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Santiago Tavella.

Foto: Gianni Schiaffarino

Santiago Tavella: “En el mundo de la producción hay una especie de miedo al groove”

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El músico presenta Tarzán a los 64, su nuevo disco, este sábado en su estudio de grabación, y dice que no extraña tocar con El Cuarteto de Nos.

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“Odio la palabra experiencia”, aclara Santiago Tavella antes de describir cómo será la presentación de su reciente disco, Tarzán a los 64 (2025), que tendrá lugar este sábado en su estudio, El Cuarto Tavell). Entonces, eludiendo esa palabra, el músico subraya que con su banda tocará el disco en el mismo lugar en el que se grabó –algo poco frecuente–, y agrega: “Estoy tratando de recuperar ciertos rituales, me parece muy importante escuchar música en vivo. Además, veo cómo se arman los festivales hoy, mezclando muchas cosas, porque así venden muchas entradas. Hacen cola para sacar el ecovaso y tomarse el fernecito o la cerveza cuando está el grupo que no les gusta”. Por eso, Tavella subraya que este toque (que no es una experiencia) se realiza en un lugar para menos gente, pero él mismo sirve el beberaje en una copa de vidrio.

El título Tarzán a los 64 es una referencia a Tavella, pero no por Tarzán sino por 64, que es la edad que cumplió en 2025, y es el primer álbum que edita desde que en 2024 se alejó de El Cuarteto de Nos, la banda en la que estuvo más de 40 años tocando el bajo, cantando y componiendo –aunque en los últimos años solo se dedicaba a lo primero–. El disco lo grabó bajo el nombre de su proyecto solista: Otro Tavella y Los Embajadores del Buen Gusto, aunque ahora ese otro Tavella es el único que hay. Su banda cambió de integrantes, con el experimentado y versátil Miguel Romano en la batería, Álvaro Salas en percusión (tambor piano y congas), Santiago Lorenzo en teclados, Federico Ucha en bajo, y con la producción de Diego Azar, que también tocó guitarras.

El álbum fue grabado “en vivo” en el estudio, con todos los músicos juntos, a la vieja usanza, y suena orgánico y con un pulso rítmico suelto, que se deja llevar como en una zapada. La música está viva y tiene un caleidoscopio de ritmos, como la canción “La gente es mala”, con aires de bossa nova, que de la nada se vuelve un punk bien apurado, o “No te invité a mi cumpleaños” y su bajo de música disco.

En una especie de subsuelo en su casa del Cordón, Tavella tiene un taller-oficina en donde desparrama sus inquietudes artísticas. En un banquito sobresale la colorida tapa de una edición en vinilo de Pink Moon (1972), el último disco –y la obra maestra– del malogrado cantautor inglés Nick Drake. Pero esa tapa queda eclipsada por los cuadros pintados por Tavella, por la diversidad de colores que maneja y por cómo los utiliza. “La formación que tuve fue de no trabajar con un color racional”, acota.

Ahora tiene su pincel ocupado en una serie de pinturas sobre autos, porque en los mares de internet encontró unas revistas antiguas con esquemas de automóviles. “Imprimo el esquema y después voy pintando. Para mí, ese esquema, con las medidas y todas esas cosas, es la representación de la modernidad, de esa cuestión racional”, dice, y por eso lo contrarresta con su uso “irracional” del color. Pero el pintor es otro Tavella; el músico, que presenta su nuevo disco, es el que conversó con la diaria.

¿Hay alguna conexión entre la canción “When I’m Sixty-Four”, de The Beatles, y Tarzán a los 64?

Cayó justo. Me acuerdo de que hace unos años había salido un librito de [la editorial] Yaugurú, porque el Maca [Gustavo Wojciechowski] y dos o tres más cumplían 64; entonces, al verlo, dije “cuando saque el disco en 2025, va a ser algo de los 64”. Lo estaba esperando. Y lo de Tarzán es porque apareció en dos canciones. Una es una idea de muy larga data, lo de “Tarzán y Eva”. Después, buscando videos, vi un tráiler de una película de Tarzán en la que aparece Jane y dice: “¿Cuántas mujeres querrían sentirse como Eva?”. O sea que la asociación, que yo veía traída de los pelos, en realidad ya estaba presente en el imaginario: el paraíso, Adán, Tarzán, es lo mismo, ya está. Y lo de “Tarzán y Eva en el paraíso, / con la manzana y la serpiente hacen un guiso” tiene muchos años, pero hacer de eso una canción fue una cosa de estos últimos años.

Lo de Tarzán también aparece en la canción “El nenito del futuro”. La otra vez estaba en un programa de tele y dije que en lo que hago hay una cosa muy perversa que tiene que ver con los niños, porque psicoanalíticamente el niño es “el perverso polimorfo”, porque quiere todo y hay que ponerle límites. Mi mujer estaba mirando la tele y después me dijo: “Sos un animal, ¿cómo vas a decir eso?”. “Pero está en cualquier manual de psicoanálisis” –mi mujer es médica–, le contesté, y me dijo: “Sí, pero los que estudian psicología no los leen”. Ese nenito del futuro un poco soy yo: cuando era chico me juntaba con mis amigos a dibujar autos y, como buenos niños que éramos, las conversaciones que teníamos eran re perversas.

