Las biografías autorizadas suelen ser aburridas, porque las personas que dan el permiso están demasiado preocupadas por cuidar al objeto de estudio. Ya sea el propio protagonista, sus sucesores o algún grupo económico que controla la obra, es de esperar que se esfuercen por evitar que se mancille eso que para ellos tiene un gran valor afectivo, pero por sobre todas las cosas (seamos honestos), económico.

Para ser más específicos: si se le dedica una película a un músico, es probable que el resultado sea una versión lavada de su vida, con énfasis en los hechos dramáticos que lo tuvieron como víctima. A esto hay que sumarle el escaso riesgo creativo a la hora de mostrarnos la historia, en general apelando a los formatos más estándares del séptimo arte, tanto desde el guion como desde la fotografía. El éxito global de una película tan poco jugada como Bohemian Rhapsody: la historia de Freddie Mercury hizo que atrás llegaran Bob Marley: la leyenda o Back to Black, sobre la vida de Amy Winehouse.

Por suerte, hay excepciones. Pueden destacarse por la grandilocuencia del director, como Elvis de Baz Luhrmann, o por la búsqueda de una mayor honestidad de parte de objetos de estudio aun con vida, como en los casos de Elton John y Robbie Williams. Este último, además, tenía el artilugio de mostrar a su protagonista como un chimpancé generado por computadora. Las películas sobre Bob Dylan y Bruce Springsteen también fueron bien recibidas, pero personalmente las dejaría en el primer grupo.

Actualmente, la cartelera de cine de todo el mundo gira alrededor de Michael, la biopic acerca de Michael Jackson que dirige Antoine Fuqua, recordado por su película de 2001 Día de entrenamiento, pero activo en la industria desde entonces. En su primer fin de semana en cartel, Michael se convirtió en la biopic más recaudadora de la historia, pero más allá de lo que pasa en las boleterías, está claro que se trata de una película que evita cualquier clase de riesgo, aprobada por comité y capaz de invisibilizar a la segunda Jackson más conocida del mundo (Janet) solamente porque no quiso ser parte del proyecto.

Eso sin mencionar que Michael Jackson es, además de uno de los artistas más famosos del siglo pasado, una personalidad polémica que estuvo envuelta en escándalos incluso después de su muerte. Y algunos de esos escándalos tenían que ver con acusaciones de abuso sexual que llegaron a la Justicia y que merecieron una serie documental de HBO que en la actualidad es convenientemente difícil de encontrar.

Si creemos algunas versiones que circularon en medios especializados como Variety, la película tuvo que reimaginarse y evitar el escándalo porque el acuerdo económico con una de las supuestas víctimas (diferente a las del documental de HBO) impedía que se la personificara o mencionara en un audiovisual. De todos modos, es posible imaginar que esa parte de su vida también habría sido mostrada con la absoluta presunción de inocencia que mantiene durante los 127 minutos de este corte final. Y hablo de una inocencia existencial, ya que el guion de John Logan lo muestra como incapaz de cualquier clase de pecado, sea de pensamiento, palabra, obra u omisión.

Artista sin libido

La historia comienza con el nacimiento de los Jackson 5, la banda que Michael integraba junto a sus hermanos Jackie, Tito, Jermaine y Marlon. Detrás del proyecto estaba el padre de todos ellos, Joseph Jackson, interpretado por Colman Domingo. Joseph era un manipulador violento y todo el mundo lo sabía, lo que no impidió que fuera sumado al Salón de la Fama del Rhythm and Blues en 2014, cuando todavía estaba con vida.

El papel que nos presenta Domingo, que tiene más herramientas para brillar en pantalla como todo villano, termina juntando elementos del estricto padre de las hermanas Williams por el que Will Smith ganó un Oscar en Rey Richard: Una familia ganadora y el Luisito Rey de Óscar Jaenada en Luis Miguel, la serie. Joseph está convencido de que la única forma de sacar a la familia de su destino de clase obrera está en que el quinteto ensaye y sufra hasta perfeccionar su show.

