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Cultura Teatro y danza
Rodrigo Tomé. · Foto: Ernesto Ryan

Rodrigo Tomé.

Foto: Ernesto Ryan

Miller revisitado: ¿qué convierte a alguien en delator?

El Galpón estrenó Panorama desde el puente

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Arthur Miller habla sobre migración, relaciones incestuosas y delaciones en Panorama desde el puente, que El Galpón estrenó el fin de semana pasado. La trama ambientada en los años 1950 acerca de la fragilidad de los extranjeros que, como los hermanos italianos de la obra, por falta de trabajo deciden jugarse a Estados Unidos, dialoga con los arrestos y deportaciones del ICE (el servicio de inmigración y control de aduanas) de Trump.

El equipo que programa los títulos que ocupan el gran cartel de la institución teatral sobre 18 de Julio tuvo en cuenta ese factor cuando decidió volver sobre el gran dramaturgo estadounidense la temporada siguiente al impecable montaje de otro clásico, Todos eran mis hijos (dirigida por Anthony Fletcher, en un cruce de intérpretes con la Comedia Nacional) y con el recuerdo ambiguo de una versión que en 1995 encaró David Hammond.

Panorama desde el puente.

Panorama desde el puente.

Foto: Alejandro Persichetti, difusión

En Panorama desde el puente Miller revisa, una vez más, las leyes de la convivencia o las reglas del juego posibles, las explicita en el monólogo del abogado que abre la pieza y las escenifica de adentro hacia afuera, desde una suerte de familia ensamblada, o con agregados, como se decía antes, que es el matrimonio de Eddie (Ariel Caldarelli) y Beatrice (Guadalupe Pimienta), más la sobrina de ella, Catherine (Camila Durán), hija de una hermana que falleció. El personaje de Rodolfo (Rodrigo Tomé), el más sensible de los inmigrantes que llegan a trabajar al puerto, tensiona los límites de la hospitalidad al seducir a Catherine, celada por un Eddie que primero desconfía de la afición del italiano por el canto, lo tilda de débil y arribista, y echa a andar rumores sobre su sexualidad.

“Los estibadores tenían una calidad de vida muy dura, muy árida y muy trabajosa. Me la imagino como gente muy ruda”, dice Tomé. “Entonces, este tipo que hago yo, tiene todo eso, porque es lo que lo circunda, pero también otras inquietudes, más artísticas; eso es malinterpretado”.

Si la obra original supera las dos horas, en la versión dirigida por Héctor Guido la historia se redondea en una clásica hora y veinte. Se recortó mucho, confirma el actor: “Héctor hizo hincapié en resaltar el núcleo. Hay muchos personajes pequeños, laterales, que se borraron de esta versión: unos vecinos que aparecen, la señora que termina mudando a los inmigrantes al final, unos policías que ingresan a detenerlos... Se fue a la esencia y a los dos problemas principales, la inmigración y el incesto, la endogamia, toda esa situación enfermiza del tío con Cate”.

Sorpresivamente el montaje no carece de humor: desde que la jovencita admira el “rubio natural” del italiano hasta el efecto que causan el carácter retrógrado y los estallidos de Eddie (hasta cierto punto, claro).

Foto del artículo 'Miller revisitado: ¿qué convierte a alguien en delator?'

Foto: Alejandro Persichetti, difusión

En el programa de mano no hay palabras del director de la puesta, aunque su punto de vista trasunta un extracto en el que Miller argumenta que un autor es mucho más optimista cuando escribe una tragedia: “Únicamente en las tragedias reside la creencia optimista en la posibilidad de perfecionamiento del hombre. Es tiempo de que nosotros, que ya no tenemos reyes, retomemos este hilo de nuestra historia para llevarlo al único sitio posible en nuestra época: el corazón y el espíritu del hombre común”.

Nueva generación

La mirada inquisitiva de Rodrigo Tomé, su curiosidad por los escenarios, está cumpliendo una década desde que ingresó a la que fue hasta ahora la última generación de la Escuela de Artes Escénicas Mario Galup, de El Galpón. Al egresar, bajo la dirección de Vladimir Bondiuk sobre dramaturgia de Marcos Acuña, se atrevieron a fundir vida y obra de Mario Levrero en La travesía involuntaria, en la que Tomé encarnaba a un Nick Carter que se divertía mientras conversaba con el escritor. Al año siguiente se embarcó en Proyecto Galeano, bajo la batuta del brasileño Aderbal Freire Filho.

Ahora, además de ser parte del elenco de El Galpón, Tomé está en la comisión directiva, que entre muchas cosas se encarga de zanjar hacia dónde va la programación del colectivo. Las obras de la sala grande siempre son las que más cuesta decidir”, cuenta, “porque obviamente son las que más convocatoria tienen”.

Foto del artículo 'Miller revisitado: ¿qué convierte a alguien en delator?'

Foto: Alejandro Persichetti, difusión

Protagonizar o estar en las filas de varios de esos espectáculos, incluyendo las recientes El perro del hortelano y Terraplanistas, lo confirma en un carisma que se amplía con su capacidad vocal. Tomé, que estudió Letras en la Facultad de Humanidades de la Udelar, y trabaja en recreación, empezó relativamente tarde a involucrarse con el teatro, pasados los 20 años. Hizo murga joven y siempre cantó; abandonó un poco la percusión, aunque tiene pendiente aprender otro instrumento, guitarra quizás, y eventualmente, sin urgencia, montar algún espectáculos sobre personajes históricos o adaptar a la tablas textos literarios nacionales. Piensa que su formación humanística lo ayuda a poner en contexto los materiales en los que trabaja.

Para preparar las capas que describen a Rodolfo, el galán que Miller delinea en una escena de crooner embelesando a Cate al son de “Only You”, Tomé vio videos de Elvis, pero también películas portuarias, como Nido de ratas, por sugerencia de Guido.

¿Cómo es Guido dirigiendo? “Es un compañero que conozco de las tablas y que me ha dirigido, pero también de la vida institucional. O sea, teníamos mucho terreno ganado, todo el elenco, con él. Ahí había un recorrido más fácil porque conocíamos a la persona y la cabeza que tiene para dirigir. Y como es un gran actor, cuando estudia la obra tiene muy claro cada uno de los personajes. Entonces, él te hace un trazo desde su corporalidad de cómo se lo imagina. Tiene toda su parte de trabajo de escritorio –sabe de punta a punta, se leyó todos los argumentos de Miller, nos ha dado clase de lo que es Miller y de Panorama–, pero además de lo intelectual te muestra mucha fisicalidad. Y obviamente que no vamos a hacer lo que hace él, porque es un actor único y todos somos distintos, pero te da estas herramientas”.

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Foto: Alejandro Persichetti, difusión

En cambio, cuenta, el estilo de Levón, que lo dirigió en Infierno, toma inspiración de obras plásticas, por ejemplo. “Para componer te sirve todo”, recalca Tomé. “Cuando empecé a hacer teatro descubrí que, primero, no hay un camino, que eso es lo más difícil, pero también lo más fascinante, y después que todo te estimula. Uno cuando actúa tiene que tener la percepción muy abierta”.

Panorama desde el puente. Sábados a las 21.00 y domingos a las 19.30 en El Galpón. Entradas $ 700. 2x1 para la diaria.