La Compañía Teatral Aventura se formó en 1988 y desde entonces su trabajo ha sido ininterrumpido. Este año no es la excepción: en un medio en el que la actividad teatral para niños y adolescentes se restringe casi exclusivamente a las vacaciones estudiantiles, este marzo, mes de comienzo de clases, el colectivo presenta una cartelera extraordinaria.
En estos casi 40 años de trayectoria, los integrantes de Aventura han sido reconocidos en numerosas instancias con Florencios y distinciones en festivales nacionales e internacionales. Enfrentan una tarea por demás desafiante en un país de tradiciones: no se trata solo de captar la atención de los más jóvenes, sino de “invadir” un espacio emblemático desde perspectivas arquitectónicas e históricas para convertirlo en una sala teatral: el castillo Pitamiglio.
El repertorio de la compañía mantiene un fuerte énfasis en los autores nacionales y también surgen adaptaciones de clásicos no solo al presente, sino a las bondades del castillo como locación. Fabián Bragunde, uno de sus actores, cuenta que esta convivencia lleva muchísimos años. La alianza no ha sido siempre fluida, ya que el local ha tenido distintas administraciones y necesidades, pero en todos los casos la voluntad de que el teatro fuera parte del lugar ha persistido. Los espectáculos tienen allí ese carácter itinerante que hace mover a grandes y chicos permanentemente en un lugar que es a veces casa, laberinto, cueva o, claro, castillo.
Parte de lo innovador de la compañía radica en apuntar a un público de distintas edades y brindarle espectáculos variados todo el año. Quienes han llevado hijos, nietos, sobrinos o alumnos al teatro saben que hay una etapa que coincide con la preadolescencia para la que prácticamente no existe oferta teatral. Entre los 12 y los 15, en el mejor de los casos, los niños pasan de los títeres y los cuentos de hadas o las aventuras escolares al teatro para adultos.
Pocas propuestas han apuntado a revertir esta desafortunada tradición. La Compañía Aventura aprovechó la incidencia de nuevas tradiciones como Halloween y tal vez haya observado también el fenómeno que configuran los guiones cinematográficos de Disney-Pixar y ahora Marvel, que apuntan a que el adulto no sea un mero acompañante de los más chicos, sino que disfrute de las propuestas, en este caso, teatrales, a la par.
Las ventajas del castillo como escenario son múltiples. Bragunde menciona su belleza edilicia, los símbolos y el misterio que presenta. El castillo encanta a la gente y ellos lo saben. A tal punto, que existen miles de espectadores que conforman el público cautivo del lugar: esos que no se pierden una sola obra en el castillo e incluso aquellos que las han visto todas. Tías que ahora son mamás, otrora padres ahora abuelos, siguen en contacto con la cartelera permanente que el lugar y la compañía ofrecen de forma absolutamente atípica.
“Sí, nos han acompañado en muchas obras siendo fieles espectadores y luego también las generaciones siguientes. Suele pasar que padres o abuelos nos comentan que ahora van con los más chiquitos de la familia porque años atrás habían ido con sus hermanos más grandes; incluso nos muestran las fotos de esas épocas. Es muy lindo, muy conmovedor que esos recuerdos de nuestro trabajo queden en el corazón del público”, dice el actor.
Numerosas obras de la compañía han sido la puerta de ingreso de muchos niños y jóvenes al teatro. La primera fue La Princesa y el jorobado, de Daniel Salomone; estrenada en 2010, la obra fue pensada para el castillo e inspirada en la alquimia. Bragunde siente que lo más importante de ser parte de un mundo de fantasías en el que la cercanía con los actores permite un contacto tan sensible es que resulta en una experiencia mágica para los más chicos, pero también para los adultos.
En tiempos de temporadas de cuatro u ocho únicas funciones, este éxito de décadas tiene sus pilares. “Somos muchos quienes sostenemos los espectáculos durante todos estos años. Pero hay dos personas en las que quiero simbolizar el arduo trabajo de muchos: Álvaro Loureiro, fundador de la compañía, quien además intervino para que hoy estemos en el castillo, y Daniel Salomone, gran gestor administrativo y creador artístico. Es el amor y la pasión por el teatro lo que nos permite vivir mundos paralelos a través del arte”, dice el actor. El desafío es compartido: no solo por los miembros del incansable colectivo, sino por un público fiel y agradecido.
Hadas piratas y fantasmas: sábado a las 17.30. Hologramas: el guardían de la luz: sábado 21 a las 19.30. El castillo del horror: domingo 22 a las 20.00. Noches de Edgar Allan Poe: sábado 28 a las 21.00. En el Castillo Pitamiglio (Rambla Gandhi 633). Entradas en Redtickets.