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Cultura Arte
Colectivo Diez de Cada Diez en Melo, el 8 de marzo de 2021. · Foto: Mara Quintero

Colectivo Diez de Cada Diez en Melo, el 8 de marzo de 2021.

Foto: Mara Quintero

Exposición fotográfica sobre el colectivo artístico Diez de Cada Diez a 11 años del Ni Una Menos argentino

Las acciones de las “mujeres de rojo” en un registro excepcional.

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A 11 años de la primera manifestación del movimiento Ni Una Menos en Argentina, la realidad vuelve a golpearnos con la noticia del femicidio de una adolescente de 14 años, encontrada descuartizada en un descampado en Córdoba. En este marco, la exposición fotográfica Diez de Cada Diez: 10 años, 2015-2025, que puede visitarse en la fotogalería del Espacio de Arte Contemporáneo (EAC), adquiere una relevancia especial. Es una oportunidad para observar, desde una perspectiva artística, cómo las mujeres despliegan acciones frente a la violencia machista en el espacio público, entendido como lugar de visibilidad, reflexión y encuentro.

El movimiento Ni Una Menos surgió en Argentina como una expresión colectiva frente a los femicidios y las violencias de género. La histórica movilización del 3 de junio de 2015 marcó, a nivel regional e internacional, un punto de inflexión en la agenda pública y abrió un proceso de transformación social, política y cultural que continúa hasta hoy.

Diez de Cada Diez es un colectivo de mujeres artistas que trabaja las problemáticas de género desde la performance, integrando artes escénicas, visuales, sonoras y lumínicas en espacios públicos y no convencionales, en contextos y comunidades diversos de Montevideo, Canelones, Lavalleja, Treinta y Tres y Rocha. Surgió en 2015 con la obra Diez de Cada Diez, dirigida por la artista visual Valeria Píriz, en el marco del 8 de Marzo, como respuesta al alarmante registro de femicidios en Uruguay. Desde entonces, el grupo ha sostenido un proceso de creación colectiva y autogestionada. Visten de rojo “por los carteles de alerta, peligro y porque el rojo era el color de las putas”, explica Píriz.

La muestra fotográfica reúne registros de diez años de acciones performáticas del colectivo. Tras su paso por el EAC, iniciará el 26 de junio una nueva etapa de itinerancia en la fotogalería de la Unión del Centro de Fotografía.

Cada fotografía es un cuadro, porque cada acción lo es. Como explica Píriz, “cada detalle fue pensado antes de salir en escena. Hay muchos ensayos, mucha disciplina, y es autogestión”. Aunque detrás de cada fotografía hay una gran preparación, nadie sabe realmente qué ocurrirá una vez iniciada la acción. La estética de las imágenes es rigurosa, emotiva y dramática; construye escenas en las que el cuerpo aparece como herramienta de denuncia, resistencia y memoria.

Un llamado a la acción

Irrumpir en el espacio público y poner el cuerpo puede ser riesgoso. Recuerdo una performance realizada en 18 de Julio: las integrantes, envueltas en cintas de “PARE” y casi desnudas, cortaban el tránsito, cuando un taxista, molesto por la interrupción, reaccionó con violencia. Su única preocupación era continuar avanzando frente a más de 30 mujeres artistas ocupando la calle. Cámara en mano, lo hicimos detenerse. Ojalá también se detengan los asesinatos de mujeres.

La acción se desarrollaba en el marco del Encuentro de Performance Clemente Padín; el dato es significativo porque la propuesta del colectivo oscila entre el activismo, el arte contemporáneo y el arte urbano, y dialoga con la institucionalidad a través de herramientas como los Fondos Concursables, que han financiado viajes y participaciones en encuentros feministas.

¿Por qué es arte salir a la calle con la performance? “Lo político es una cosa a nivel partidario, pero desde lo artístico permite otro diálogo que es más popular, más horizontal, abierto. Las negociaciones son otras, el arte tiene un modo de comunicar mucho más horizontal, un diálogo que afecta tanto al público como al perfórmer. La disciplina de la performance se nutre de afectar y de ser afectado, de poner al público en determinada situación, de incomodar”, dice Píriz.

Una de las intervenciones, realizada en Tristán Narvaja, fue concebida como una cruz. Vista desde arriba, cada esquina estaba ocupada por las artistas, mientras una intervenía el cuerpo de la otra a través de un texto interpretado por una actriz. “No tuvimos los recursos para sacar la foto de arriba, pero fue pensado como una cruz, y el color rojo nos distinguía de las personas que iban a comprar cachivaches”, explica Píriz.

La exposición funciona como un caleidoscopio de acciones contra la violencia de género y, a la vez, como un registro documental de “una práctica artística sostenida en el tiempo, atravesada por el cuerpo, el espacio público y la construcción colectiva”, según explica el texto curatorial. También propone, de forma más sutil, una narrativa femenina construida a través del registro de los encuentros anuales del colectivo. Una hermosa serie de fotografías tomadas cada año en el mismo balcón del TUMP muestra a las integrantes vestidas de rojo, sonrientes y orgullosas de sostener un proceso que las interpela física, emocional y políticamente.

La muestra, atravesada por una estética rigurosa y profundamente sensible, es una pequeña joya dentro de un movimiento que, como recuerda una de sus consignas, “nos quiere vivas, libres y desendeudadas”. ¿Cómo no salir a la calle?

Diez de Cada Diez: 10 años, 2015-2025. En la fotogalería del Espacio de Arte Contemporáneo. Hasta el 22 de junio.