Cuando conocimos a Kim Geon-woo y Hong Woo-jin (Woo Do-hwan y Lee Sang-yi) eran dos jóvenes boxeadores que terminaban respaldando a un prestamista honesto (no es necesariamente un oxímoron) en una guerra desatada ante un tiburón mafioso que estaba dispuesto a quedarse con todo un barrio de una Seúl que salía endeudada por la parálisis económica que había sufrido –como ocurrió en muchas otras partes– durante la pandemia. Una suerte de buddy movie de rápida unión entre sus protagonistas –uno noble y responsable, el otro jodón y disipado–, que pronto terminaban jugados el todo por el todo para salvar a la gente humilde que llevaba adelante pequeños negocios barriales.
Pasados algunos años de aquello, la segunda temporada de Sabuesos nos reencuentra con ambos protagonistas abocados nuevamente al boxeo. Geon-woo compite por el título mundial en su peso, mientras que Woo-jin se ha retirado para ser su entrenador. Las cosas les van bien, se han conformado como una familia junto con Yoon So-yeon (Yun Yoo-sun), la madre del primero, que quiere a ambos como hijos, y disfrutan de la estabilidad tan duramente conseguida. Pero, claro, ¿qué clase de serie sería esta si las cosas no se complicaran?
La complicación llega de la mano de Baek-jeong (el cantante de k-pop Rain), un mortal boxeador propietario de un campeonato de peleas ilegales que se transmite mediante la dark web y que mueve sumas millonarias. Baek busca continuamente rivales para enfrentar y generar peleas para su pantalla, por lo que no es raro que ponga su mira en Geon-woo. Nuestro noble y recto protagonista se niega a participar y allí comienza el drama: Baek no aceptará un no por respuesta y obligará a Geon-woo a enfrentarlo, aunque para ello tenga que amenazar, atacar y hasta matar a toda su familia o seres queridos.
Pronto, amigos del campeón –entre los que brilla con luz propia Moon Gwang-moo (Park Hoon) a la vez como alivio cómico y como figura paterna– cerrarán filas para ayudarlo, mientras que el villano tendrá su propio equipo y la guerra se tornará franca y desatada en las calles de Seúl.
La premisa, como se verá, es en esta oportunidad algo más sencilla y acaso deudora del cine de artes marciales más paradigmático (asoman ecos de Kickboxer en varios momentos), pero es un cambio que funciona bien, puesto que se enfoca en aquello que le interesa contar y nada más. Sí, el melodrama asiático está presente (y los surcoreanos saben ser dramáticos), pero también es cierto que emociona cuando debe y la relación y el cariño entre los personajes salen más que bien desarrollados.
También ayuda que estamos ante una temporada de siete episodios (y no ocho, como la original), lo que no deja espacio para sobrantes. Cada minuto está bien empleado en hacer avanzar la trama, sumar algún personaje, dar un giro inesperado. No deja respiro jamás y te impulsa a maratonear la serie de un solo tirón.
Esto se debe en enorme medida a la acción. Fanáticos del cine de acción o artes marciales: dejen todo lo que estén haciendo y miren Sabuesos. Las peleas y set-pieces son tope de gama, no tienen prácticamente comparación con nada de lo que podemos encontrar hoy en día en la pequeña o gran pantalla (y si lo encontramos, seguramente sea otro producto asiático). Cada pelea aporta, emociona, entretiene y, a pesar de tener prácticamente una en cada capítulo, son todas diferentes e intensas.
Eso se construye no solo con especialistas entrenados que saben bien cómo hacer lo suyo, sino también con un guion a tono que acompaña dramáticamente cada secuencia de acción. Como buen relato surcoreano, tiene el justo grado de imprevisibilidad y uno nunca puede adivinar qué va a ocurrir a continuación, e incluso tiene que estar preparado para perder a su personaje favorito en cualquier momento.
Con estupendas actuaciones, gran ritmo, uno de los villanos más adecuadamente repugnante y temible del género acción contemporáneo y dos héroes por los que hinchar y sufrir, solo queda pedirle a Netflix un par de temporadas más de estos sabuesos que se reinventan entrega a entrega.
Sabuesos, segunda temporada. Siete capítulos de alrededor de 50 minutos. En Netflix.