La película podría ser la de la explosión de los Jackson 5 con un cierre luego de firmar con Motown, pero Michael tiene muchísimas películas en una, porque la realidad es que la vida de Michael Jackson ofrece material para series del formato antiguo de 22 episodios por temporada. El primer éxito, los coqueteos con la independencia, las mañas de nuevo rico, las conversaciones con ejecutivos... El guion convierte cada acontecimiento en una perla de un collar que podría ser pesado, de no ser porque el hilo que los une es la música. Y es la música de una de las discografías más arrolladoras de la historia, filmada con oficio suficiente como para mantenerla allá arriba.

Si la película de Bob Marley levantaba la medianía narrativa con su banda de sonido, acá los involucrados saben perfectamente de lo que son capaces las canciones de Michael Jackson. Elegidas de cada momento retratado de su carrera, arriban a la acción con los primeros acordes y una parte primitiva del cerebro se va preparando para los hits. Varios de los temas se escuchan casi en su totalidad, lo que deja bien clara la intención de los creadores y/o el conocimiento de su público potencial.

Suenan sus canciones, sí, pero son otras personas las que personifican al artista. Juliano Valdi contagia carisma como el joven Michael, mientras que Jaafar Jackson (hijo de Jermaine) tiene la difícil tarea de hacernos creer que es su propio tío cuando ya era grande y mantenía la voz dulce y la pasión por Peter Pan. Con el correr de los minutos lo consigue, sin que el guion le exija grandes esfuerzos histriónicos.

En esta biografía aprobada por la familia –excepto Janet– las cirugías estéticas de Michael están presentes; aparece el disparador (su padre le dice que tiene nariz grande), pero no se cuestiona. El vitiligo es mencionado. Y cobra muchísima importancia el accidente que sufrió filmando una publicidad de refrescos, que por mi parte recordaba solamente como un chiste en alguna película o serie de comedia (quizás Al límite de la risa). El consumo de medicamentos para el dolor, que terminaría costándole la vida, está insinuado en este punto. Pero por cada pequeña imperfección hay una escena de sus actividades de beneficencia que, como en el caso de Jimmy Savile, sabemos que no son señal de nada.

Sin brillar, Fuqua hace bien las cosas. Mantiene la tensión eterna entre Joseph y Michael con bastante fidelidad, presentando figuras paternas alternativas por el camino, todas extrañamente intachables. Mientras tanto, utiliza el recurso de las pantallas televisivas para mostrarnos las influencias y pasiones del protagonista, así como tomas de diferentes públicos de su carrera para mostrarnos cómo su música superó cualquier tensión racial. Ese tema no tiene mayor exploración que una charla sobre la censura a sus videos en MTV, en una escena en la que Mike Myers parece estar actuando en un sketch de Saturday Night Live.

Mientras todo eso ocurre, lo que merodea puede encontrarse en el espacio negativo. Nada se dice de la libido de Michael Jackson y, para que sea menos evidente, apenas se menciona la vida amorosa de su familia. La gente lo persigue, lo espera en la puerta de su casa, llena sus estadios, se desmaya... de una manera u otra lo desea. Por más que se menciona su soledad y se muestra su relación con los animales exóticos que rescataba, cualquier manifestación adulta de interés carnal es evitada. Quizás fue discutido por el comité, previendo todo ese otro costado vergonzoso.

El resultado final es otro resumen de Wikipedia, en este caso parcial y salpimentado con algunos de los mejores temas pop de las últimas décadas, con una cinematografía y un presupuesto superiores al biopic promedio y un potencial “Continuará...” al cierre situado en 1987. Claro que una segunda parte precisaría de malabares narrativos mucho más complejos para así maniobrar entre actitudes cada vez más extravagantes.

Eso es lo que se ve. Pero es imposible no pensar en lo que no se ve, en lo que quedó afuera por decisiones judiciales o familiares. Porque aunque podamos separar a la obra del artista (que el artista esté muerto lo hace más fácil), esta película nos trae a ambos en un mismo paquete.

Michael. 127 minutos. En cines.