El uruguayo Rulo Marsicano concibió una obra que reúne a músicos, intérpretes y bailarinas bajo un mismo escenario e incluye la proyección de una película inédita de producción uruguayo-holandesa. Sus comienzos artísticos fueron como músico e integró bandas de rock, entre ellas, Sin Vuelta Atrás.
“Tocábamos mucho en Solymar porque el batero era de allá”, recuerda Marsicano en diálogo con la diaria. Se define como “un actor al que le gusta hacer música” y todavía conserva algunas grabaciones caseras de aquellos años. “Nunca más mostré nada de eso. Esta va a ser la primera vez, aunque cambié mucho los arreglos”, cuenta.
El amor y sus venenos es su creación escénica más personal: una oportunidad para reunir sus múltiples intereses artísticos y presentar un amplio repertorio de composiciones originales, con la cara pintada.
“En el teatro encuentro libertad y una paz hermosa. Tengo amigos músicos que me dicen que soy músico y otros amigos que me dicen que soy artista”, cuenta.
Formado en el Instituto de Actuación de Montevideo y becado durante un año por la Comedia Nacional, Marsicano participó en las obras Democracia en el bar, junto con su autor, Leo Maslíah, y Pura sangre, de Juandi Eirea Young. También integró los elencos de las series argentinas Barra brava, Amor animal y la segunda temporada de Coppola, cuyo estreno está previsto para octubre.
En El amor y sus venenos, que en principio tendrá una única función este miércoles en Sociedad Urbana Villa Dolores, el artista de 29 años canta, actúa y toca la guitarra en la piel de Bucle, “una especie de Pierrot que tiene una historia para contar”, adelanta. Lo acompañarán los músicos Federico Vaccaro (bajo), Manuel Curbelo (batería), Felipe Felipao (teclados) y Gabriel Orioli (violín), además de las bailarinas Emi Recoba y Mery Fierro.
“Además, en las visuales vamos a proyectar una película en la que también actúo”, subraya el creador de esta dramaturgia. Un teaser del film muestra paseos nocturnos en bicicleta, en el subte y en un restaurante. La melodía instrumental sugiere matices de tristeza, y la postal de dos enamorados deja entrever el recuerdo de una relación concluida.
La salud mental y sus viajes
La obra “nace de la necesidad de contar una historia y de un viaje reciente a Holanda; de esas andanzas y de mis canciones, algunas escritas durante ese viaje y otras guardadas durante mucho tiempo”, explica. “Con las canciones siempre he tratado de entenderme y de purgar algunos sentires. Estando allá, mientras planificaba la vuelta a Uruguay, surgió la necesidad de subirme a un escenario lo más pronto posible, de decir cosas y de encontrar la manera de construir mi relato”, confiesa.
Con esta propuesta, el actor invita al público a “ahondar en cada uno, a escucharnos”, a través de la historia de “una persona y su salud mental”. “Con el amor que todos tenemos dentro y con los venenos que todos tenemos dentro. El amor entendido no como el amor romántico, sino como el amor propio; y los venenos como toda esa otra parte con la que también convivimos, esa que a veces te dice que no vas a poder o que no sos suficiente”, profundiza. “El personaje atraviesa esos miedos irracionales y, sin querer bajar ningún tipo de línea, propone una resolución”.
El amor y sus venenos, de Rulo Marsicano. Única función: miércoles a las 21.00 en Sociedad Urbana Villa Dolores (Alejo Rossell y Rius 1483). Entradas a $ 500 en Redtickets. 2x1 para la diaria.