En este álbum, apenas se escucha la primera canción, se nota la diferencia de la banda nueva, sobre todo por la percusión y la batería: se siente un groove que no estaba en tus discos anteriores.

Siempre estuve rodeado de muy buenos músicos, pero en el mundo de la producción me da la impresión de que hay una especie de miedo al groove, y en algunos casos es bastante extremo. Yo estaba buscando eso, y con Diego como productor y con toda esa gente que le seguía la cabeza –y yo también: fui el que le dijo “vos tenés que producirme el disco”– es que apareció ese groove. Por ejemplo, grabar sin metrónomo es muy importante. En otras épocas de repente no grabábamos con metrónomo ni nada, y a partir de determinado momento… No era solo el metrónomo, sino también llevar todo a la grilla: ahí el groove se va.

Es como una burocracia del tempo.

Sí, y de la afinación. Yo no soy de la idea de que cualquier cosa que se hizo antes era mejor ni nada por el estilo, pero me parece muy importante no solo haber escuchado lo que se está haciendo ahora, sino también tener una perspectiva histórica: cuanto más sepas de diferentes momentos de la música, más vas a ampliar las posibilidades de enriquecer el material. Con respecto al metrónomo, hasta en la música clásica occidental, de todos los períodos, se utiliza una notación que dice “esto va a tanto”, pero tenés signitos en las partituras que te dicen “acá, acelerá; acá, aflojá”.

En el álbum hay una nueva versión de tu canción “Eres una chica muy bonita”, que es original del disco Otra Navidad en las trincheras (1994), de El Cuarteto de Nos. Aquella era una típica canción folk a lo Bob Dylan, y esta tiene cosas entreveradas a lo Frank Zappa.

Totalmente, y el equipo daba para eso. Yo ya había hecho un arreglo que tenía cosas que armónicamente se iban, que cambiaban con respecto a la original, por más que la melodía era la misma. Una cosa que siempre me interesa, y que no solo aparece en esa canción, son las modulaciones y la cuestión de que no todas las notas entren. No me preocupa eso que dice Fito Páez: “Estos hacen solo una nota y el piano tiene 88”; no sé si hay que usar las 88. He escuchado cosas que están hechas con muy pocas notas y son muy interesantes; también cosas muy complejas que son interesantes, así como he escuchado cosas que son muy complejas y digo “por favor, sáquenme de aquí”. La complejidad no es garantía de calidad. Acá hay un montón de cosas en las que Diego decía “váyanse al carajo”. Cuando se iba terminando cada estrofa, por ejemplo, daba instrucciones precisamente vagas y todos agarraban la onda.

Foto: Gianni Schiaffarino

Imagino que Azar como productor es todo lo contrario a Juan Campodónico, que trabajó con El Cuarteto de Nos desde el disco de éxitos regrabados de 2004 hasta Habla tu espejo (2014), y fue clave en la nueva vida de la banda.

Sin duda. Campo apareció acá como uno de los primeros productores que empezó a usar Pro Tools [software de edición de audio], y en su momento dijimos “mirá, qué bueno, puede ser interesante trabajar con un productor así”. Yo sería una muy mala persona si dijera “qué horrible fue trabajar con Juan”. No, cuando hicimos el disco de la recopilación empezamos a jugar con un montón de cosas nuevas, y cuando grabamos Raro [2006] fue fantástico. Me acuerdo de estar viajando, escuchar la mezcla de Raro y decir “pero esto es raro”, había un poquito de miedo. Yo nunca tengo miedo, pero los demás estaban como diciendo “¿esto no se estará yendo muy al carajo?”, lo cual me parece que está bueno.

Es curioso que tuvieran miedo, con todo lo que habían hecho antes.

Pero era por cosas de mezcla, de niveles y de la altura a la que estaba la voz, que nos sorprendieron un poco –a mí no tanto–. Era el juguete nuevo de poder dejar todo afinado –en un momento en el que tampoco era que había que arreglar tanto para dejarnos bien afinados– y que la cuestión rítmica estuviera como cuantizada y todas esas cosas. La escoba nueva barre bien, pero creo que hoy esa escoba está gastada desde el punto de vista artístico.

Volviendo a tu nuevo disco, en Spotify la canción “La señora de Pérez” está etiquetada con letra “E”, la advertencia de “contenido explícito”. Ahí está el Tavella guarango de siempre.

