Cotidiana Ingresá
Cotidiana

Foto: Pixabay

Contacto y masajes, sí, pero primero regulación

4 minutos de lectura
Contenido exclusivo con tu suscripción de pago

Salud, neurociencia y cuerpo desde un enfoque que está creciendo a nivel internacional.

Contenido no disponible con tu suscripción actual
Exclusivo para suscripción digital de pago
Actualizá tu suscripción para tener acceso ilimitado a todos los contenidos del sitio
Para acceder a todos los contenidos de manera ilimitada
Exclusivo para suscripción digital de pago
Para acceder a todos los contenidos del sitio
Si ya tenés una cuenta
Te queda 1 artículo gratuito
Este es tu último artículo gratuito
Nuestro periodismo depende de vos
Nuestro periodismo depende de vos
Si ya tenés una cuenta
Registrate para acceder a 6 artículos gratis por mes
Llegaste al límite de artículos gratuitos
Nuestro periodismo depende de vos
Para seguir leyendo ingresá o suscribite
Si ya tenés una cuenta
o registrate para acceder a 6 artículos gratis por mes

Editar

María Silvera es una docente uruguaya formada en la Universidad de Esneca, España, en neurociencias del dolor y con el neurólogo mexicano Eduardo Calixto (UNAM). “Trabajo en el campo de la neurobiología del tacto y la regulación del sistema nervioso. Desde la evidencia científica actual, el tacto no es solo una experiencia sensorial, sino un modulador directo de los sistemas de estrés, seguridad y vínculo”, apunta sobre estos temas, a los que cree que debería prestarse todavía más atención en un contexto de estrés crónico y desconexión corporal.

Aunque reside en Uruguay, su público está en su mayoría en otros países de América Latina y últimamente se interesan por sus clases desde España. Su enfoque presta atención, además, a la influencia que pueden cobrar en el tacto condicionantes previas que comprenden el eje físico y emociones. “Esto es importantísimo: el tacto no nace en la piel, nace en el cerebro. Se procesa, se interpreta”, señala Silvera, que ve con preocupación que esto muchas veces es desconocido por los terapeutas corporales. Su trabajo apunta a la formación de masajistas, de psicólogos y, en general, de “profesionales del cuerpo que tal vez no tienen mucha conciencia de qué implica tocar a un otro y cómo llega el tacto al cerebro específicamente”.

“Se habla mucho de la oxitocina en vínculo con el tacto y el masaje, pero no siempre se libera oxitocina si hay un sistema nervioso desregulado. O sea, en contextos de estrés crónico es muy complejo que la persona pueda relajarse aunque vaya a un spa, por ejemplo, o en vínculos más cercanos”.

Nicho profundo

“Hay especialistas que trabajan en neurociencia de las emociones, también en neurociencia de la respiración. De la amplitud de las neurociencias elegí trabajar con el tacto porque vi que había un vacío”, explica la especialista mientras observa que hay rubros como el de los masajistas, que se inscriben en “una carrera de masificación de certificaciones rápidas y hay muchos profesionales, pero pocos están capacitados en la importancia del tacto, en qué implica tocar a otro, qué implica un sistema nervioso, qué implica el estrés postraumático”.

La pedagoga dice que la base es el desconocimiento de la biología y del cerebro: “Está el ideal: qué sentir con un otro, cómo sentirme cuando mi madre me abraza, cómo sentirme cuando mi pareja me abraza o cómo sentirme cuando voy a un spa a hacerme un masaje. Se supone que deberíamos sentirnos bien, que debería ser hermoso y satisfactorio, pero la realidad es que el sistema nervioso no funciona así. Es una máquina de predicción que funciona sobre la base de los aprendizajes. Y por ahí, en mi infancia hubo eventos traumáticos en distintos grados, [y la idea es] que cuando llegue el momento del masaje o de que mi pareja me abrace o de que mi madre me abrace puedo reaccionar de otra forma”, recalca.

“Tal vez me puedo sentir mal, no tiene por qué gustarme, y esto genera una disociación. En estos tiempos es muy complejo, cuando todo afuera nos dice ‘sentite bien’. Entonces, hay oxitocina por todas partes porque vende. El abrazo es igual a oxitocina, según la sociedad de consumo. Pero cuando estoy nerviosa no funciona así, y hoy los terapeutas y los profesionales del cuerpo, en su mayoría, tal vez no tienen estos conocimientos porque no se enseñn en cursos rápidos. Son de alta complejidad. Lo importante es poder hacerse cargo para que seamos más coherentes con la práctica”.

