Cultura Ingresá
Cultura

El padre de Bill Callahan

3 minutos de lectura
Contenido exclusivo con tu suscripción de pago

El cantautor estadounidense y su disco My Days of 58

Contenido no disponible con tu suscripción actual
Exclusivo para suscripción digital de pago
Actualizá tu suscripción para tener acceso ilimitado a todos los contenidos del sitio
Para acceder a todos los contenidos de manera ilimitada
Exclusivo para suscripción digital de pago
Para acceder a todos los contenidos del sitio
Si ya tenés una cuenta
Te queda 1 artículo gratuito
Este es tu último artículo gratuito
Nuestro periodismo depende de vos
Nuestro periodismo depende de vos
Si ya tenés una cuenta
Registrate para acceder a 6 artículos gratis por mes
Llegaste al límite de artículos gratuitos
Nuestro periodismo depende de vos
Para seguir leyendo ingresá o suscribite
Si ya tenés una cuenta
o registrate para acceder a 6 artículos gratis por mes

Editar

El último disco que Bill Callahan publicó bajo el nombre de Smog, 21 años atrás, se llama A River Ain’t Too Much to Love y contiene un puñado de canciones que prefiguran lo que vendría en las dos décadas siguientes, en esos álbumes aparecidos bajo el mismo nombre con que fuera apuntado en el registro de Silver Spring, Maryland, en los primeros días de junio de 1966. No hubo ningún corte radical en el paso de Smog a Bill Callahan porque el hombre detrás de las canciones es el mismo, pero sí comenzó a notarse una veta mucho más retrospectiva y confesional, abiertamente autobiográfica, que puede ilustrarse con el pasaje del sujeto que construye una enorme muñeca de piernas abiertas con los sujetadores, las gasas, las uñas postizas, las hebillas y los velos egipcios de su amante dispersos por su habitación (“All Your Women Things”, del disco The Doctor Came at Dawn, de 1996), al anhelo de una llave de metal que encierre todas las mentiras que ilumina al individuo que pasea a su pequeña hija en un cochecito por la calle (“Natural Information”, de Ytilaer, de 2022). My Days of 58, el flamante disco de Bill Callahan, editado a los 59 años, es su trabajo decididamente más confesional.

Al igual que ocurre con toda su obra previa, como Smog o bajo su nombre legal, en el nuevo disco se encuentran las marcas distintivas de la pluma de Bill Callahan: los brotes de humor desencajado y por momentos incómodo, los apuntes mínimos sobre una situación o una persona determinada, las sentencias metafóricas y geniales (“Es importante no tratar a tu bote salvavidas como un yate”) y las preguntas existenciales en medio de los hechos más pedestres –en un arco que va desde aquella de “Cold Blooded Old Times” (Knock, Knock, 1999): “¿Cómo puedo estar hablando y riendo/ con el hombre/ que va a redefinir tu cuerpo?”, a la que se encuentra en el centro de “Pathol O.G.”, del nuevo disco: “¿Es esto creatividad o patología?”–. También hay apuntes sobre la actualidad de la hiperconexión permanente en la sociedad que habitamos, un tema difícil de abordar en el ámbito de una canción sin que suene a mero oportunismo o a lectura demasiado centrada en el presente de la escritura. En My Days of 58 ese momento ocurre con la canción “Computer”, que dialoga muy bien con otra gema surgida en estos tiempos de likes y bots: “Why Are You On Facebook?”, de Van Morrison, de su álbum Latest Record Project, Volume 1, de 2021.

Ahora bien, en el centro mismo de My Days of 58 se encuentra la canción más personal del disco, que no solo confirma la destreza de Bill Callahan para convertir un asunto biográfico en una pieza de arte, sino que subraya su condición de finísimo escritor al hilvanar un puñado de anécdotas en una construcción sonora de cinco minutos. La canción se llama “Empathy” y el protagonista es el padre de Bill Callahan. El tema adquiere la forma de una carta a un hombre muerto, y si sus versos fueran dispuestos en el plano estructurado de un relato breve, fácilmente podría ser colocado junto a algunas obras maestras del género en la literatura norteamericana, concretamente en la sección “relatos sobre padres”: desde “Reunión”, de John Cheever’, a “La tercera de las cosas que acabaron con mi padre”, de Raymond Carver, pasando por “Las lágrimas de mi padre”, de John Updike, “Las lunas de Júpiter”, de Alice Munro, y “Una conversación con mi padre”, de Grace Paley.

En “Empathy”, Bill Callahan le recuerda a su progenitor (o más bien debería decirse a su fantasma) cuando asumió que nunca había sido un padre presente para él, y también la ocasión aquella en que se alegró verdaderamente de los triunfos de su hijo, al verlo con un cheque de 3.000 dólares por un concierto en Nueva York. Son esquirlas de vida, migajas de un vínculo del que nosotros no conoceremos mucho más, pero con las que Bill Callahan levanta los cimientos de la torre de su canción para presentarse él mismo como padre. Porque la sangre de aquel hombre poco presente en su vida sigue fluyendo por estrechos naturales hacia la de los propios hijos del que canta, porque él mismo ahora es padre, elogia la belleza de su hija, discute dos por tres con su hijo, y le termina agradeciendo al muerto aquel gesto lejano: “Todas las noches tengo que levantar una copa por tu honestidad”.

Hay una suerte de coda para “Empathy” un poco más adelante en el disco, bajo el nombre de “Lake Winnebago”, una canción engañosamente ligera, adornada por los coros casi infantiles de Eve Searls, que se inscribe en ese subgénero de composiciones en las que el cantor deja instrucciones para que sus huesos sean enterrados en un lugar específico (desde “Supplique Pour Être Enterré Sur La Plage de Sète”, de Georges Brassens, a “Higgs Boson Blues”, de Nick Cave). Bill Callahan conduce bajo el calor envolvente de Wisconsin, donde “la muerte es un horizonte brumoso”, para acampar junto al lago Winnebago, en el mismo sitio donde están enterrados sus padres. No hay grandilocuencia ahí ni tampoco gestos vagos, no hay una búsqueda profunda hacia los tembladerales de la estirpe ni un ajuste de cuentas con el padre muerto que en vida nunca le hizo mucho caso. Solo es un hombre de casi 60 años que enciende una pequeña fogata mientras las moscas hacen un enjambre a su alrededor y las olas del lago revientan junto a sus pies. Luego será el tiempo de volver a la ciudad y escribir todas esas canciones.

My Days of 58, de Bill Callahan. Drag City, 2026. En plataformas.

¿Tenés algún aporte para hacer?

Valoramos cualquier aporte aclaratorio que quieras realizar sobre el artículo que acabás de leer, podés hacerlo completando este formulario.

¿Te interesa la cultura?
None
Suscribite
¿Te interesa la cultura?
Recibí la newsletter de Cultura en tu email todos los viernes
Recibir
Este artículo está guardado para leer después en tu lista de lectura
¿Terminaste de leerlo?
Guardaste este artículo como favorito en tu lista de lectura