Era una noche más en el Teatro de Verano. Promediaba el carnaval con una etapa calurosa y de tribunas a medio llenar, cuando Marcelo Fernández se quedó sin palabras. “Imposible salir ileso después de esta retirada. Impresionante...”, llegó a decir al final del espectáculo de la murga Don Bochinche y Compañía. La escena viral –con más 100.000 reproducciones, el clip fue de lo más visto del concurso en su edición de 2026– muestra la imprevista reacción del principal comentarista Pasión de carnaval, que concluye con una disculpa y un improperio.

“Esa noche me pasó lo que le tendría que haber pasado a todo el mundo. Me emocioné muchísimo y me pasó mi niñez por delante”, actualiza Fernández en una mesa del Café la diaria, dos meses después. “La única diferencia con el resto de la gente que estaba en el teatro es que yo tenía una cámara que me estaba enfocando”, argumenta.

“Si vos no te emocionás con esa retirada, el problema lo tenés vos”, exclama, y se enrosca en las virtudes del letrista y autor, Eduardo Rigaud: “Es un tipo que le sabe sacar punta a la nostalgia y que conoce sus límites, pero que además no tiene problemas en elogiar a otros colegas más jóvenes como los de Mi Vieja Mula”, dice.

Luego reconoce que el sacudón de aquella etapa en el Teatro de Verano tenía un antecedente que no lo ayudó: a la murga Don Bochinche la había visto un día después del Desfile Inaugural, desde la primera fila del tablado Monumental de la Costa, en una jornada libre antes de arrancar su maratón de cobertura del concurso oficial.

Desempeña ese rol desde la primera emisión del programa de VTV, en 2004, y por esa misma señal ahora lleva adelante el ciclo Carnavales del interior.

“Soy lo que le dicen un workaholic”, dice sobre su autopercibida adicción al trabajo. “Me da miedo el aburrimiento, quedarme quieto y no hacer cosas, y creo que nunca tengo dos días iguales”.

En una época también dedicabas horas a la hemeroteca del Palacio Legislativo. ¿En qué momento empezaste a investigar sobre la historia del carnaval?

Eso arranca de la mano de mis inicios en la radio, allá por 1991. Después, cuando me sumo a Subrayado, el trabajo en comunicación se vuelve más profesional y la investigación pasa a ser una cuestión natural de mi laburo. Pero además, más allá de apelar a la memoria de uno, siempre me gustó mucho estudiar e investigar. Fijate que en materia de carnaval no hay tanto material publicado. Para indagar en el siglo XX tenés que recorrer la principal fuente contemporánea que fueron los diarios.

Y fue así que empecé, y llegó un punto en el que me obsesioné. Sentía que tenía que conseguir todo lo que había pasado en el carnaval de 1971, por ejemplo. Pero mientras buscabas noticias del concurso te encontrabas con las crónicas de la fuga de los tupamaros del penal de Punta Carretas o de Nacional campeón de América y del mundo. Y una cosa te llevaba a la otra.

¿Y qué hiciste con todos esos apuntes?

Estoy escribiendo un libro que no se termina nunca de escribir. En cada año te cuento la historia del carnaval, pero también su contexto cultural, social y deportivo. Por ejemplo, te digo cuánto costaba el dólar en tal año y cuánto la entrada al Teatro de Verano, o cuánto costaba una heladera, para que vos hagas la comparación. El libro va desde 1971 hasta 2011.

Durante el concurso de carnaval 2026, la murga ganadora, Doña Bastarda, estuvo en el ojo de la tormenta, primero, por una censura del INAU y, luego, por las críticas que recibió de algunas figuras del sistema político en relación con su cuplé “Juro por mi patria”. Según tu experiencia en carnaval, ¿qué tan nuevos son este tipo de ataques a un espectáculo carnavalero? ¿Te llamaron la atención?

Lo que pasó es una demostración clara de que el carnaval es una caja de resonancia impresionante. Si no fuera así, nadie se pondría a discutir sobre los versos de Doña Bastarda que hacen referencia al genocidio israelí y la Franja de Gaza. Fijate que el tema se discutió en el Parlamento y en medios de comunicación en los que normalmente no se habla de carnaval.

Foto del artículo 'Marcelo Fernández y su sueño de una competencia nacional de carnaval'

Foto: Alessandro Maradei

También sirvió para que algunos pudieran explicar cómo funciona un espectáculo o el libreto de una murga.

Obviamente hubo una descontextualización y la ofensa siempre la mide el ofendido y no el ofensor, pero en este caso muchos de los que teníamos otra visión nos vimos en la obligación de explicar el fundamento de esos versos. O sea, no se puede tomar todo tan literal. La murga no estaba diciendo “que vivan los que hicieron jabón con los judíos”; todo lo contrario: por la patria alguien es capaz de cometer tales barbaridades como esa. El propio Imanol Sibes [cupletero y figura de Doña Bastarda], en el personaje de Artigas, lo dijo en su actuación: “Como nos duele el holocausto, también nos duele Palestina”.

