothrops diporus, una especie muy similar a nuestra yara que habita en Argentina.

“En este artículo encontramos justamente que el veneno de nuestras yaras es ultraparecido al de Bothrops diporus. Por eso, el suero argentino también neutraliza nuestro veneno. Ya lo habíamos demostrado clínicamente en un trabajo de 2021, y ahora podemos decir lo mismo sobre su composición. Antes podía existir duda respecto de la neutralización del veneno por tratarse de otra especie, pero ahora no”, aclara Víctor.

Tiene sentido que el veneno sea parecido, porque trabajos genéticos mostraron ya que Bothrops pubescens y Bothrops diporus son muy cercanas y divergieron hace menos de un millón de años. Este estudio, entonces, apunta otro dato relevante que ayuda a seguir hermanando ambas especies.

El trabajo de 2021 mencionado por Víctor, también cubierto por esta sección, analizó la eficacia de tres sueros antiofídicos que llegaron a ser usados en un mismo año en Uruguay: el BIOL de Argentina, y el Malbran y el Vital de Brasil, estos dos últimos muy similares y en presentación líquida y no liofilizada, a diferencia del argentino. El análisis concluyó que todos eran eficaces, pero que en el caso del BIOL había que aplicar el doble de dosis para neutralizar la misma cantidad de veneno que con los otros (generalmente, ocho viales en lugar de los cuatro usuales). Esto ocurría con el veneno de ambas especies.

Si bien esto se debe a que la formulación del suero BIOL es menos potente, Patricia considera pertinente hacer nuevos estudios para comprobar que no haya ventanas ciegas en la neutralización del veneno.

Ahora que sabemos con detalle la composición del veneno de nuestras yaras, futuros trabajos pueden estudiar cuáles de sus toxinas son bloqueadas de forma más eficiente por los sueros antiofídicos que hay a disposición en la región. Tal cual señala el trabajo, “una comprensión más profunda de la composición del veneno en diferentes regiones geográficas es esencial para el desarrollo de antídotos e intervenciones terapéuticas más eficaces”.

Lo mejor, teniendo a disposición datos de este tipo, sería poder desarrollar nosotros mismos los sueros antiofídicos más eficientes, no sólo elegir los más convenientes de los que están en plaza, pero a ese respecto Uruguay ha dado un par de pasos hacia atrás en los últimos tiempos.

Nada podemos esperar…

En la década de 1980, Uruguay tuvo algunos problemas de suministro de suero antiofídico debido a que los países vecinos dejaron de exportarlo. Para tener más independencia y autonomía, nuestro país instaló el Serpentario en el Instituto de Higiene, producto de un convenio entre la Facultad de Medicina y la Facultad de Ciencias, y a partir de 1988 comenzó a desarrollar su propio suero en el Departamento de Desarrollo Biotecnológico de Medicina.

Pudimos autoabastecernos durante varios años, pero en 2002 hubo que discontinuar la producción debido a la falta de inversiones necesarias para actualizar las instalaciones del Instituto de Higiene de la Facultad de Medicina.

“En 2011 y 2012 se volvió brevemente a la producción de suero antiofídico para uso humano con un nuevo protocolo, pero de vuelta la falta de recursos para las instalaciones generó el cese definitivo”, dice Víctor.

Volvimos a quedar en situación de dependencia con los países vecinos y, por lo tanto, vulnerables a los vaivenes de la producción externa, como demostró lo ocurrido en 2018. Ese año hubo escasez de suero en la región y Uruguay se vio obligado a complementar las existencias del producto que usualmente adquiría en Brasil con la compra del suero antiofídico argentino BIOL, bastante más caro.

El último golpe a nuestra soberanía en materia de suero antiofídico lo recibimos hace dos años, cuando se cerró el Serpentario del Instituto de Higiene. Esto es malo para las esperanzas de volver a producir nuestro suero y también malo para los investigadores, que ya no tienen acceso fácil a veneno fresco para hacer trabajos relevantes como el que nos ocupa. “Volvimos al principio. Dependemos otra vez de la región y estaremos bien en la medida en que funcione la región”, dice Santiago.

“Suele ocurrir que los venenos son particulares de cada región. Entonces se necesita que los gobiernos tomen en cuenta que deben producir los fármacos necesarios para poder abordarlos, porque para las industrias farmacéuticas no es redituable producir venenos para un consumo tan pequeño y específico”, aclara Patricia.

