Para encontrar el antecedente discográfico más remoto de Play Me, la tercera placa en solitario de la artista estadounidense Kim Gordon, hay que remontarse a The Whitey Album (1988), de Ciccone Youth –el proyecto paralelo de los integrantes de Sonic Youth junto con el bajista de Minutemen, Mike Watt–, y seguir la pista hasta “Kool Thing”, el mayor éxito pop del grupo neoyorquino.
Aquel cruce entre el rock, el rap y la electrónica –que homenajeaba a Madonna desde su nombre de broma– dio lugar a una historia de aspiraciones hiphoperas y desilusiones que Gordon reconstruyó años después en su autobiografía Girl in a Band: A Memoir (2015). Allí recuerda que durante su adolescencia en Los Ángeles, mientras descubría las ideas de Friedrich Nietzsche y la música de Ornette Coleman, también se volvía fan de LL Cool J y de Radio, el clásico del rap que trae “Going Back to Cali”.
Nacida en Nueva York, criada en Los Ángeles y convertida en una figura clave del rock alternativo y experimental tras su regreso a la Gran Manzana, Gordon volvió a residir en California después de separarse de su esposo y compañero de banda, Thurston Moore, y de la disolución de facto de Sonic Youth.
En Play Me, la gran referente del indie continúa la línea estética de No Home Record (2019) y The Collective (2024), y parece dialogar con ese regreso a su ciudad de crianza de forma más orgánica y fluida.
“Me gusta la espontaneidad, la improvisación. Armar una canción es como dibujar sobre unas zapatillas blancas”, dice Gordon, en una entrevista con el baterista, comunicador e investigador Questlove, sobre su método compositivo y su tercer trabajo solista junto con el productor Justin Raisen (Charli XCX, Angela Olsen, Sky Ferreira, Lil Yachty). En ese encuentro, disponible en Youtube, también confiesa que su cosa menos cool puede ser el cesto de medias desordenadas que tiene en su casa. Ambas comparaciones definen a la perfección su nueva propuesta y ayudan a espantar cualquier tipo de lectura rebuscada sobre mensajes crípticos o sentidos profundos a descubrir: una tarea que en todo caso debería quedar relegada a la escucha atenta de su “música”, en un amplísimo sentido de la expresión.
Gordon recita, canta y se hace cargo de las contadas guitarras. Raisen aporta bases de sintetizadores, cajas de ritmo, samplers y bajos digitales.
Desde su portada, un trabajo en equipo de la fotógrafa Annabel Mehran y Coco Gordon (hija de la cantante), el álbum abre un discurso de época de forma brutal. La imagen de las piernas de la artista dibujadas con las palabras "Play" y "Me" juega con los posibles sentidos del consumo, el poder, la deshumanización y la apropiación del sujeto en la era Trump.
Los mensajes de su poesía son breves y fragmentarios, frases que parecen no llevar a ningún lado, exclamaciones exaltadas y arrebatos emocionales. La música, más que a la de una fiesta, por momentos puede sonar parecida a la de un dolor de cabeza de resaca, que despierta imágenes inconexas del peor sueño REM.
El track inicial, “Play me”, engaña con unas trompetas jazzeras y en “Girl with a look” bajamos de golpe a otra ciudad sin ventanas: trae vibras de ese Sonic Youth extraño pero amigable y suena a pospunk (Gordon es muy fan de Joy Division). “No hands” es una pieza de música industrial y electrónica minimalista. “Black out” trae el rap y el trap de Atlanta y Gordon frasea sobre el desierto, la inteligencia artificial y comenzar a pensar en un epílogo.
Lo mejor del álbum llega con “Dirty tech”: sexo con una máquina y un beat que recuerda a los de Timbaland para Missy Elliot.
“Not today” es la canción más luminosa de Gordon desde los tiempos de Murray Street, de Sonic Youth, y la gran novedad de su presente. “Tengo un agujero en el corazón”, aclara, y por un rato el retrato de coyuntura global les da lugar a sus propios conflictos. “No te preocupes por el relajo, es solo mi vestido”, advierte.
En “Busy bee”, con un sample acelerado de una vieja nota en MTV, Gordon habla con Julia Cafritz sobre vengarse de los Stone Temple Pilots, y Dave Grohl se instala en la batería. Y en “Squaer jaw”, la pieza más lograda de hiphop avant garde del álbum, Gordon avisa: “Te voy a pegar una piña”.
Play Me, de Kim Gordon (Matador, 2026). En plataformas.