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Foto: gentileza Cempre.

Economía circular: el desafío de pasar del discurso a la práctica

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La directora ejecutiva de Cempre Uruguay, Marisa Cirillo, analizó el momento que atraviesa el país en materia de gestión de residuos y economía circular, y advirtió que el cambio requiere coordinación, controles e involucramiento ciudadano.

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En Uruguay la economía circular dejó de ser un concepto técnico para instalarse en la agenda pública y empresarial. Sin embargo, el paso del diagnóstico a la implementación sigue siendo el principal desafío. En esos términos lo planteó Marisa Cirillo, directora ejecutiva de Cempre Uruguay, al analizar el escenario actual y los pasos pendientes, en diálogo con la diaria. “La economía circular no es una tendencia pasajera; es una respuesta concreta a un modelo que ya mostró sus límites”, afirmó. Asimismo, explicó que Cempre, organización que cumple 30 años en el país y nuclea empresas comprometidas con la gestión sostenible de residuos, tiene como eje la articulación entre el sector privado, el Estado y la sociedad civil.

Algunos hitos del año pasado: en 2025 trabajaron con 11 plantas, de las cuales, dos cooperativas (Dolores y Flores) ya están certificadas y reportan directamente en el sistema. Para 2026 la meta es alcanzar 23 plantas en articulación con intendencias y con el Plan Vale.

Cirillo sostuvo que Uruguay cuenta con condiciones institucionales que permiten avanzar, aunque persisten dificultades en la operativa cotidiana. “Tenemos normativa, tenemos actores involucrados, pero todavía necesitamos mejorar la implementación y el seguimiento”, aseguró. También subrayó que la gestión de residuos no puede reducirse únicamente al reciclaje. “Si solo discutimos cuánto reciclamos, llegamos tarde. El foco tiene que estar en cómo diseñamos, cómo producimos y cómo consumimos”, puntualizó. En esa línea, remarcó que la responsabilidad no recae en un único sector.

Por otra parte, indicó que las empresas comenzaron a incorporar con mayor naturalidad criterios ambientales en sus decisiones. Esto responde tanto a exigencias regulatorias como a demandas del mercado: “Hoy los consumidores preguntan, comparan y exigen información. Eso genera movimientos internos en las compañías”, sostuvo.

La implementación de la Ley 19.829 de Gestión Integral de Residuos, aprobada en 2019, fue otro de los puntos abordados. La norma establece un marco general para la prevención, reducción y valorización de residuos, e incorpora el principio de responsabilidad extendida del productor, entre otros instrumentos. Cirillo consideró que ese marco significó un avance relevante, aunque advirtió que la efectividad depende de los controles y de la articulación entre organismos. “Las leyes son una herramienta. Si no hay fiscalización ni coordinación, el impacto es limitado”, afirmó.

Por otro lado, hizo hincapié en el rol de los gobiernos departamentales, que tienen competencias directas en la gestión de residuos domiciliarios. “La coordinación entre niveles de gobierno es clave. Muchas veces el desafío no es técnico, sino de gestión”, expresó.

No todo se mezcla

La organización desarrolla líneas en tres áreas: educación, innovación territorial y datos. Precisó que en el plano territorial el objetivo no es crear soluciones desde cero, sino identificar experiencias que ya funcionan y potenciarlas. “Muchas comunidades, cooperativas y plazas de deporte ya clasifican o compostan; lo que hacemos es acompañar y fortalecer esos procesos”, explicó.

En setiembre de 2025, Cempre presentó la tercera fase de la encuesta "Percepción ciudadana sobre economía circular", que evidencia una brecha entre intención y acciones concretas.

En ese marco se desarrolla el programa Espacios que Cuidamos Juntos, en convenio con la Secretaría Nacional del Deporte, que instala puntos de clasificación en plazas de deporte y articula con cooperativas e intendencias, además de organizar talleres abiertos al barrio. Según sostuvo, cuando las propias cooperativas explican cómo funciona el sistema y qué ocurre con los materiales, cambia rápidamente la percepción de que “todo se mezcla”.

En el área educativa, Cempre lleva adelante el programa anual Circular, dirigido a empresas y cooperativas, que plantea desafíos vinculados a la valorización de residuos y promueve el trabajo colaborativo entre sector privado y clasificadores. La iniciativa incluye intercambios regionales y apunta a consolidar redes de innovación.

Por otra parte, la institución avanza en la creación de un Observatorio de Reciclaje de Envases y participa en proyectos vinculados al uso de inteligencia artificial para mejorar el sistema. Recientemente fue seleccionada en una convocatoria del AI Challenge de Open Data Charter para explorar aplicaciones tecnológicas en la gestión de datos.

