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La noche.

Foto: Alejandro Persichetti, difusión

Alfredo Goldstein dirige a Jorge Bolani en una obra sobre Strindberg y el lesbianismo

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La noche en el Teatro Circular.

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Sucedió una noche de marzo en Dinamarca, pero hay otra más que se evoca. Per Olov Enquist escribió en 1975 una pieza que alude al contradictorio y revolucionario escritor y dramaturgo sueco August Strindberg y a las turbulencias de una separación matrimonial, en un entorno metateatral y en presencia de la amante de la esposa. Pero no se necesita conocer a Strindberg para involucrarse con la historia, que se desarrolla en un teatro un poco abandonado de Copenhague, de fines del siglo XIX, que una fábrica de cerveza usa como depósito.

Si el autor se nutre de su entorno para crear, sin dudar en exponerlo, el director que versiona la pieza le adiciona una capa, en la que plantea la duda del montajista del siglo XXI. En una atmósfera amortiguada por los sonidos de un violoncello, hay frustración, ironía y lesbianismo en un código que explora las fronteras de la ficción.

Alfredo Goldstein, a quien desde el Teatro Circular le encomendaron la dirección, estrena este sábado esa obra como La noche. El protagónico es para su viejo conocido, Jorge Bolani, en combate escénico con Denise Daragnes y Micaela Larroca como actriz invitada, a quien Goldstein dirige por primera vez, elogiando su compromiso con el papel, que se lee en su potencia escénica, su capacidad para llorar y su mirada.

Temporadas atrás, Levón dirigió Acreedores, un triángulo perverso de August Strindberg, en El Galpón, al que llamó Infierno, y para el programa de mano eligió una cita de Kafka: “Me siento mucho mejor porque he leído a Strindberg, no lo he leído por leerlo, sino por apretarme contra su pecho... ¡Esa furia, esas páginas conseguidas a fuerza de puños!”.

Del autor sueco también estaba adaptando La noche, que retomó Goldstein: “Partí básicamente de la versión española original, además de cosas de Levón. Es una obra que conocía porque se estrenó hace por lo menos 30 años en el mismo Teatro Circular, pero en la Sala Uno, con otro nombre, con la dirección de Mario Morgan y, si no me equivoco, el elenco eran Gloria Demasi, Bebe Cerminara, Catherina Pascale y Ernesto Rivas”, cuenta el director. “Se estrenó en enero, además, en aquella época en la que lo que estrenabas eran comedias bien arriba, bien brillantes o espectáculos más livianos”.

El espectáculo rompió esa barrera, cuenta, porque “la obra se llamaba La noche de las tríbadas, que es un término griego que tiene que ver con el lesbianismo, porque además tribar quiere decir frotar. El autor eligió ese cultismo, porque esa noche de las lesbianas es un elemento fundamental dentro de la obra”. Dice Goldstein que su trabajo consistió en enmarcar a Enquist, acá poco conocido como dramaturgo, aunque sí como narrador y por haber sido guionista de Pelle, el conquistador, la película de Bille August, protagonizada por Max Von Sydow, ganadora de un Óscar. Enquist “es considerado una de las figuras de las letras más importantes de Suecia desde fines del siglo XX”.

Foto: Alejandro Persichetti, difusión

Entre los ajustes que hizo, el más evidente es que el personaje que correspondería a Bolani es un Strindberg que en ese momento estaba en la mediana edad, cuando el actor lo sobrepasa largamente en años. Por eso una parte de la acción, siguiendo el libreto original, ocurre en 1889 y otra cobra una dimensión contemporánea, cuando un creador actual asume el relato. La historia transcurre mientras se ensaya “por última vez la obra más fuerte de Strindberg, un texto breve que él hace con su primera mujer, de la cual está divorciándose”, dice Goldstein, que describe ese intercambio como “cuchillos de punta” que se lanzan unos a otros. “Strindberg fue un hombre que pasó por varias mujeres, pero sobre todo estuvo casado varios años con la actriz Siri von Essen, que es la protagonista. Él se está divorciando de ella y está ensayando con ella, y justamente aparece la amante de su mujer”. Por entonces, la homosexualidad se penalizaba, “con todo lo que significaba además la rebeldía de salir de su casa, irse con esa mujer, tratar de ser una mujer libre en una época en la que se luchaba por la emancipación femenina, donde el tema empezaba a tener un auge fundamental, principalmente por el voto femenino”.

“Por supuesto, se enfrenta a esas dos mujeres que están unidas en este momento, hacen que el conflicto se vuelva un infierno en el que uno destruye a los otros. De alguna manera, es un adelanto de la concepción de Sartre de que el infierno son los demás, porque dependo de la visión que los demás tengan de mí, y al mismo tiempo ellos dependen de la visión que yo tenga de ellos. O sea, ese juego del infierno personal y el infierno de los otros está manejado en la obra de Enquist, que al mismo tiempo es una especie de juego de muñecas rusas, una historia dentro de otra”, observa el también profesor de literatura.

“Strindberg, según varios de los críticos que lo han estudiado, es el primero que trabaja en el teatro la autoficción. Todo aquello que supuestamente es descubierto por parte de algunos autores como la gran novedad de fines del siglo XX él lo hizo a fines del siglo XIX porque usó a su familia y a sí mismo como personajes dentro de sus obras”.

Acerca del tono del espectáculo, apunta: “Durante mucho tiempo a Strindberg se lo vio como algo más cercano al melodrama, de una manera muy reforzada, con una visión muy trágica. Claro, es terrible lo que él plantea, pero al mismo tiempo usa un humor brutalmente cáustico, un humor afilado, que aliviana la historia”, asegura quien viene de montar Perra vida.

“Esa visión de Strindberg la aprendí cuando hace mucho tiempo vino un elenco sueco presidido por una gran actriz, que era Bibi Andersson, la gran actriz de Bergman, que trajo a El Galpón una versión donde parecía que estuvieran haciendo una obra de Oscar Wilde. La comedia que hacían ellos echaba por tierra lo que yo había pensado y lo que muchos habíamos pensado sobre Strindberg. Entonces la idea era que el espectáculo, dentro de lo posible, dentro de nuestras posibilidades como director y equipo, es sortear ese humor terrible y la crueldad con que los personajes se van destruyendo entre sí. Ese es un punto de partida fundamental”.

La noche. Sala 2 del Teatro Circular (Rondeau 1388). Sábados a las 20.30 y domingos a las 19.00. Entradas: $ 600.

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