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Ilustración: Luciana Peinado

Andrés Dean: las cooperativas duran más, pagan mejor y despiden menos

10 minutos de lectura
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El economista señaló que una mayor presencia de las cooperativas ayuda a una “economía más igualitaria” y contribuye a la amortiguación de los efectos asociados a las crisis.

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Los puestos de trabajo que generan las cooperativas de trabajo son más “estables” y representan mejores salarios, dijo a la diaria el doctor en Economía Andrés Dean, profesor de la Facultad de Ciencias Económicas y de Administración de la Universidad de la República (Udelar). “Lo que observamos es que las personas que trabajan en cooperativas [de trabajo] obtienen un salario levemente mayor que el que tendrían si trabajaran en una empresa común”, señaló, y precisó que esa diferencia se ubica entre 2% y 5%.

A esto se suma la estabilidad. Dean subrayó que los empleos en cooperativas son “mucho más estables”, ya que, a diferencia de las empresas tradicionales, que suelen ajustar en momentos de dificultad mediante despidos, las cooperativas tienden a sostener los puestos de trabajo y redistribuir los ingresos entre sus integrantes.

Esa lógica también se refleja en la supervivencia de las propias organizaciones. “Las cooperativas tienden a cerrar menos”, afirmó, y agregó que su tasa de supervivencia es “levemente mayor” que la de las empresas comunes.

En términos de desarrollo, Dean planteó que el cooperativismo tiene un impacto en la distribución del ingreso. Detalló que en Uruguay la brecha entre el salario más alto y el más bajo en una empresa tradicional es de aproximadamente 15 a 1, mientras que en las cooperativas esa relación se reduce a 6 a 1.

Además, destacó que el modelo cooperativo permite un acceso más amplio a la propiedad del capital, ya que los trabajadores participan directamente en la empresa. Esto adquiere relevancia en un contexto de alta concentración de la riqueza, donde, según el experto, el 1% de la población concentra el 99% de la propiedad empresarial.

¿Cuál es hoy el peso de la economía social en Uruguay en términos de PIB y de empleo?

No es fácil de saber porque, para empezar, el concepto de cuáles son los emprendimientos que conforman la economía social y solidaria no es trivial de definir. Además, está conformado por distintos tipos de organizaciones; capaz que las más conocidas son las cooperativas, pero también hay otro tipo de emprendimientos.

Por lo tanto, conseguir datos de todo eso no es algo sencillo. En el caso de las cooperativas, es un poco más fácil al estar definidas legalmente. En ese sentido, la ley en Uruguay establece qué es una cooperativa en sus distintas modalidades, ya sea de trabajo, de vivienda, de ahorro y crédito, etcétera. Pero, en el caso de las otras organizaciones que conforman la economía social y solidaria, no se definen dentro de las formas jurídicas uruguayas.

Y con respecto a las cooperativas, ¿hay alguna medición en términos de PIB y de empleo?

Sí, las cooperativas, en general, tienen una presencia menor en el conjunto de la economía. El último informe del Inacoop [Instituto Nacional del Cooperativismo], con datos de 2024 y que empezó a salir regularmente hace unos pocos años, tiene buena información sobre las cooperativas en general. Según este reporte, en Uruguay había cerca de 30.000 personas trabajando en cooperativas, lo que representa un poco más del 1% sobre el empleo; no llega al 2%.

La importancia de las cooperativas no radica tanto en el número de personas que trabajan ahí, sino en el tipo de rol que cumplen y en que ofrecen otras formas de organizar la producción y el consumo.

¿Qué tipos de actividades concentran hoy la mayor parte de las cooperativas?

Eso ha ido cambiando con el tiempo. Mi especialidad son las cooperativas de trabajo, y en ellas ha habido un cambio bastante importante en las últimas décadas. En la década de 1990, la gran mayoría de las cooperativas de trabajo se dedicaban al transporte y también había una fuerte presencia de cooperativas en el sector industrial.

No obstante, en los últimos 20 años eso ha cambiado. Las nuevas cooperativas que se han ido creando lo han hecho en sectores de servicios, muy pocas en transporte, y el peso de las industriales todavía está, pero es menor que antes. Se están creando muchas cooperativas de servicios y, en particular, las que requieren trabajo calificado.

¿Hay alguna estimación de cuál es el peso que tienen o de cuántas se han creado en los últimos años?

Las cooperativas que se crearon en los últimos 20 años en sectores que requieren mano de obra calificada representan el 40% de las nuevas cooperativas de trabajo.

¿Cuáles son las principales dificultades que están enfrentando estas cooperativas?

Tenemos muy poca información sobre esto y es una de las cosas en las que el rol del Consejo Consultivo [de la Economía Social y Solidaria, que se instaló el 16 de abril] y en particular la presencia de la Udelar en él puede ser importante, porque uno de los temas que tenemos para investigar es la escasa información que hay. Este tipo de preguntas son de difícil respuesta debido a la falta de datos.