En otras palabras, se trata de prepararnos y de preparar al otro para recibir o para ver cómo se establece esa aproximación. “Primero el sistema nervioso se regula y después se recibe el tacto. El tacto no nace en la piel, se interpreta en el cerebro. Vos podés tocarme un montón, pero si mi sistema nervioso está hiperactivo o está congelado o en mi interior está asustado, mi cerebro no lo va a procesar como gozoso, lo va a procesar como amenaza, como peligro”.

Inhalo, exhalo

¿Qué estrategias hay para para regular y regularse? La respiración es clave. “Si te dijera hoy una fórmula neurobiológica que deberían aplicar sería, antes de cualquier tacto, la respiración”. Cinco minutos de respiración completa colabora con todo el resto. Por eso conviene hacer un hábito, dice, de lo que “en realidad es una automatización.

“Llevar las manos al abdomen o al pecho, inhalar por la nariz, exhalar por la nariz, dejar que se filtre el aire, probablemente puedes contar hasta cuatro, inhalar, llevar hasta el abdomen, escalar en cuatro, caminar por la naturaleza, baños de agua fría. Una respiración pausada y profunda. Parece cliché, pero si primero entendemos que hay que regular el sistema nervioso para sentir placer, para disfrutar del tacto y de la interacción social, cambia la percepción de la respiración. Hay un sustrato que lo sostiene, un porqué. Si el sistema nervioso está hiperactivo o hipoactivo, puede suceder que te acuestes a respirar y al principio sea muy incómodo”, advierte. “Pero el hábito hace que esa regulación vaya sucediendo, que los niveles de ansiedad vayan bajando, entonces es un reseteo inmediato que tiene tu sistema nervioso. Es una pausa que puede ser de cinco, diez o 20 minutos, un rato de respiración completa, de exhalaciones libres, que te sumerge en ese estado de calma”.

Algunos estímulos asociados a los masajes, como la aromaterapia, son válidos, estima Silvera, aunque con reparos. “Si este mismo aroma en algún momento de tu vida quedó vinculado a un evento crítico o traumático, puede ser que te incomode”, aclara.

La biología del cerebro no es tan simple como quieren mostrarla las redes sociales, con ilusiones de posibles soluciones que generen dopamina o bajen el cortisol. “Creo que eso puede afectar a los profesionales más que al consumidor en su casa, porque el profesional compra un discurso que él mismo después no puede sostener”, opina Silvera, en referencia a que terminan prometiendo cosas que no pueden dar. “A priori el cliente cede y se va más relajado. El problema es que no es una relajación profunda, o tal vez dura poco tiempo. Pero el profesional no está satisfecho, porque no entiende lo que está haciendo. Está repitiendo fórmulas, beneficios”. Entre ellos, suele demonizarse el cortisol. “Te vas a sentir mejor, te va a relajar, te va a liberar oxitocina, te va a bajar el cortisol. ¿Cuál es el mecanismo del cortisol? ¿Es realmente malo en todos los casos? A ver, ¿qué hago yo realmente para bajar el cortisol? En sesión, ¿es lo mismo que venga un cliente con estrés postraumático o un cliente que salió de compras, pasó y quiere hacerse un masaje? Esta formación da un sustrato, la persona se siente más segura al trabajar y colabora más, porque cuando estamos hablando de terapias corporales o de vínculos sexoafectivos, en cualquiera de los casos son sistemas nerviosos intelectuales. Entonces, ¿cómo puedo darle yo seguridad a la otra persona? ¿Cómo me convierto en un nodo, en un ancla de regulación para un otro? Ahí el conocimiento biológico ancla. No te voy a dar una masterclass cuando vengas a mi sesión de masaje o a mi práctica de yoga, pero yo sé que sé. Entonces, voy a comunicar desde otro lugar. Te voy a regular”.

¿Tenés algún aporte para hacer?

Valoramos cualquier aporte aclaratorio que quieras realizar sobre el artículo que acabás de leer, podés hacerlo completando este formulario.

Este artículo está guardado para leer después en tu lista de lectura
¿Terminaste de leerlo?
Guardaste este artículo como favorito en tu lista de lectura