Este domingo desde las 17.00 la plaza 16 de Junio fue centro de encuentro de mujeres vinculadas a la Colectiva Mujeres y Disidencias Organizadas de Colonia del Sacramento. El augurio de un nuevo 8 de marzo de lucha, reivindicación y encuentro en las calles se mezclaba con los abrazos, las sonrisas y los detalles logísticos. La propuesta de este año era ambiciosa: una marcha por General Flores, la principal avenida de la ciudad, con tres puntos de intervenciones artísticas.
Pronto se fueron acercando más mujeres, niñas, niños, adolescencias y vecinos en general. La plaza se tiñó de violeta con carteles, pañuelos y pinturas.
La Colectiva de Mujeres y Disidencias Organizadas de Colonia del Sacramento hace diez años que organiza el 8M en la ciudad y trata de incorporar y nutrirse de diferentes aportes y formas de vivenciar y conceptualizar el feminismo.
Con el horizonte de la igualdad de género y el acceso a los derechos para todas las mujeres, se discuten, vivencian y militan cuestiones vinculadas a estas temáticas a nivel local, nacional y global.
El arte como forma de resistencia ha sido una característica distintiva de esta colectiva que en este 2026 tomó forma de “carnaval feminista”.
Foto: Ignacio Dotti
Las consignas
La actividad comenzó sobre las 19.00 con la lectura de la proclama, que fue tan amplia como la colectiva misma, que incluye diversidad de mujeres y disidencias.
Se incluyó la reivindicación por la paz y libre determinación de los pueblos en un mundo azotado por el imperialismo (desde Vladimir Putin a Donald Trump) y el genocidio. A nivel nacional se denunció la necesidad de generar más y mejores políticas públicas con perspectiva de género dotadas de presupuesto. Se destacó la necesidad de atender la pobreza, fuertemente feminizada, que afecta a las infancias y adolescencias.
Otro punto importante en la lectura fue el acceso al trabajo digno, ya que en Colonia del Sacramento se han perdido en el último año numerosas fuentes de trabajo, sobre todo por el cierre de la empresa Yazaki. Se exigió al gobierno mayor énfasis en las políticas en salud, especialmente las vinculadas a la salud mental con perspectiva de género. Finalmente, se demandó una educación con enfoque feminista libre de discriminación y violencia.
A nivel local, y construyendo una historia del camino andado por la colectiva, se reivindicó la creación de redes comunitarias de sostén, contención y acompañamiento de diversas situaciones de vulnerabilidad y violencia. A su vez, se hizo hincapié en el arte como espacio de resistencia y disfrute. La proclama cerró con una invitación a marchar en esa idea de carnaval feminista frente a los odios, los retrocesos y el patriarcado: “Damos comienzo a este carnaval feminista en el que participaremos diversas artistas mujeres y disidencias de la localidad compartiendo aquello que nos emociona y nos mantiene fuertes y unidas. De nosotras para nosotras, esta característica tiñe la marcha de este año con un violeta muy especial, con tonos de amorosidad sorora”.
El carnaval feminista, encuentro en la calle
Luego de la intervención del grupo de danza africana y con la emoción a flor de piel, la columna de la marcha se abrió paso por General Flores. Encabezaron el recorrido dos cabezudas realizadas por artistas del grupo, varias máscaras ideadas por la artista local Potok, la Peque en los zancos, colores, carteles, consignas, bailes, canciones.
Desde el micrófono, Pao arengaba e invitaba a revisar el cancionero para unir voces. El carnaval surgió. Sobre esta idea de carnaval feminista, Yessenia Benítez explicó: “Existía la necesidad de convocar desde la alegría, llegando a las mujeres desde otro lugar. Yo sentía que la alegría es un lugar que nos atraviesa a todas. Ahí el entretejido se fue dando de una manera muy hermosa porque todas se coparon con la idea”.
Al llegar a la plaza 25 de Mayo hubo un espacio para más intervenciones. Una ronda que ocupó toda la calle fue testigo de música, teatro y denuncias. Por momentos, la ronda se desordenó para bailar en la calle, abrazarse y charlar. Algunas vecinas y vecinos que paseaban se acercaban a mirar y a sacar fotos. Una señora, cómodamente instalada en un banco de la plaza, dejó el mate por un rato para bailar un candombe al ritmo de Ensambladas.
Luego continuó la marcha, a la que se unieron los tambores. Tamborileras y bailarinas autoconvocadas pusieron ritmo y nueva energía junto con las malabaristas con fuego.
Al llegar a la punta de San Pedro se bailó nuevamente en medio de abrazos y proyecciones para lo que vendrá. Habitar espacios como la calle, en este caso la avenida General Flores, genera un sentimiento fuerte. Ser vistas y escuchadas, pero también seguir creando a través de la acción, la construcción de redes, trabajar por un feminismo situado que pueda crear nuevas salidas colectivas ante la realidad dramática que estamos viviendo.