El último informe del Inacoop, que se basa en datos de la seguridad social y en los registros de las historias laborales, tiene información sobre la cantidad de trabajadores, el género, la edad, la rama en la que están las empresas y su ubicación, pero no mucho más. Por ejemplo, no incluye información sobre los niveles educativos de los trabajadores, sobre las formas en que están organizadas las empresas, sobre sus niveles de inversión o de acumulación de capital, sobre sus dificultades; en fin, todo ese tipo de información no está en esos datos. Para tener información se requiere hacer encuestas específicas, y en Uruguay no se han hecho en los últimos tiempos. En el Instituto de Economía hicimos algunas, pero hace 15 años.

Aun así, en la academia se han hecho algunos estudios con algunas empresas y algo se sabe. Uno de los problemas que más se menciona entre los que tienen las cooperativas es la comercialización. En general, son creadas por trabajadores y trabajadoras que tienen algún tipo de conocimiento sobre cómo producir algo, pero muchas veces se les dificulta a la hora de salir a vender el producto.

Otra dificultad que es mencionada con frecuencia por las personas que integran las cooperativas de trabajo son los problemas de financiamiento, de acceso a capital de giro, a mantenerlo y a contar con una inversión estable. Hay distintos motivos para que esto ocurra, pero uno de ellos es que hay cierta discriminación del sector financiero hacia las cooperativas porque las consideran extrañas, porque implican otros mecanismos de toma de decisiones. Esto también sucede porque muchas veces quienes integran las cooperativas son, a diferencia de lo que ocurre en una empresa capitalista, personas que suelen tener una riqueza más reducida, y eso vuelve más difícil conseguir garantías que faciliten la obtención de un crédito.

Andrés Dean.

Foto: Alessandro Maradei

Una de las principales medidas que se tomaron en los últimos años para facilitar el acceso al financiamiento de las cooperativas fue el Fondes [Fondo para el Desarrollo en Uruguay], que se creó durante el segundo gobierno del Frente Amplio [2010-2015]. En su primera etapa dio créditos con facilidad a unas cuantas cooperativas, pero duró poco tiempo, ya que fue bastante controvertida su primera gestión.

Después, cuando llegó el tercer gobierno del Frente Amplio [2015-2020], se reformó el fondo y se resolvieron problemas de gobernanza y funcionamiento interno que eran importantes. Pero otro problema que vino con esa acción es que se redujo de manera muy importante la cantidad de recursos con los que contaba el Fondes y desde entonces tiene muy pocos, por lo que no se ha transformado en una puerta de solución a los problemas de financiamiento que tienen las cooperativas.

Me imagino que esta dificultad para tener datos también es uno de los desafíos para visibilizar la importancia de este tipo de economías alternativas en el mercado.

Sí, sin lugar a dudas. Las cooperativas y en general las empresas de la economía social y solidaria, como organizaciones que funcionan distinto que las empresas capitalistas, son de interés por plantear una alternativa para todas las personas. A mí me interesa justamente explorar la posibilidad de otras formas de organización que permitan que la economía, la sociedad en su conjunto, tenga resultados más justos, más igualitarios. Por esa razón ya son interesantes, aunque sean minoritarias. Hay que ser conscientes de que operan en una economía que funciona en general con otras reglas y tienen dificultades para insertarse.

¿Qué tipo de empleo están generando estas cooperativas? ¿Es de buena calidad, es resiliente en contexto de crisis?

De eso sí hay datos. Un número muy importante de las cooperativas que se han creado en los últimos años fue en sectores que demandan mano de obra calificada. Eso es algo bueno para el desarrollo de las cooperativas y de la economía en su conjunto por el tipo de empleo que se genera.

Además, son empleos que ofrecen mayores salarios que los que obtendrían esas personas en empresas comunes. Hemos comparado a los trabajadores y trabajadoras de las cooperativas viendo cuáles son sus trayectorias laborales y cómo cambian sus ingresos según el tipo de empresa. Lo que observamos es que las personas que trabajan en cooperativas obtienen un salario levemente mayor que el que tendrían si trabajaran en una empresa común. No es mucho mayor, estamos hablando de 2%, 3%, 4%, 5%. Pero el hecho de que tengan empleos con mejores salarios es algo positivo para las cooperativas.

Además, esos empleos son mucho más estables. Esa es una diferencia muy importante, ya que implica que es mucho menos probable que una persona sea despedida. Las empresas comunes, en momentos de dificultad, lo que suelen hacer es ajustar resolviendo sus problemas despidiendo a trabajadores, mientras que en las cooperativas lo más común es evitar el despido: prefieren ajustar los ingresos apretando el cinturón entre todas las personas que integran la cooperativa, lo que implica que los empleos sean más estables.

Asimismo, las cooperativas son organizaciones más estables que las empresas comunes. Con eso me refiero a que son empresas que, en comparación, tienden a desaparecer menos, a cerrar menos. La sobrevivencia de las cooperativas es levemente mayor que la de las empresas comunes. Por lo tanto, duran más tiempo, ofrecen empleos más estables y salarios levemente mayores.

