En la 61ª Exposición Internacional de Arte Biennale di Venezia, que se celebrará a partir del 9 de mayo, el pabellón de Uruguay presentará Antifrágil, una instalación de Margaret Whyte.
Será una obra creada in situ, un cuerpo escultórico blando que “reúne elementos provenientes de distintos sistemas, permitiendo que se influyan y transformen mutuamente. Los textiles se combinan con objetos tecnológicos obsoletos –viejas máquinas, cascos de motocicleta y fragmentos de desechos–. Juntos conforman un ensamblaje que adquiere fuerza e intensidad a través de la fricción entre sus partes”, dice en su presentación la curadora Patricia Bentancur.
“Los materiales con los que trabajo cargan historias de uso, afecto y agotamiento. Cuando se encuentran con restos industriales y tecnológicos, no ilustran fragilidad –revelan otra forma de resistencia”, afirma por su parte Whyte. Antifrágil, que será inaugurada el 7 de mayo, será el resultado de una investigación creativa en el espacio expositivo de Venecia.
Whyte llega al pabellón uruguayo luego de 16 años de representación masculina. Su presencia, la de Bentancur (que va por su cuarta curaduría en la Bienal) y la de Leonilda González como invitada en la exposición italiana posicionan al arte uruguayo en el mayor evento de arte internacional.
In Minor Keys (“en claves menores”) es la consigna de la Bienal de Arte 2026, que propone un giro hacia lo sutil: una invitación a escuchar las voces bajas, los susurros, los relatos donde no hay lugar para la arrogancia ni el estruendo. Koyo Kouoh, primera curadora de origen africano en dirigir la Bienal, falleció de forma sorpresiva en 2025. Sin embargo, su equipo continuó el proyecto y mantuvo el título. En 2022, Kouoh había dicho: “El mundo está cansado. Incluso el arte está cansado. Necesitamos sanar, reír, estar rodeados de belleza. Necesitamos jugar, poesía, amor, bailar, compartir comida. Necesitamos descansar, respirar. Necesitamos la radicalidad de la alegría”.
El arte contemporáneo tiene la capacidad de mostrar el rumbo hacia un mundo mejor. ¿Cuántas veces, al mirar la historia, descubrimos que el arte ya estaba señalando las salidas posibles y denunciando las atrocidades? No hay mejor ejemplo que el Guernica de Picasso. Quizás sea momento de que el mundo baje el volumen, aprenda de sus errores, busque nuevos caminos y, especialmente, escuche.
Errar como método
Whyte vive y trabaja en Montevideo. Es miembro de la Fundación de Arte Contemporáneo desde sus inicios. Ha recibido numerosos premios y distinciones –en 2016 fue la ganadora del Premio Figari– y ha expuesto tanto individual como colectivamente en distintos puntos de América y Europa. En 2024, también con curaduría de Bentancor, expuso Tiempo de escuchar en el Museo Nacional de Artes Visuales. Cumplió 90 años hace unos días. De complexión pequeña y ascendencia escocesa, me recibe en su apartamento en el centro de la ciudad. Al verla, muy delgada, una podría pensar que es una mujer frágil, pero estaría errada.
Llegará a Venecia en un momento delicadísimo a nivel internacional. En un mundo atravesado por conflictos, su obra propone algo simple y radical: aprender del error y elegir otros caminos. En su proceso creativo –y en la vida–, Whyte toma cada desacierto como una oportunidad. Su práctica surge de utilizar la tensión, el error y la vulnerabilidad como fuerzas creativas. Trabaja con el caos, transforma la incertidumbre en una forma poderosa y poética de resistencia que amplía nuestra manera de ver y comprender el mundo. Sus instalaciones en gran escala, textiles que se perciben como esculturas blandas, están hechas con objetos reutilizados: materiales encontrados en la calle, donaciones, restos obsoletos.
“A través de su práctica, los resignifica y los transforma en arte. Experimenta con múltiples lenguajes y soportes, creando instalaciones in situ que construyen espacios donde ontologías contingentes coexisten a través de una multiplicidad de residuos de la cultura ultracapitalista”, ahonda Bentancur en el dossier de prensa.
“Los objetos con los que trabajo los consigo, me los donan o veo; su llegada a mí es fortuita”, explica la artista. “Adapto ese objeto que tiene su propia memoria. Está obsoleto porque fue descartado, pero yo lo fracciono para integrarlo a la obra. Es el proceso que tengo que hacer: el camino difícil para que la obra se concrete. Los errores nos permiten ver otros caminos”, agrega.
