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Spider-Man: un nuevo día: la mejor aventura de Tom Holland se balancea entre cameos y un montón de subtramas

Una historia muy comiquera contada en dos horas y media que por momentos se notan.

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El Hombre Araña es uno de los superhéroes más populares del mundo. Más allá de las historietas, que resisten dentro de su burbuja y alimentan a las narrativas audiovisuales, lleva décadas de presencia constante en el mundo del merchandising. Spider-Man (como le diremos de aquí en más) está estampado, sublimado y cosido en numerosos productos, la mayoría de ellos destinados a un público en edad escolar.

Las infancias crecen con el personaje, pero no con su folclore: algunos sabrán que detrás de la máscara está Peter Parker, seguramente varios podrán explicar el origen de sus poderes, y unos pocos conocerán la famosa enseñanza del tío Ben de que “con un gran poder viene una gran responsabilidad”. No lo señalo como algo negativo, sino para entender por qué la taquilla se doblega ante cada nueva incursión cinematográfica aunque algunos fanáticos echen espuma por la boca.

Para entender el último cuarteto de películas encabezadas por el actor Tom Holland hay que recordar que cuando Marvel salió a vender los derechos de sus personajes a los estudios de cine, ninguno de ellos mostró interés por los Avengers. Fox se agenció a los Cuatro Fantásticos y los X-Men, mientras que Sony se quedó con Parker y su elenco.

Marvel comenzó a hacer películas con esos personajes que le habían sobrado y cambió para siempre el mundo del blockbuster. Al poco tiempo llegó Disney con su billetera infinita y compró primero la empresa editorial y más tarde Fox, para ir guardando todos los personajes dentro del mismo cajón en cuanto a las apariciones en la gran pantalla. Sony, que tiene muy poco de aldea gala, lleva años resistiendo al invasor y no larga a la araña de los huevos de oro.

Tom simplifica

No vale la pena extenderse sobre las películas de personajes adyacentes a Peter Parker, porque cuanto menos hablemos de Venom, Kraven o Madame Web, mejor. En cambio, hay que hablar sobre la forma que encontraron tanto Sony como Marvel/Disney de integrar a Spider-Man a un universo que ya lleva 38 (¡treinta y ocho!) entregas cinematográficas, que incluyen cuatro películas independientes, aunque lo de “independientes” esté entre grandes comillas.

Todo comenzó en 2017 con Spider-Man: de regreso a casa, que desde su título se refirió al hijo pródigo que ahora sí jugaba en el arenero compartido. Le seguirían Spider-Man: lejos de casa dos años después y Spider-Man: sin camino a casa en 2021. Fueron éxitos de taquilla más allá de los títulos repetitivos y de no preocuparse tanto por ese folclore que desconocen los portadores de mochilas, loncheras y sudaderas.

Atrás quedaron las enseñanzas del tío Ben, el interés romántico en Gwen Stacy o Mary Jane Watson, y la mayoría de las dificultades del personaje para combinar su vida privada y su vida superheroica, que lo hacen sufrir la autodenominada “suerte Parker”. Aquello que había sido tomado con tanta fidelidad (más allá de resultados puntuales) en la trilogía de Sam Raimi con Tobey Maguire a la cabeza y las dos de Andrew Garfield acá es tomado con una libertad imperdonable para muchos.

Tom Holland es un Peter que vive con su tía May (Marisa Tomei) y que al comienzo de su historia es un adolescente, pero los guiones escaparon demasiado de sus vicisitudes comiqueras. Jamás se mencionó al tío Ben y la falta de una figura paterna fue “corregida” con la aparición de personajes de Marvel/Disney que lo asesoraban en su carrera superheroica y hasta le prestaban aparatos carísimos para ayudarlo en su lucha contra el crimen. Lejos quedaba de ese nerd que debía coser su propio traje cuando se le rompía o que vendía fotografías (¡de sí mismo!) al periódico que encabezaba una campaña pública en su contra, porque había que parar la olla en casa.

El interés romántico encarnado por Zendaya se llama MJ solamente como guiño a la Mary Jane original. De todos modos, funcionó narrativamente, quizás porque la actriz pocas veces falla y porque la química entre los protagonistas viene desde la vida real.

Pasaron entonces tres aventuras que, por la necesidad de aclarar que forman parte del Universo Cinematográfico Marvel (MCU) y justificar el reparto del botín de taquilla se convertían en un espeto corrido de personajes, subtramas y referencias. La primera giraba alrededor de la destrucción de Nueva York en la primera Avengers y exprimía a Tony Stark, la segunda lo convertía en agente libre de la organización de espionaje S.H.I.E.L.D., mientras que en la tercera compartía cartel con los dos Spider-Man que lo precedieron: Maguire y Garfield. ¿Será que alguna vez lo dejarán ser protagonista de su propia película?

