Boston River fue a Chile y no se achicó. Por la revancha de la fase 2 de la Copa Libertadores, empató un partido dificilísimo ante Ñublense y ganó la llave por puntos. Luego de empezar perdiendo casi en el arranque, Agustín Anello les dio el 1-1 de la clasificación a los uruguayos.
El Bahía de Brasil, donde están los uruguayos Luciano Rodríguez, Nicolás Acevedo y Michel Araújo, será el próximo rival de Boston River. La eliminatoria tiene premio por donde se la mire, porque el ganador irá al sorteo de los grupos de la Libertadores, mientras que el perdedor jugará la instancia grupal, pero de la Copa Sudamericana. Además, por haberle ganado a Ñublense, Boston embolsó 600.000 dólares, a los que agregará otro fardo importante según en qué copa siga su historia.
1. Jugar de visitante
La idea inicial de Jadson Viera para la revancha, sumado a que la empezaba ganando 1-0 por el resultado de la ida, fue parar un equipo compacto y con líneas apretadas para no dejar jugar a los chilenos. Era un planteamiento previsible y en la cancha fue con un sistema de cuatro defensas delante del arquero Bruno Antúnez –Juan Acosta por la derecha, Marcos Gómez, Gerónimo Bortagaray y Fredy Martínez por el lateral zurdo–, el argentino Mauricio Vera fue el volante tapón, cuatro volantes poblaron la media cancha –Baltasar, Guillermo López, Felipe Chiappini y Juan Manuel Gutiérrez– y Valentín Adamo fue el único delantero. Buena idea, buena táctica, pero un gol cambia muchas cosas, y Boston River lo recibió demasiado temprano en el partido.
A los 8 minutos el jugador chileno encontró el regalo defensivo y la mandó a guardar. Una pifia grande, de esas que no se pueden tener en esta clase de definiciones. El córner fue tirado a media altura hacia el borde del área –jugada preparada, digamos–; la bocha fue para el argentino Gonzalo Sosa, que la pateó mordida pero tuvo la suerte de que pasara por los caños de Gómez, al costado de Gutiérrez, Barcia la pifió y todo ese combo hizo que Antúnez no pudiera atraparla, diera rebote y el chileno Tin Rodríguez aprovechara la pesca del día para poner el 1-0 y empatar la serie.
Inmejorable para los locales, un infierno para los visitantes. Ñublense aprovechó el envión y tuvo a mal traer a Boston River durante 15, 20 minutos más. Antúnez, irremediablemente, se fue transformando en figura, incluso salvando errores de sus compañeros que, en el afán por salir jugando, la perdían cerca del arco. En un momento Antúnez se cansó y los saques de arco fueron bombazos a dividir.
2. Por la clasificación
Luego del sofocón, el sastre encontró respiro y creencia –de sí, se puede– gracias a unos contragolpes que siempre hilvanó Juan Manuel Gutiérrez. Incluso Boston River llegó a tener un tiro libre al borde del área sobre el final del primer tiempo, pelota que se fue a la hinchada chilena que estaba atrás del arco.
Lo que faltaba por comprobar era si esa imagen un tanto mejor de los uruguayos se podía dar en el segundo tiempo. Y lo cierto fue que sí: Boston River dejó la timidez en los vestuarios, salió a presionar alto, a buscar la pelota y, con ella, a generar riesgo. Lo logró, hasta sorprendió a Ñublense, que mínimo hasta los 60 minutos de juego sólo atinó a defenderse. Adamo empezó a gravitar, también López. Agustín Anello entró por el lesionado Gutiérrez y también sumó peligro. Bien pudo empatar en ese tramo de partido: la más clara la atajó Nicola Pérez en la línea.
Aunque no pudo meterla, lo mejor que hizo Boston River fue agarrar confianza, creérsela, ver que era posible. Porque Ñublense no tuvo respuestas, no pudo hacer pie y tomar las riendas del partido. El equipo uruguayo, viéndose superior, fue mejorando con los cambios que mandó el DT, en todos los casos con intenciones ofensivas. Y Anello, que fue uno de los que entraron, tuvo premio a la insistencia. Le había quedado una y la mandó a las chapas. Son de esas jugadas que los espectadores piensan o dicen “¿para qué pateó?”, sin sospechar o pensar que cuando se patea, más allá de la exactitud, lo que se agarra es distancia, velocidad, tempo. Un minuto y medio después del “para qué pateó”, Anello se armó la jugada solo, se sacó un rival de encima y la puso abajo, contra el palo, donde tejen las arañas, dirían los viejos relatores.
3. Como los grandes
Antúnez, el arquero de Boston River, era la primera vez que jugaba una Libertadores. La pelota que atajó al final, un cabezazo al piso que sacó con el pie izquierdo, lo hizo grande al pibe.
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