“En un mundo de escombros, las claves menores son esenciales porque, si todos tuviéramos ese cambio hacia dentro, ese volver a la fuente, ese estar empático con el otro, escuchar, sería otra cosa”, reflexiona Whyte.
Tiempo de escuchar, 2024.
Foto: Pablo Bielli
Ser antifrágil implica reflexión, humildad, aceptar el error y encontrar nuevas direcciones. El concepto, creado por el ensayista y matemático Nassim Taleb, está en el núcleo de la nueva obra de Whyte. “Hay personas antifrágiles y otras frágiles”, explica la artista. “Quien es antifrágil puede sobrellevar las vicisitudes. Quien es frágil sucumbe. Yo soy antifrágil, aunque parezca frágil”, remata.
“Trabajar en clave menor es bajar el apuro, tranquilizarse, tener un espacio de silencio”, apunta Whyte, y confiesa: “Yo trabajo mucho con el error. Me guía la idea y, cuando me equivoco, analizo y busco nuevos caminos. Taleb dice que el error no es descartable: sirve para aprender. Eso es lo que hice toda la vida”.
Whyte es hija de la pintura. Fue alumna de Hugo Longa, entre otros maestros, pero tuvo que dejar de pintar debido a una intoxicación, y entonces se sumergió en el mundo de los hilos para luego pasar del tapiz al volumen. En su casa las paredes están repletas de cuadros de sus amigos artistas: Sáenz, Sabella, Jacqueline Lacasa, López Lage, Cecilia Romero, Martín Pelenur, Longa, Natalia de León, una escultura de Nora Kimelman... Es que Maggie, como la llaman sus amigos, es una artista muy querida en el ambiente.
Cambios 2026
Uruguay es uno de los tres países latinoamericanos que tienen pabellón propio en los Jardines Reales de Venecia. Desde el año pasado, el Instituto Nacional de Artes Visuales del MEC viene realizando cambios en la gestión del pabellón y la obra, en los tiempos de concurso y en la disponibilidad de recursos. Su director, Martín Craciun, explica que, además del premio, se otorga otra partida para gastos de producción y viáticos, garantizando los honorarios de los artistas que trabajan en el proyecto. Antes eran dos millones de pesos por todo concepto; ahora son 2.100.000 para producción, una partida de 450.000 para viajar y otra de 450.000 como honorarios.
Otro de los cambios sustanciales incluye la logística –aduanas, traslados, trámites–, que ahora realiza el instituto del MEC y no cada artista, y así se acumula experiencia de forma centralizada.
Voces bajas
La Exposición Internacional de Arte de la Biennale di Venezia estará abierta al público hasta el 22 de noviembre. Más allá de su eje conceptual, la Bienal no escapa a las tensiones geopolíticas actuales. Por caso, las polémicas por la participación de Rusia e Israel se arrastran desde hace meses.
En el caso de Israel, se han presentado cartas firmadas por colectivos de artistas y trabajadores del arte en rechazo a su presencia, en denuncia por las políticas hacia el pueblo palestino. Exigen el cierre del pabellón israelí “mientras continúe el genocidio”. Rusia, que no participaba desde 2019, vuelve a abrir su pabellón, lo que genera controversia entre países de la Unión Europea, y algunos manejan la posibilidad de retirar apoyos en el marco de las sanciones por la invasión a Ucrania.
Whyte confiesa que no le es cómodo trabajar en ese contexto: “Siento angustia. El mundo está en manos de unos pocos que lo están arruinando. Si destruyen la tierra con bombas, destruyen donde vivimos. Estamos al borde de un abismo. Es el final de una era y el comienzo de otra”, afirma.
Está comprometida con el antibelicismo. Quien visite el living de su casa no puede quedar indiferente ante el cuadro que pintó durante la guerra de las Malvinas. En tiempos de tantas bombas, nos propone aprender del error, transformarlo y, desde ahí, continuar.
La Bienal será escenario de expresiones diversas, y de las tensiones entre la institucionalidad de cada país y los diferentes lenguajes artísticos surgirán valiosos análisis de la situación contemporánea. Habrá que ver y escuchar ese coro de voces bajas, justo cuando el mundo no cesa de explotar.
Leonilda
La presencia de la obra de Leonilda González como artista invitada en Venecia, con sus grabados Las novias revolucionarias, de 1968-1969, posiciona a Uruguay en la escena internacional con una tradición del arte profundamente ligada a lo social y a lo colectivo. Esta participación es resultado de gestiones de la directora del MNAV, Roxana Fabius, con el cuerpo curatorial de la muestra internacional.
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