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foto: Reinaldo Altamirano

Clown medicinal: El tiempo de la espera, la obra inspirada en las experiencias de los artistas en un geriátrico

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La creación de Nido Teatro vuelve por dos funciones a Espacio Palermo.

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Por momentos parecen niños; en otros, ancianos; los clowns fluctúan en talante y actitud. Así son los personajes de El tiempo de la espera, el espectáculo construido tras la experiencia de visitar periódicamente el hospital Piñeyro del Campo. Simón (Andrés Kelly) y Stella (Verónica San Vicente), dos amigos que, ante la memoria que se va perdiendo, insisten en reencontrarse y transformarse desde un presente que parece la única certeza. La dupla se comunica, en definitiva, en la contradicción y el absurdo.

Inspirada en las intervenciones escénicas que realizaron en ese geriátrico desde el lenguaje del clown, la obra del grupo Nido Teatro se plantea como un homenaje a las personas con las que generaron esos encuentros a lo largo de 15 años. Pero los protagonistas no están caracterizados como adultos mayores ya que, justamente, los artistas apuestan a que su mensaje trascienda esa franja etaria y encuentre un eco universal.

Estrenada en octubre en Espacio Palermo, la obra regresa el martes y jueves por dos funciones, y se prepara para otros dos más, a fin de mes, en el teatro Florencio Sánchez, además de planificar una presentación también para el público que la propició, probablemente en abril.

“El trabajo en el Piñeyro del Campo está enmarcado dentro de la técnica del clown de hospital, que existe en todo el mundo occidental. Es el lenguaje del clown puesto en este escenario particular. En Uruguay se viene realizando con grupos que funcionan hasta el día de hoy. Por mencionar algunos: Payasos Medicinales, Opa Payasos y nosotros, que hemos recorrido varios hospitales públicos, y hace tres años empezamos en el Piñeyro, siempre conectados con la dirección y las autoridades, que avalan este trabajo, por supuesto”, repasa San Vicente.

“Intentamos ir semanalmente, hacemos visitas por las salas; tiene la particularidad de que no vamos a hacer un espectáculo ni un número, sino que son encuentros teatrales y musicales con bastante improvisación y ahí se generan las historias que terminamos contando”, agrega.

La práctica artística se lleva adelante de forma voluntaria, porque no han encontrado financiación, a diferencia de lo que ocurre en otros países. Dice la actriz: “Lo que proponemos en estas visitas es que por un instante las personas habiten otra emoción, porque ya sabemos cómo son las rutinas hospitalarias y que esos centros son en general lugares de dolor. Los payasos vienen a remover, a llevar un aire fresco de recuerdos, de cosas que están como escondidas, guardadas, por la situación que se está pasando”. Procuran, en ese sentido, tocar esas fibras sutiles por medio de melodías de otras épocas que activen vivencias del pasado.

Eso se traslada al diseño sonoro que Leonardo Martínez, codirector junto con Florencia Santangelo, concibió para el montaje teatral. “Con Andrés Kelly, el otro actor con quien estamos en escena, con quien creamos esta obra, nos dieron ganas de llevar esa realidad a otro escenario. Sentíamos que también servía para hacer más visibles esas problemáticas. Los personajes están construidos a partir de retazos de cada una de esas personas que visitamos. Ella perdió la memoria y no reconoce a su amigo de toda la vida. La obra es el intento de Simón, que va todos los días a verla, esperando que lo reconozca. El lenguaje clownesco es el que elegimos para contar esta tragedia desde otro lugar”. El tema fundamental, o el mensaje, si se quiere, es que “lo único que tenemos al final es el presente; lo que vale es ese encuentro, más allá de que lo reconozca o no. Lo abordamos desde el humor, desde la honestidad de lo que son estas situaciones complicadas que todos hemos vivido con algún familiar o alguien cercano, a nivel de salud mental. Las devoluciones del público tienen que ver con eso”.

Desde la ternura

Como punto de partida del proceso creativo tomaron la bitácora que los payasos suelen alimentar tras cada visita al hospital, un modo catártico de sobrellevar su tarea. “Llevamos un registro escrito, un poco con información cuantitativa, pero también hay una parte que completamos que tiene que ver con los nombres de las personas que conocimos, a qué jugamos (me refiero a juegos teatrales), qué historias construimos juntos. Esas bitácoras tuvieron mucho que ver con las ganas de llevarlo fuera de ahí y que otro público pueda conectar con este tema”.

La carga emocional y el encare de los payasos medicinales difiere en función de los internados a los que aborden, cuenta San Vicente: “Yo he visitado hospitales de niños, el Pereira Rossell, el Clínicas, o sea, pasé por todas las edades, y es bien distinto, claro que sí, porque lo que sucede con las infancias es que ven llegar a un payaso, a una payasa, y enseguida el lenguaje está abierto, no hay necesidad de hacer un proceso para el encuentro, conectamos más directamente. Lo que pasa con los adultos y con las personas mayores es que hay todo una previa para generar ese encuentro. Tenemos bien claro en este trabajo, sean infancias o sean adultos, que llegamos al centro de salud y nadie nos está esperando. No es como cuando en el teatro las personas pagan una entrada por estar ahí; acá es al revés. Sobre todo, con las personas mayores, es mucho el trabajo de pedir permiso, ese colchón para poder generar un vínculo. Después, cuando terminan entrando en el juego, lo hacen de una manera que terminan siendo como niños, proponiendo, hablando de historias, cantando. A lo largo de estos años en los hospitales hemos descubierto poetas ocultos, cantantes, gente que toca la guitarra, que al estar en la situación de hospital obviamente no tienen esa potencia a la vista, y es maravilloso”, observa.

Mientras se metía en la piel de Stella, la actriz recurrió al visionado de películas como El hijo de la novia (Juan José Campanella, 2001) para observar el trabajo de Norma Aleandro sobre el deterioro cognitivo, o films anteriores, como Despertares (Penny Marshall, 1990), basado en las investigaciones del neurólogo Oliver Sacks. Su pesquisa la llevó incluso a cursar de modo remoto una metodología terapéutica española llamada música para despertar.

Profundizando en el tema, cayó en la cuenta de que ese estado de olvido tenía puntos de contacto con su experiencia como payasa: “El clown viene de la máscara neutra. Es un personaje que no tiene pasado ni futuro, que vive absolutamente en el presente. Por ahí encontré también un vínculo que me interesó. O sea, este personaje está en otro mundo, totalmente, pero al no tener memoria, está en el puro presente. Fue desafiante, muy desafiante, pero encontré que la respuesta estaba ahí”.

El tiempo de la espera. Martes 17 y jueves 19 a las 20.30 en Espacio Palermo (Isla de Flores 1631). Entradas a $ 350. Reservas al 099 025 591.

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