¿Eso implica que puedan ser una alternativa real frente a la precarización laboral?

Sí, sin lugar a dudas. También tienen menores niveles de informalidad. La definición de precariedad en general se refiere a empleos mal pagados y a inestabilidad. En el caso de las cooperativas, ofrecen una mejor alternativa en todas esas dimensiones de la precariedad laboral. Los empleos en estas organizaciones son claramente menos precarios que los de las empresas comunes.

Eso que usted está diciendo no parece ser algo conocido o que esté en el imaginario colectivo...

Estoy de acuerdo contigo. Algunas encuestas de medición que se han hecho sobre cómo la gente percibe las cooperativas, como las de la Usina de Percepción Ciudadana, muestran que las cooperativas tienen relativamente buena imagen en la ciudadanía, pero, aun así, en los medios a veces se maneja la idea de que las cooperativas son organizaciones más ineficientes o que tienden a fracasar más que las empresas comunes, pero no hay ningún tipo de evidencia que sustente eso.

Sí ha habido algunos casos mediáticos en los últimos años que no han ayudado, algunas cooperativas que han cerrado y que han tenido bastante prensa. Además, la primera gestión del Fondes fue equivocada en el segundo gobierno del Frente Amplio, porque otorgó muchos préstamos a empresas que no estuvieron bien evaluadas en su viabilidad. Todo eso tuvo mucha presencia mediática. Pero, en realidad, lo que observamos en los datos es que las cooperativas tienden a sobrevivir tanto o más que las empresas comunes.

¿Qué acciones debería impulsar Uruguay para fomentar la creación de cooperativas?

Se debería fortalecer el rol del Fondes, facilitando el acceso de financiamiento a las cooperativas. Otra medida es la que se ha observado en otros países, donde las cooperativas crecen más cuando conforman conglomerados. En Uruguay ha habido políticas que han tratado de conformar conglomerados de empresas comunes por ramas de actividad, por ejemplo, en el sector audiovisual. Se podría desarrollar políticas similares para crear lo que se llaman conglomerados de cooperativas. No es algo fácil, pero sería muy bueno.

Por otro lado, uno de los motivos por los que se crean menos cooperativas de las que se podrían conformar en Uruguay es que muchas veces las personas que salen del sistema educativo ni siquiera tienen presente que existe la posibilidad de crear una cooperativa como salida laboral o sumarse a una. Eso sucede porque gran parte del sistema educativo no las incluye. En eso el Inacoop tiene un rol; ha logrado avances, pero hay espacio para seguir avanzando.

Otra iniciativa es promover las incubadoras de cooperativas. Hay experiencias pequeñas en el país. Uno de los problemas del diseño de las políticas en Uruguay es que muchas veces se busca que las cooperativas hagan lo que no quieren hacer las empresas capitalistas. Por ejemplo, se busca preservar los emprendimientos de empresas capitalistas que se funden. Cuando hacemos eso, mandamos a las cooperativas a la guerra con un tenedor, porque a veces no son rentables.

Frente a esta situación, Incubacoop [Incubadora de Emprendimientos Cooperativos] es una política que lo que ha hecho es tratar de crear cooperativas en los sectores a los que les está yendo bien, son dinámicos y tienen probabilidades de crecer.

¿Qué rol deberían jugar las cooperativas en una estrategia de desarrollo de país?

Creo que tienen un rol muy importante. Por un lado, por el tipo de empleos que crean, que son más estables y con mejores ingresos. Además, ayudan a que la economía sea más igualitaria. Hay abundante evidencia en Uruguay y en el mundo de que son empresas más igualitarias. En Uruguay, según las mediciones que hemos hecho, en una empresa común la persona que gana más, en comparación con la que gana menos tiene una diferencia de 15 a 1. Esa diferencia, en las cooperativas, es de 6 a 1.

En la medida en que para nosotros sea un valor reducir los niveles de desigualdad en la economía, una mayor cantidad de cooperativas ayuda a crear una economía más igualitaria e integrada no solo en términos de distribución del ingreso, sino en términos de la distribución de la riqueza, porque un trabajador que forma parte de una cooperativa está accediendo también a la propiedad del capital de la empresa, lo cual es algo muy poco común, porque la riqueza empresarial está muy concentrada, incluso más que el ingreso. Las mediciones muestran que la propiedad de las empresas está tan concentrada que el 99% de la riqueza de esas empresas lo tiene el 1% de las personas, lo cual es altísimo.

Además, las cooperativas tienden en promedio a expulsar mucho menos trabajadores en momentos de dificultad. Eso es muy importante en los momentos de crisis. Esa situación se observó en Uruguay durante la crisis de 2002 y en el covid-19: la cantidad de empleos y empresas que cerraban durante esos períodos, en el caso de las cooperativas, fue muchísimo menor.

Por lo tanto, una mayor presencia de cooperativas en la economía no solo crea una sociedad más igualitaria e integrada, sino que además permite suavizar los efectos negativos de las crisis económicas.

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