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Gráfico de la semana | La evolución del mercado de trabajo y su vínculo con la pobreza

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¿Cuáles han sido los determinantes detrás de la dinámica reciente de la pobreza en la región?

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Entre 2022 y 2024 la pobreza en América Latina y el Caribe se redujo 3,8 puntos porcentuales (p. p.), según un informe reciente elaborado por el Banco Mundial.1 Esta reducción fue el resultado de la combinación virtuosa de varios factores, entre los que destacan una mayor creación de puestos de trabajo, políticas de transferencias públicas, aumento de las pensiones e incremento de los ingresos no laborales.

La contribución agregada de los nuevos puestos de trabajo y el incremento de los salarios (factores atribuibles a la dinámica del “mercado de trabajo”) explicaron dos p. p. de la caída observada en el promedio regional. Si bien las políticas de transferencias también tuvieron contribuciones relevantes en algunos países como Brasil (-1,8 p. p.) y México (-0,7 p. p.), en el promedio su contribución fue de apenas -0,2 p. p.

No obstante, la tendencia regional oculta fuertes contrastes entre países: mientras la mayoría logró reducir la pobreza, otros han corrido con distinta suerte. Entre estos últimos destacan Ecuador, Argentina y Panamá, donde se incrementó el número de personas que viven con un ingreso que no alcanza para adquirir una canasta básica de bienes y servicios (según la medición del Banco Mundial, la línea de pobreza se ubica en torno a 8,3 dólares por día y por persona).

Un poco de contexto

El período bajo análisis (2022-2024) se corresponde con la recuperación pospandemia, un shock excepcional que incrementó la pobreza de forma abrupta y generalizada. Así, a partir de la reactivación de las economías, y con la ayuda de algunas políticas públicas desplegadas, la incidencia de esta problemática comenzó a replegarse.

No obstante, luego de ese efecto “rebote”, la capacidad de continuar mejorando en este frente se ha ido erosionando. Este es el resultado, entre otras cosas, de los mayores niveles de incertidumbre y volatilidad, del menor dinamismo económico mundial, de las tensiones geopolíticas crecientes y de la menor capacidad de la región para captar inversiones. Todo esto dificulta que la región vuelva a alcanzar tasas de expansión más altas y reduce los márgenes de maniobra para desplegar políticas públicas, generando por esa vía condiciones más adversas para alcanzar logros adicionales en materia de pobreza y desigualdad.

Esto es sumamente problemático, teniendo en cuenta que en la región una de cada cuatro personas no cuenta con los ingresos suficientes para adquirir una canasta básica. En este marco, es clave apuntalar las capacidades productivas de las economías como precondición (el mayor crecimiento es condición necesaria, pero no suficiente), pero principalmente encontrar la manera de poder desplegar (financiar) políticas activas y focalizadas en la órbita del mercado laboral (que contemplen adecuadamente a los segmentos tradicionalmente más marginados) y programas de transferencias más potentes (para mitigar las privaciones en el corto plazo).

¿Cuál fue el desempeño de Uruguay durante este período?

En el caso uruguayo, la reducción de la pobreza entre 2022 y 2024 (según la medición del Banco Mundial, que no necesariamente coincide con la metodología que utiliza el Instituto Nacional de Estadística) fue de apenas 0,4 p. p. De la descomposición de esta caída se desprende que las transferencias públicas y las pensiones tuvieron una importante incidencia positiva, estimada en cerca de 0,7 puntos en conjunto. En sentido contrario, la mejora estuvo restringida por la incidencia negativa proveniente del mercado de trabajo (0,1 p. p.) y de los factores demográficos (0,2 p. p.). De esta forma, Uruguay fue uno de los países de la región en que la reducción de la pobreza fue menor, producto de la presencia de estas fuerzas contrapuestas.

Sin embargo, y más allá del análisis que hace el Banco Mundial,2 al extender el período de análisis hacia 2025 surgen algunas señales positivas para afrontar esta problemática. Concretamente, la creación de 27.000 puestos de trabajo (que en su mayoría son formales y femeninos), en conjunto con el incremento de las transferencias3 y otros instrumentos (como las becas), podría incidir en una reducción más intensa de las privaciones materiales, a pesar de que el crecimiento económico sigue siendo muy moderado.

¿Cuáles son las implicancias?

Como fue advertido, el análisis regional de la dinámica de la pobreza evidencia la importancia de las mejoras en la órbita del mercado laboral, tanto en términos de cantidades (empleo) como de precios (salarios). Estas han sido, de hecho, las fuerzas más potentes para operar sobre la pobreza en el ámbito regional.

Sin embargo, no todos los puestos generados tienen el mismo impacto, en particular en el marco de una región que se caracteriza por altos niveles de informalidad. Esta característica tiene implícita una tensión entre la capacidad de formalizar más la economía y de apuntalar el crecimiento, dado que hay unidades de actividad que, de pasar al plano formal, no podrían subsistir.

En ese sentido, el desafío pasa por generar empleos de calidad que permitan a los trabajadores y sus familias acceder a la malla de protección social, aumentando al mismo tiempo el acervo de trabajadores en sectores más pujantes cuya capacidad de agregar valor sea mayor. No se trata, por lo tanto, de un desafío solo en términos de la cantidad de empleos, sino principalmente en materia de calidad. Esto último es lo que subyace en el corazón del vínculo entre el mercado de trabajo y la pobreza.

El dilema es que se trata de un problema estructural que distingue a nuestra región del resto y que no pudo ser abordado completamente en el marco del ciclo de crecimiento excepcional que exhibieron los países latinoamericanos al influjo del “superciclo” de las materias primas (2003-2014). En otras palabras, el desafío de revertir estos rasgos reviste otra magnitud, producto de la consolidación de un mundo menos dinámico, más incierto y crecientemente fragmentado, atravesado además por una revolución tecnológica sin precedentes que abre todavía más las brechas entre los que tienen y los que no.

Joaquín Pascal, Centro de Estudios Etcétera.


  1. Tendencias recientes de pobreza y desigualdad en América Latina y el Caribe. Banco Mundial. 

  2. El desafío del empleo: por qué mejores trabajos significan mejores vidas en América Latina y el Caribe. Banco Mundial. 

  3. Gráfico de la semana. El rol de las asignaciones familiares en el combate a la pobreza, la diaria

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