En medio de las carísimas películas-tanque, diseñadas para llenar salas, vender poperas temáticas y recuperar el presupuesto gigante, la cartelera comercial ofrece otras demasiado pequeñas como para competir con superhéroes y robots, pero demasiado grandes para el circuito indie. Películas que, pese a costar decenas de millones de dólares, cuentan historias relativamente intimistas y que incluso cuando son fallidas se pueden encontrar ideas que llaman la atención y talentos de primera línea.
En ese grupo se encuentra El drama (The Drama), la más reciente película del guionista y director noruego Kristoffer Borgli, el mismo que transformó a Nicolas Cage en una presencia onírica recurrente en la interesante El hombre de tus sueños. En esta ocasión, la historia es mucho más terrenal pero igual de disfrutable, y se apoya indudablemente en su conocida y probada pareja protagónica.
Zendaya es una de las actrices más destacadas de su generación. Más allá de su rol como interés romántico de Spider-Man en las películas-tanque de Sony, marcó la cancha en la primera temporada de Euphoria, antes de que el morbo y las rarezas de su creador cooptaran el discurso. Más cerca en el tiempo fue un vértice del triángulo de poder (era más que romántico) de Desafiantes, con un papel que le permitía lucir la madurez que mostraba cuando se apagaban las cámaras.
Al igual que su coprotagonista, Robert Pattinson supo reconvertirse. El antiguo galán de la saga Crepúsculo se convirtió en el Batman más fiel a las historietas, trabajó con Robert Eggers, Christopher Nolan y Bong Joon-ho. Toda la presión estaba en la cancha de Borgli, quien se despachó con un guion inteligente, a la medida de sus dos grandes figuras.
Charlie (Pattinson) y Emma (Zendaya) son una pareja a punto de casarse. Mientras él prepara el discurso que ofrecerá en la ceremonia de casamiento, una edición ágil y atrapante nos lleva hasta el momento en que se conocieron y de regreso a la actualidad. Lo primero que sabemos de ella es que es sorda de un oído, y ese detalle ayuda a valorar el muy buen trabajo que tiene la edición de sonido desde el primer minuto.
Después de esta suerte de clip show que culmina con los créditos y una secuencia de baile coreografiada, empezamos a seguir a la pareja en otras instancias de la preparación de una boda tradicional. Ya en ese baile saltan las primeras chispas ante la queja de que ensayarlo lo vuelve “performático” y el retruque de que un casamiento “es performático por naturaleza”.
Uno puede inferir lo que ocurrirá con Emma y Charlie. La llegada de la fecha irá exagerando los aspectos negativos de cada personalidad, y será ineludible el choque entre la mujer más relajada y el hombre obsesivo. El caos y el orden. ¿Serán capaces de superar las diferencias y recordar qué fue lo que hizo que se enamoraran el uno del otro?
Por supuesto que El drama no va por el camino más obvio, aunque el tráiler juegue con los clichés de la comedia romántica. Pero esta es una comedia negra, que a las pocas escenas plantea un conflicto que se arrastrará por lo que reste de unos 105 minutos que no paran en ningún momento.
En una de esas visitas a la empresa de catering para definir los diferentes platos que se servirán en la fiesta, junto a una pareja de amigos (interpretados por Alana Haim y Mamoudou Athie) deciden jugar a una especie de verdad-consecuencia, pero mucho más directo: ¿qué fue la peor cosa que hicieron? Lo que comienza como una revelación de momentos vergonzosos y ligeramente problemáticos se convierte en una exploración acerca de la angustia adolescente, cuánto se acarrea a la adultez y hasta dónde estamos a punto de aceptar las cosas que nuestra pareja hizo antes de conocerla. Y las que no hizo.
Una música de flauta se mezcla con los silencios e incluso con una sesión fotográfica en la que ambos desearían estar en otra parte, y cada disparo del flash se siente como una detonación. Con su círculo cercano experimentando diferentes grados de comprensión sobre “el secreto” (al personaje de Haim se lo llevan los mil demonios), transcurren los preparativos. Y también transcurre un extenso flashback en el que Jordyn Curet hace de Emma en su adolescencia, mientras atraviesa el no hecho que mantiene a los novios en estado de alerta total.
La historia no presenta respuestas fáciles e incluso se atreve a entreverar los tantos cuando parecía que las aguas se estaban aquietando. La boda en sí se lleva buena parte del cierre, con varias bombas a punto de estallar como en la teoría de Hitchcock, y una reacción en cadena que incluye humor (y hasta risa), en especial ese que ocurre cuando se libera tanta tensión acumulada.
Traté de bailar (sin coreografía) alrededor del conflicto central, ya que no se menciona en el material promocional. Si Borgli hubiera elegido una temática menos compleja y traumática, quizás el propio guion hubiera decantado en una solución sencilla y una resolución color de rosa. No lo hizo, y el resultado es mucho más cautivador, sobre todo cuando los dos actores principales tienen la capacidad de navegar por un montón de matices.
No digo más nada; vayan a verla.
El drama. 105 minutos. En cines.