En Revolución robot, Marco Caltieri apela al mecanismo de las cajas chinas para proponer un cuento “infinito”. Ese eje le sirve para tejer una historia desopilante en la que el narrador –un ejecutivo exitoso llamado Rolando– es puesto en cuestión y destronado para subvertir su cuento de antes de ir a dormir. La historia dialoga con su anterior libro para niñas y niños, El cuento de nunca empezar/El cuento de nunca terminar, en el que proponía dos versiones de Caperucita roja que iban mutando al ritmo del diálogo entre el narrador y el destinatario. Una vez más, el autor desmonta la trama de la historia para mostrar su andamiaje y ponerlo en tensión.
La estética cercana a la historieta, de trazo apurado y grueso, es el vehículo ideal para contar esta historia que se va construyendo sobre la marcha: el boceto y la disputa de las distintas voces narrativas van de la mano. Los personajes son narrados y, al mismo tiempo, disputan la titularidad de la narración. En este sentido, se vale también de las notas al pie –por lo general, destinadas a definir palabras difíciles o poco habituales– para intervenir, diversificar las voces y apelar al lector en una segunda persona que lo invita a intervenir y, sobre todo, a interpretar constantemente.
El humor es una de las herramientas fundamentales de este libro, junto con la complicidad con el lector en el punto de vista metanarrativo. Permanentemente se pone en cuestión el cuento como tal, el libro como objeto, y los personajes que son narrados –los robots que, supuestamente, en un futuro reemplazarán a los humanos en todas las tareas– toman la historia para rebelarse, declarar la revolución a la que alude el título y dar vuelta la historia.
El mecanismo de la mamoushka se pone en funcionamiento al final cuando son ellos los que toman la palabra para que el cuento vuelva a comenzar. Robots y humanos, en ese juego de historias dentro de historias, intercambian roles e inquietudes, se comunican para saber de sus experiencias vitales y dan vuelta un destino que es igualmente pernicioso para unos y otros; la revolución de los robots, así, desmonta una supuesta historia ya escrita, con un final determinado. El cuento funciona, entonces, como una propuesta de lectura (o de lecturas) en complicidad con la niña o el niño que lee o a quien le leen, como un cuestionamiento a la linealidad y un llamado a dar vuelta las cosas.
“Querido niño, no tengo muy clara la moraleja de este cuento”, confiesa el autor al final, y ni falta que hace. “Nunca confíes en nadie que hable con el dedo en alto”, recomienda. Vale como invitación para volver a la primera página y recorrer una vez más el libro para encontrarle nuevos secretos y bucear en los detalles que ofrece.
Revolución robot, de Marco Caltieri. 40 páginas. Alfaguara, 2026. $ 590.
Crear historietas
En la librería Escaramuza (Pablo de María 1185), el historietista Andrés Alberto (colaborador de Gigantes y autor de ¿Hay gallinas en el universo paralelo?, entre otros títulos) ofrece desde este mes y durante todo el año lectivo un taller de historietas para niñas, niños y adolescentes de 8 a 14 años. La modalidad de trabajo, a partir de consignas disparadoras, busca ayudar a desarrollar y potenciar la creatividad de las y los participantes. “Vamos a compartir trabajos de dibujantes y artistas de distintas épocas y lugares, y sobre todo vamos a crear y resolver historias dibujando mucho”, adelanta. Funciona los sábados de 10.30 a 12.00 y finaliza el 28 de noviembre. A lo largo del año la idea es abordar la creación y características de diferentes tipos personajes, los géneros en la historieta, diferentes estilos y formas de representación en el dibujo, la especificidad de la viñeta y algunas herramientas de guion. Por más información o consultas se puede escribir a actividades@escaramuza.com.uy o enviar Whatsapp al 091 400 034.
Olaondo en la Experimental
La compañía L’Arcaza regresa con uno de sus clásicos, Julieta, ¿qué plantaste?, basada en el cuento de Susana Olaondo. El cuento de la mulita que consigue vencer la astucia del zorro se pondrá en escena en el Centro Cultural La Experimental (Decroly 5071), en una versión en la que el humor pone la tónica y la música es protagonista, dirigida a niñas y niños pequeños. La cita es este sábado a las 17.00 y las entradas se consiguen por Tickantel.