Fue Jorge Denevi el que dio a conocer al dramaturgo y caballero inglés David Hare en Montevideo, al dirigir Skylight, sobre una desigual relación amorosa, en 2015, en el teatro Alianza. El nombre de Hare volvió a sonar cuando la comisión artística de El Galpón buscaba deliberadamente una pieza contemporánea que tuviera algo que ver con la guerra, “porque es un tema que está presente, lamentablemente”, comenta Graciela Escuder, quien integra la comisión.
“A este autor lo conocemos más por series como Collateral que por películas que él ha escrito. Incluso vi dos veces en Netflix una serie porque me interesó, pero no sabía que era el autor”, comenta sobre el responsable de guiones que le valieron nominaciones al Oscar, como Las horas (basada en el libro de Michael Cunningham, dirigida por Stephen Daldry, 2002) y El lector (sobre una novela de Bernhard Schlink, Daldry, 2008). Escuder lo redescubrió al trabajar el montaje de La hora vertical, que se estrena este fin de semana en la sala Atahualpa.
“Él tiene una posición muy británica, antiguerra, y muy crítica de Estados Unidos. Ubica esta obra en la guerra de Irak. Lo interesante es que no está en la guerra, sino en la discusión sobre la guerra, entre una profesora de ciencias políticas estadounidense y un médico británico que podemos llamar setentista, que admiraba a la Brigada Iracunda, guerrilla urbana de tendencia anarcocomunista, y que critica mucho a Estados Unidos. Esa es la contraposición más grande que hay y es muy ideológica. Lo interesante es que habla de la guerra de Irak, habla de Bush, habla del presidente, del despacho. Hare tiene como característica poner un escenario central, que sería la discusión de la guerra, y conflictos personales de los personajes. En este caso Nadia, que interpreta Soledad Frugone, es la reportera de guerra y también es novia del hijo de Oliver, que interpreta Máximo Tenuta, que es este setentista. Ahí hay un triángulo no demasiado definido, pero sí está la posición del hijo, la del padre antiestadounidense y la visión sobre las mujeres”, dice Escuder.
La directora eligió intervenir la estructura de la pieza: “Al comienzo y al final de la obra, la protagonista se encuentra con un alumno que habla maravillas de Estados Unidos, que tiene que invadir, que tiene que reprimir y que lo tienen que seguir los otros países. Y en el final de la obra ella discute con una alumna afrodescendiente que está en contra de la guerra, que le dice las cosas muy claras. Yo me tomé el atrevimiento de hacer, como en cine, flashback y fastforward. Es una versión. La obra tiene una primera escena con el estudiante y una última escena con otra estudiante. Y en el medio está la discusión entre los protagonistas. Los hago repetir parlamentos, se vuelven a decir en el medio de la discusión que se produce en Inglaterra en un sector que sería la universidad de Yale. Interrumpo con varias de estas acciones; me pareció que era importante, pero no estoy tergiversando al autor, sino que estoy subrayando momentos claves que tienen que ver con el proceso interior de la protagonista. Porque ella va a cambiar. Sus alumnos, de alguna manera, le van a hacer cambiar su posición sobre la guerra. Incluso hay algunos temas interesantes que discuten padre e hijo: el padre es un médico y él le reprocha haber perdido tiempo en la universidad y transformarse en alguien que manda tomar agua y comer vegetales”.
Se denomina “hora vertical” al momento de crisis en que la medicina tiene que actuar en un contexto armado. “Ese es el instante, porque tiene la contradicción de salvar vidas en medio de una guerra”, dice Escuder. “Yo lo interpreto, para la obra, como un momento de cambio profundo en la vida de los protagonistas. Los conflictos internos se resuelven de alguna manera. Estos dos personas que dicen ‘tomamos una decisión’, y a veces nos olvidamos que tomamos esta decisión, como el caso de Oliver, que decidió doblar a la izquierda y atropelló a alguien con su auto. Entonces, ese es un momento de cambio de su vida”.
Foto: Alejandro Persichetti, difusión
La estrategia del dramaturgo es que cada personaje defienda una postura desde distinta distancia de los hechos; hay diferencias generacionales, está la mirada desde sus profesiones, y hay otro corte, entre quienes vivieron la guerra en primera fila y los que no. “Ella fue reportera de guerra en Yugoslavia. Es lo que relata. Y se transforma en asesora del presidente. Es muy difícil eso”, recalca la directora en referencia a la protagonista. “Es un conflicto interno que se van a plantear sus propios alumnos, y también va a surgir en la discusión. Ahí hay un cambio: sabe lo que ocurre en la guerra, es la única que la vivió”.
Escuder anota que el estreno fue en 2006 y la guerra en Irak comenzó en 2003. El espectáculo, dirigido entonces por Sam Mendes, significó el regreso de Julianne Moore a las tablas, encabezando un elenco integrado además por Bill Nighy y Andrew Scott, entre otros. “En un momento, el protagonista dice: ‘El cirujano sabe cómo va a salir la operación’, y parece que aplaudían esa frase a telón abierto, porque el que dirige la guerra sabe qué es lo que va a pasar. Y claro, está todo lo que se discute hasta el día de hoy: que los grandes empresarios destruyen para vender armas y después invierten para la reconstrucción. O sea, siempre se está pagando; la guerra se paga duro. Y el personaje de Nadia dice: ‘La política es lo que intenta reconciliar a los irreconciliables: una política frustrada se transforma en guerra’”.
La escenografía define una casa británica en la campiña. Las discusiones ocurren en el jardín durante 24 horas. “Parece una tragedia”, apunta Escuder. “Lo que hizo la escenógrafa, porque se lo pedí, fue rodearla de un camino. Entonces, en esos caminos aparecen los momentos de la universidad. Si no, tenía que montar un escritorio hiperrealista en algún lugar de la sala y después montar otro lugar. Así los actores se van superponiendo en el momento, según las escenas ocurran en un lugar o en el otro”.
La directora quería apelar a canciones populares para ubicar la acción: “Hay algunas muy conocidas y otras son propuesta de Pierino Zorzini”, quien estuvo a cargo de la ambientación musical. Sonarán los Sex Pistols, Tom Jones y “Bangladesh”, por Joan Báez: “Busqué temas que refirieran al público a la época. Quise poner más, pero hicimos una negociación con los compañeros”, reconoce.
La hora vertical. Sábados a las 20.30 y domingos a las 19.00 en la sala Atahualpa de El Galpón. 90 minutos. Entradas a $ 650. 2x1 para la diaria. Para mayores de 15 años.