Memorias del olvido

En Spider-Man: un nuevo día (Spider-Man: Brand New Day) continúa la corrección de rumbo con la que cerraban la película anterior, en la que finalmente Peter Parker sufría pérdidas y hacía sacrificios personales en pos del bien mayor. La tía May salía de escena y la pandillita que formaba con MJ y Ned (Jacob Batalon) se desintegraba porque, en pos de salvar al multiverso, el mundo entero debía olvidar que Peter Parker y Spider-Man eran la misma persona. Si eso les parece traído de los pelos, no lean la historieta en la que Peter le pide al Demonio que salve a su tía y a cambio desaparece su matrimonio con Mary Jane.

Pero volvamos al cine. Cuatro años pasaron desde el sacrificio amnésico y Peter Parker está completamente abocado a ser un superhéroe. Sufre en solitario (bien), aunque tiene un laboratorio secreto con computadoras, impresoras 3D y toda clase de tecnología que claramente no puede costear (mal). A falta de una figura paterna, tiene una inteligencia artificial (horrible) que no solamente le facilita el trabajo, sino que funciona como la típica computadora de las películas que da detalles de la trama para que se entienda (exasperante). Eso sin mencionar que Spider-Man utiliza las cámaras de reconocimiento facial de la ciudad para sus misiones (fascistoide).

De todas maneras, el arranque es promisorio, con un clip que sirve de puesta a punto de lo que ha estado haciendo el personaje desde la última vez que lo vimos. Eso recuerda a lo visto en Los Cuatro Fantásticos: primeros pasos y refuerza la posición de los estudios de mostrar su amplísimo abanico de personajes, en lugar de tenerlos entre algodones por si algún día dentro de 20 años hay una película o serie con (por ejemplo) Tombstone como antagonista.

Con una Nueva York más presente que en sus últimas aventuras, que llegaron a transcurrir en Europa, la historia posiciona a Spider-Man como un aliado demasiado cercano a la Policía. Sin ser el Batman de Adam West, que se reunía con el Comisionado Fierro y el Jefe O’Hara casi todas las tardes, hay un ida y vuelta constante con la detective Jean DeWolff (Liza Colón-Zayas) en la que una mano lava a la otra. Además de esta faceta cop-friendly, tenemos a otra de las organizaciones paragubernamentales que tanto gustan en el MCU y que hizo que alguna vez sus películas fueran acusadas de ser propaganda de los aparatos militares y de inteligencia de Estados Unidos. En este caso se trata de Damage Control, cuyo principal rol es hacer lo que la historia necesite de ella.

La primera gran escena de la película marca el tono de todo lo que vendrá después. Una tanqueta desbocada por las calles de la Gran Manzana hace que Spider-Man tenga que involucrarse, y de inmediato vemos que no es el único personaje de Marvel que anda detrás del vehículo. Punisher (Jon Bernthal), un antihéroe que recurre a métodos letales a la hora de detener a los criminales, es la primera de un montón de propiedades intelectuales con las que Parker convivirá y a las que recurrirá en busca de ayuda. Si necesita información, un escondite o consejo científico, siempre habrá un personaje del MCU dispuesto a protagonizar un cameo.

Este hecho tan comiquero termina hinchando una película que dura casi dos horas y media, y se sienten. Hay una subtrama que comienza con la tanqueta y que tiene que ver con un misterioso villano que puede controlar mentes y saltar de una a otra. En simultáneo, nuestro amigable protagonista sufre una mutación secundaria que lo vuelve peligroso para él y quienes lo rodean. También hay bóvedas secretas, personajes mantenidos al margen de la campaña de marketing y hasta una referencia a la primera película de Star Trek. Todo eso mientras lidia con la soledad y con el secreto que le oculta al mundo, pero en especial a quienes eran sus dos personas más cercanas. Es un montón.

El director Destin Daniel Cretton, el mismo de Shang-Chi y la leyenda de los diez anillos, se destaca por sobre la última camada de aventuras en croma y logra unir al héroe con su ciudad de origen. Las escenas de Spider-Man balanceándose entre los edificios de Manhattan están bien planteadas, aunque por momentos el CGI no esté a la altura. Y las peleas no decepcionan, con momentos muy destacados como el enfrentamiento contra Hulk (el posta, el que extrañábamos) o contra la banda de ninjas amaestrados.

Si Holland se recibía de Peter Parker en la película anterior, acá tiene tiempo suficiente como para sacarle jugo al espíritu del personaje. Y si bien el personaje siempre estuvo acostumbrado a hacer malabares con su vida privada y su vida pública, acá por momentos usa demasiadas pelotitas y se acerca al desfile de apariciones que esperamos en una película de los Avengers. Hay un momento en que la película parece tener un cierre, que como espectadores sabemos que no es tal, y después de eso transcurren unos 40 minutos más. Todo eso transcurre en un clima comiquero, pero puede resultar una segunda odisea de Tom Holland en muy poco tiempo.

Spider-Man: un nuevo día. 145 minutos. En cines.