Pero culto... Porque salió de un libro que se llama Borges [2006], que tiene los diarios de [Adolfo] Bioy Casares sobre [Jorge Luis] Borges. Es de un día que estuvieron hablando de hacer una antología de poesía pornográfica: ahí aparecía Alejandro Sirio, que era un dibujante español que vivía en Argentina y que, aparentemente, le había comentado a Borges esos cuatro versos de la señora de Pérez y sus hijas. Me acuerdo de que mi cuñado y otras personas me dijeron: “Tenés que hacer algo con esto”. A partir de eso armé toda la cuestión de la gente que está hablando sobre qué es lo que pasa ahí. Una cosa que tengo en la cabeza desde hace mucho tiempo es que el término “chupapija” siempre es usado como insulto, pero si lo usás como insulto sos una persona muy mal agradecida o nunca recibiste tales favores... De la misma manera en que la música está tocada con un toque caliente, con cierto relax de no estar apretados, con la escritura me pasa de ir viendo qué es lo que va saliendo.

Viste que a raíz del show de Bad Bunny en el Super Bowl, en las redes sociales se viralizó una versión en vivo de “No somos latinos”, del Cuarteto, y muchos tomaron la letra literalmente, cuando es obvio que era joda. ¿Cómo te cae eso?

La idea no era la joda, sino la provocación. Obviamente, no es una provocación literal, porque el Cuarteto de esa época nunca era literal, pero había un impulso provocador importante. Vi algunos comentarios en grupos de Facebook, que son todos de pibes muy fans, y no vi a ninguno que dijera “yo soy de Guatemala y esto me ofende mucho”. En esta época de hipersensibilidades, no es que la gente se siente ofendida porque alguien dijo eso, sino que un tercero se ofende por el que debería ofenderse y le chupa un huevo. En general, el que se ofende es alguien que no pertenece a esos grupos que él piensa que se ofenderían por esas cosas, a los que en realidad no les importa o se dan cuenta de que no es ofensivo. Y todo eso dentro del contexto político actual, con la caída de las categorías de izquierda y derecha.

Hay un montón de gente que sigue creyendo que es de izquierda y que está con todas estas narrativas de ofenderse por esto y aquello, y me da la impresión de que son bastante pelotudos; y después hay otro grupo de gente, bastante pelotuda, que los ve y dice “ah, no, si estos son los de izquierda, yo voy a ser de ultraderecha”. Y en esas dos puntas veo que falta pensamiento. Esas dos puntas son muy grandes; el medio, de gente que piensa y analiza las cosas, me parece que es muy reducido. Predomina un pensamiento muy rápido, muy polarizado y con poca capacidad de análisis. Si te ponés a hablar con mucha gente, te das cuenta de que no han sabido encontrar las herramientas de análisis para poder pensar los problemas en los que estamos metidos, y por eso no podemos salir de los problemas en los que estamos metidos.

Hablando de tomar las letras literalmente: este año se van a cumplir tres décadas de que El Cuarteto publicó la canción “El día que Artigas se emborrachó”, que armó un gran revuelo mediático, sobre todo a nivel político, como las declaraciones que dio a la revista Tres el entonces diputado blanco Agapo Palomeque, aclarando que Artigas “no vomitó sobre las Instrucciones del año XIII ni le dijo a [José] Posadas que le crecía el miembro viril”. O sea que ya en esa época había quienes con total seriedad se tomaban las bromas literalmente.

Creo que eso siempre estuvo. Te diría que en esa época ya estábamos en el punto de quiebre. Yo crecí en un Uruguay en el que la censura era una cuestión de la derecha, y esa sí era derecha: no eran unos pibes que se creían de ultraderecha ni nada por el estilo, sino milicos que dieron un golpe de Estado y dijeron “esto tenemos que hacerlo y vamos a decir que es por el comunismo”. Con esa canción la reacción no fue solo de la derecha, sino también de la izquierda, que decía “¿cómo te vas a meter con esto?”. En la gente que escucha mi música y me comenta cosas veo que hay muchos que están en ese lugar de “no me identifico ni con esto ni con lo otro”, que no los representa ni esa ultraderecha ni esa izquierda políticamente correcta, que no se preocupa realmente por las cosas que se preocupaba la izquierda en otras épocas.

Se están por cumplir dos años de que te fuiste de El Cuareto de Nos. ¿Extrañás tocar con ellos?

No. Tenía ganas de tocar otras cosas, y en las últimas giras –estaba todo bien, es gente educada, civilizada y la pasábamos bien– yo decía “ya a esta altura de mi vida tengo que hacer una cosa que esté mucho más cerca de lo que quiero hacer”. No es una cuestión de valores, de que esto es mejor o peor, sino de lo que quiero hacer. No digo que estuviera incómodo ni nada por el estilo, pero decía: “En vez de estar haciendo esto, tendría que estar haciendo esto otro”. Y ahora estoy haciendo esto otro.

¿Escuchaste Puertas (2025), el último disco del Cuarteto, que fue el primero sin vos?

Sí, me pareció que sigue dentro de la línea de lo que estaban haciendo; está muy bien hecho. Me acuerdo de que cuando me fui les dije que no pasaba nada, que les iba a seguir yendo divino; y siguen girando como locos. Sería medio terrible decir “me fui y se les fue el negocio a la mierda”.

Santiago Tavella presenta Tarzán a los 64. Sábado a las 21.00 en su estudio. Reservas por Whatsapp al 091 424 802.

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