Fue increíble que la murga tuviera que salir a aclarar eso, porque los acusaban de antisemitas y también estábamos acusados de antisemitas si no criticábamos el espectáculo de la murga. Estamos hablando de que hay organismos como la ONU y muchos gobiernos que ya se han pronunciado sobre el tema y que no podés sospechar de antisemitas. Me parece inadmisible que haya gente aplaudiendo que se mate a niños, que se diga que los niños son culpables, que se destruyan hospitales y se mate a periodistas y que son daños colaterales.

Israel no es un pueblo bárbaro. Yo condeno con toda mi alma lo que pasó con Hamas el 7 de octubre de 2023, pero eso no implica que tenga que justificar algunos actos del gobierno israelí, como los ataques indiscriminados en Gaza o que dejen a la gente morirse de hambre.

Estás recorriendo el país con tu ciclo Carnavales del interior. ¿Qué te está dejando esa experiencia?

No en todos los lugares, pero en algunas ciudades la pasión con la que se vive el carnaval es increíble. Vas a San Carlos y se sacan los ojos en la competencia local. Además, están al tanto de todo lo que pasa acá.

¿Cómo nace el programa?

Me lo propuso Ricardo Hahn, un maragato que vive en Cardona y tiene un programa de radio. Le dije enseguida que sí y ya vamos por la tercera temporada. El carnaval en el interior no son solo las murgas. Tenés las comparsas de candombe y todo el fenómeno del carnaval del litoral. En Canelones también ha crecido muchísimo.

Y después tenés historias fundamentales, como la de Treinta y Tres: a la vez que tiene su festival folclórico y ha sido cuna de sus grandes exponentes, también tiene una tradición muy rica de carnaval. El primer disco de murga canción fue Todos detrás de Momo, de Los Olimareños [1971]. Tiene 55 años. Ahora la gente de La Sayago Murga Band está haciendo el disco de punta a punta. En aquel momento, en Treinta y Tres no existía una batería de murga que convenciera a Los Olimareños, entonces la decisión fue sumar la de Los Nuevos Saltimbanquis.

Fue un disco que tuvo cero impacto popular, porque no les gustaba a los murguistas y tampoco a los que admiraban a Los Olimareños. Y tenía las letras de Rubén Lena, que era un adelantado. El libro sobre el disco que escribió Gustavo Espinosa te abre la cabeza y desata un montón de nudos detrás de esa grabación.

Hoy hay muchas intendencias que están apoyando el carnaval, con aportes que están a la par de los que se puede ganar en Montevideo.

En el concurso oficial de Daecpu pueden participar conjuntos de todo el país, pero ahora que contás esas experiencias, se me ocurre imaginar una competencia a nivel nacional, más grande y que no esté centrada en Montevideo.

Si Daecpu permitiera que las murgas del interior que vienen a Montevideo pudieran participar en las competencias de sus departamentos, eso ya sería un avance. ¿A qué me refiero? Pongamos el ejemplo de la murga Jardín del Pueblo, de Paysandú: concursa en Montevideo, pero no puede participar en el carnaval del interior, lo que le permitiría sacar alguna ganancia. Lo mismo corre para La Clave o La Cayetana, que hacen un gran sacrificio para gestionar sus viajes y su estadía.

Una murga ganadora por departamento y una gran final nacional.

Yo lo veo. De hecho, también me consta que en todo el país se consumen mucho las transmisiones de televisión de carnaval y sería un aliciente para eventuales avisadores.

Lo que pasa es que el carnaval en general es muy conservador. ¿Qué quiero decir? Que le cuestan mucho los cambios. Y acá pongo el énfasis en el concurso organizado entre Daecpu y la Intendencia de Montevideo. Les cuesta mucho ponerse de acuerdo. Mañana pueden aparecer ideas fabulosas, pero siempre van a aparecer contrincantes fabulosos que van a preferir el statu quo, eso de “dejala ahí”. Cuando hay cambios siempre hay unos que sufren más que otros, pero deberíamos pensar en el bien del carnaval.

Hablando de cambios, en los últimos dos años la transmisión de Pasión de carnaval tuvo transformaciones significativas. ¿Cómo te adaptaste? ¿Cómo los viviste?

Lo que pasó fue que esos cambios no fueron para mejorar, fueron obligados por cuestiones económicas. De alguna manera se intentó que esos cambios se notaran lo menos posible en la salida al aire, pero quienes trabajamos en esa transmisión obviamente sentíamos la falta de personal. O sea, se le dedicó menos inversión al carnaval por recortes económicos que hubo a lo largo y ancho de Tenfield y que dejó a compañeros por el camino.

¿El carnaval fue menos rentable en los últimos años?

En esos números no entro porque no tengo la menor idea de cómo es la mecánica. No estoy en la parte comercial.

¿Y sabés cómo seguirá Pasión de carnaval?

Lo único que está claro es que este año se terminó el contrato de Tenfield con Daecpu, por lo cual sus responsables tendrán que conversar a ver qué pasa.

¿Cuál fue el personaje de carnaval más increíble que conociste?

Ariel Pinocho Sosa, sin ningún tipo de dudas, fue el tipo más increíble que conocí, con sus pros y sus contras. A Maradona, con todo lo que hizo en la cancha, no lo podés comprar sin la cocaína, comprás todo el paquete. A Pinocho lo critiqué un montón de veces y lo rezongué por algunas actitudes que también hacían a su personalidad, pero el tipo dejaba la vida en el escenario. Todavía se lo sigue extrañando en carnaval.