En esa línea desarrolla un proyecto de trazabilidad para cooperativas y clasificadores, codiseñado junto con el Plan Vale. La herramienta permite registrar el recorrido del material desde su ingreso hasta su destino final, incluyendo volúmenes recuperados y descartes. Más allá del registro técnico, el proceso fortalece la organización interna de las cooperativas, ya que implica ordenar procesos, sistematizar información y capacitar equipos. “Sin datos confiables, es difícil planificar”, reiteró.

Cambios de hábito ya

En setiembre de 2025, Cempre presentó la tercera fase de la encuesta “Percepción ciudadana sobre economía circular”, realizada en coordinación con la Facultad de Ciencias Económicas y de Administración de la Universidad de la República, la Agencia Nacional de Desarrollo, Usina de Percepción Ciudadana y el Grupo de Economía Verde e Inclusiva. El relevamiento –aplicado a una muestra representativa de 500 personas mayores de 18 años– mostró que 38% afirma saber claramente qué son los plásticos de un solo uso y otro 38% dice tener una idea, mientras que 24% respondió que era la primera vez que escuchaba ese concepto. Sin embargo, 40% declaró que, una vez utilizados, descarta los plásticos en la basura común.

El estudio también evidencia una brecha entre intención y práctica. Aunque 62% apoyaría totalmente limitar por ley los envases descartables, solo 40% estaría dispuesto a pagar hasta 5% más por un producto que los evite, mientras que 44% respondió que no asumiría ese costo adicional. A su vez, 68% manifestó que percibe con frecuencia un exceso de empaquetado plástico en los productos que compra. En cuanto a responsabilidades, 60% consideró que la reducción de estos materiales debe ser asumida por todos los sectores por igual, aunque supermercados y grandes tiendas fueron los actores más mencionados individualmente.

Cuando se analizan las prioridades de las familias uruguayas, el cuidado ambiental no aparece entre las primeras diez, no porque no importe, sino porque compite con urgencias económicas, familiares y laborales.

Los datos confirman una tensión que, según la entrevistada, aparece de forma sistemática en los estudios. “Aumentó el porcentaje de personas que dicen clasificar en origen –digo ‘dicen’ porque es información declarada–. Sin embargo, las barreras se mantienen: muchas personas no saben dónde llevar los materiales, cómo disponerlos o qué sucede después con ellos”, indicó. Entre quienes no participarían en sistemas de devolución con reembolso, las principales razones mencionadas son la lejanía de los puntos de entrega y la dificultad operativa.

A su vez, sostuvo que el cambio cultural es gradual y requiere coherencia. “Si el sistema no funciona bien, la gente pierde confianza. Y sin confianza es difícil sostener hábitos”, advirtió.

La directora ejecutiva señaló que uno de los principales desafíos es la rutina cotidiana. Según explicó, cuando se analizan las prioridades de las familias uruguayas, el cuidado ambiental no aparece entre las primeras diez, no porque no importe, sino porque compite con urgencias económicas, familiares y laborales. “Clasificar lleva tiempo y, muchas veces, no es lo más conveniente. Todavía es más fácil comprar que clasificar correctamente y luego trasladar los materiales a un punto de recepción”, agregó.

En esa misma línea, remarcó que el trabajo debe ser territorial y constante. Indicó que no alcanza con disponer de herramientas digitales, como la plataforma Dónde Reciclo, si no se logra incorporar el hábito. Además, subrayó la necesidad de desmontar la idea de que “todo se mezcla”, dando mayor visibilidad al trabajo de las cooperativas de clasificadores y mostrando qué sucede con los materiales una vez que ingresan al sistema. También insistió con que la coordinación entre intendencias, cooperativas, empresas y compradores, junto con reglas claras y mayor disponibilidad de datos, es fundamental para prever.

En cuanto a la implementación de contenedores intradomiciliarios en algunos barrios, la consultada sostuvo que cuando el sistema se adapta a las características de cada zona aumenta la participación vecinal. “La infraestructura ayuda, pero el cambio de hábito sigue siendo clave”, señaló.

Planteó que la información clara y sostenida en el tiempo resulta determinante. “No alcanza con campañas aisladas. Se necesita educación ambiental permanente para que las personas entiendan qué sucede con lo que descartan”, puntualizó.

Cirillo también se refirió a la oportunidad que tiene Uruguay de posicionarse en este tema en la región. “La escala permite dialogar más rápido y corregir errores con mayor agilidad”, destacó.

Asimismo, explicó que Cempre trabaja en generar espacios técnicos de intercambio y en sistematizar información que permita tomar decisiones basadas en evidencia.

Desde la asociación civil, insistió con que la transición hacia un modelo circular no depende únicamente de voluntades individuales. “Se necesita un marco claro, reglas estables y compromiso sostenido en el tiempo. La economía circular es una construcción colectiva”, concluyó Cirillo.

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