No es tarde aún si Uruguay decide invertir en ello. “La capacidad técnica y el know-how los tenemos”, agrega Patricia. “Pero eso lo empezás a perder a medida que pasa el tiempo. Hoy, si se quisiera reactivar el proyecto, es posible porque está todo el conocimiento de cómo hizo, estamos las personas que trabajamos en eso, pero en diez años capaz que ya no se recupera”, aclara Santiago.

Este trabajo abre la posibilidad de hacer un montón de investigaciones que pueden servir para mejorar la eficacia de los tratamientos y también pueden ser relevantes para usos farmacológicos o biotecnológicos. El Captopril, por dar un ejemplo, es un remedio para bajar la presión arterial que pudo desarrollarse gracias al estudio de un componente presente en el veneno de la yararaca, una víbora del mismo género que la crucera y la yara (Bothrops jararaca).

Según Patricia, explorar esas posibilidades con nuestros venenos sería muy interesante, pero las dificultades para conseguir financiación y el cierre del Serpentario limitan las posibilidades, que en muchos casos quedan sujetas a los esfuerzos personales de los investigadores. Interés del público en este tema no falta, como ha quedado claro en la cobertura mediática de episodios protagonizados por estas especies.

Yara en Treinta y Tres Foto: Rafael Tossi

No sos vos, soy yo

Mucha gente queda alarmada, comprensiblemente, cuando se producen accidentes ofídicos en zonas muy frecuentadas por seres humanos. Es común ver titulares que hablan de aumento de serpientes en zonas habitadas o aumento de mordeduras en Uruguay.

Por lo pronto, las estadísticas de mordeduras de serpientes con importancia médica no respaldan el segundo enunciado, ya que se mantienen estables desde hace muchos años. “La única excepción a eso es en la zona sur de San José, como Kiyú y Ciudad del Plata, donde ha habido más reportes de avistamientos últimamente, porque es una zona que ha crecido mucho y, por lo tanto, aumentó el contacto con cruceras”, comenta Víctor.

Para Santiago, lo que ocurre allí obedece a una lógica de expansión de los medios urbanos. “No tiene que ver con que haya más serpientes, sino con que vamos ocupando los espacios donde las serpientes habitan”, acota.

“En realidad, no hay ninguna evidencia ni estudio alguno que indique que hay más yaras y cruceras en Uruguay, y de hecho en principio no tiene demasiada lógica que haya más animales en zonas habitadas, porque cuanto más poblada está una zona se supone que hay menos espacios para que las serpientes puedan habitar allí, aunque tengan recursos de alimento disponibles”, agrega.

A su juicio, lo que ha cambiado en los últimos años es “la capacidad de las redes sociales para comunicar y el hecho de que todos tienen hoy en la mano una excelente cámara gracias a los celulares”. Por lo tanto, hoy se comparten más imágenes de estas serpientes y más rápidamente, y no siempre de forma responsable, asegura.

En comparación con lo que ocurre en países vecinos, Uruguay tiene la suerte de sufrir escasos accidentes por año y de contar con cobertura de suero en todo el país y una geografía accesible. En Brasil, por ejemplo, se producen cerca de 20.000 casos por año, 330 veces más que los que se registran en nuestro país.

Eso no debería llevarnos a subestimar el problema médico para las personas que sufren mordeduras de estas especies, sino alentarnos a estudiarlas más, conocer mejor sus hábitos, características y venenos, extremar los cuidados y tener más herramientas para convivir con el menor riesgo posible con estos animales nativos, que forman parte de los ecosistemas del país. Aunque siempre debamos extremar los cuidados ante animales con veneno peligroso, los avances que nuestra ciencia dé para contrarrestar el veneno de las yaras son una buena noticia tanto para humanos como para los propios ofidios.

Artículo: Proteomic and biochemical characterization of Bothrops pubescens (Serpentes: Viperidae) venom
Publicación: Toxicon (diciembre de 2025)
Autores: Patricia Berasain, Antonio Pinto, André Zelanis, Mikaela Cúparo, Silvana Baletta, Santiago Carreira, Charley Staats, Carlos Termignoni, Jolene Diedrich, John Yates III y Víctor Morais.

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