Saltar a contenido
Cultura Cine, TV, streaming
DTF St. Louis.

DTF St. Louis.

DTF St. Louis: una muerte misteriosa que sirve para reflexionar acerca de la soledad y la tristeza

Un triángulo de amistad, sexo y amor sostenido por tres buenas actuaciones.

Nuestro periodismo depende de vos

Si ya tenés una cuenta Ingresá

Las compañías que desarrollan las variedades más perversas de inteligencia artificial quieren suplantar toda comunicación humana por la interacción con bots. Ya no alcanza con un veterano pillo ansioso por compartir recetas que incluyen arroz blanco; ahora hay que hacer malabares por conseguir hablar con aquel humano que antes te trataba horrible, pero que es preferible a una retahíla de unos y ceros, sin mencionar parejas virtuales, parientes fallecidos que regresan como zombis digitales y bazofia audiovisual hecha a la medida de quienes deberían sorprenderse.

Todo esto para decir que estamos más solos que nunca y en el fondo lo sabemos. Por eso hay relaciones de familia que se mantienen, ya que la alternativa de salir a buscar conexiones es aterradora. Y esa clase de personas solitarias son las que protagonizan DTF St. Louis, una miniserie de HBO Max que gira alrededor de tres adultos insatisfechos que experimentan la amistad, el deseo y el amor, tanto dentro como fuera de sus parejas. Todo termina en tragedia, como no podía ser de otra manera.

Jason Bateman es Clark, el meteorólogo más famoso de St. Louis y sus alrededores. Durante un accidentado móvil, Clark hace buenas migas con Floyd (David Harbour), quien termina invitándolo a un asado en su casa en el que conoce a Carol (Linda Cardellini). Lo que parece ser un caso conocido de triángulo amoroso que termina en una muerte misteriosa es solamente el punto de partida para conocer a estas tres personas, con una manera de contar que no nos deja terminar de acomodarnos, como un sillón con una bolita debajo de sus almohadones.

La muerte es solamente el comienzo, y no lo digo como eslogan de alguna religión organizada. Mientras se desarrolla la investigación policial, en medio de oficinas brutalistas y encuentros inexplicables en bares, una serie de flashbacks nos permite ir completando el rompecabezas de lo sucedido desde que Clark conoció a Floyd y hasta que el triángulo dejó de serlo. Lejos de ser una de esas historias de “quién lo hizo”, por más que haya interés en resolver el misterio, lo importante es el desarrollo de los personajes en la lucha eterna por sentir algo. Todo eso mientras vemos a modelos eróticos disfrazados de Indiana Jones, aplicaciones de citas, encuentros sexuales furtivos y esperamos el final de la historia de por qué uno de los protagonistas tiene el pene torcido hacia un lado.

DTF St. Louis tiene una visión muy clara. Steven Conrad es el showrunner, pero también escribió y dirigió los siete episodios. Es quien decidió colocar la bolita debajo del almohadón del sillón con imágenes recurrentes como la de Carol vestida como árbitro de béisbol, algo que no hace más que sepultar la libido de su esposo. Hay varias decisiones narrativas, de fotografía y de edición que nos recuerdan que (por suerte) hay seres humanos detrás de todo esto.

Entre temáticas conocidas, la miniserie logra ser una bocanada de aire fresco, aunque podría haber sido un poco más corta. Cuando uno completa un rompecabezas hay momentos en que ya se delinean los contornos de las piezas faltantes, y uno termina entendiendo cómo trabajan los guiones de Conrad, que periódicamente revelan que una escena que vimos antes tenía un detalle que recién conocemos ahora. De todas maneras, las grandes actuaciones son suficientes para mantener nuestra atención, si es que las redes sociales todavía no terminaron con ella.

Sí es imperdonable la sutil gordofobia ejemplificada en el buenudo de Floyd. La ficción se empeña en mostrarlo sin remera y sufriendo por su imagen física, mientras que Harbour utilizó un abdomen falso para interpretarlo y no hay una reflexión crítica que contrarreste el patetismo que arroja la serie sobre su persona.

El misterio policial tendrá respuesta, pero no esperen salir de esta experiencia satisfechos. Esto no es un reel de Tik Tok.

DTF St. Louis. Siete episodios de alrededor de 50 minutos en HBO Max.