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Pablo Osow, el 11 de febrero, en el Auditorio Nacional Adela Reta.

Foto: Gianni Schiaffarino

Burnout docente: el desgaste emocional de los profesionales de la educación como una situación a atender

3 minutos de lectura
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En el marco de Proeducar, Pablo Osow analizó el impacto de este síndrome en los ámbitos educativos y compartió herramientas para evitar alcanzar ese estado.

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El término burnout es definido por la Organización Mundial de la Salud (OMS) como un síndrome “resultado del estrés laboral crónico que no se ha gestionado con éxito” y que se caracteriza por interferir en tres dimensiones de la vida de una persona: sentimientos de agotamiento o pérdida de energía, sentimientos de negativismo respecto del trabajo, y reducción en la eficacia profesional.

Según el organismo, es considerado un síndrome porque “se refiere específicamente a fenómenos del contexto ocupacional” y no está clasificado como una enfermedad o una condición de salud.

Este miércoles, durante el evento Proeducar, organizado por la Asociación Uruguaya de Educación Católica (Audec), Pablo Osow, profesor de Filosofía y Ciencias de la Educación en Argentina, que también trabaja liderando equipos y acompañando emprendimientos sobre la labor de la enseñanza, participó en el encuentro para brindar un espacio de diálogo sobre el burnout dentro de la práctica docente.

En esta edición de Proeducar, la organización planteó poner el foco en la salud mental en el ámbito educativo, abordada desde tres dimensiones: el bienestar de los educadores, la convivencia entre pares, y la alianza entre la familia y la institución.

Durante la instancia se abordó el concepto de agotamiento en el ámbito laboral a partir de las tres dimensiones definidas por la OMS, con el objetivo de repensar la práctica docente y avanzar hacia un modelo en el que no sea necesario vivir en función del trabajo ni asumir como propias responsabilidades o situaciones que exceden el rol y el control individual dentro del ámbito laboral.

Osow planteó que existen distintos factores que contribuyen a que esta saturación de agotamiento sea una señal de que en la vida de la persona “algo no está funcionando”, como resultado de la información “que llega” de manera constante a los docentes y que “no deja de llegar”.

En cuanto a uno de los factores influyentes sobre el síndrome, que implica sentimientos negativos con respecto al trabajo, Osow compartió que, según la OMS, este se atribuye a un sentimiento de “despersonalización”. Según completó, ello indica la desconexión con uno mismo, lo que implica un accionar “en piloto automático”, sin percatarse de lo que realmente se está sintiendo.

A su vez, Osow explicó que el cansancio emocional se manifiesta como enojo, ansiedad, vacío o la percepción de que lo que se hace no tiene sentido, algo que surge cuando las emociones no dejan de trabajar. Como ejemplo, mencionó la sensación de que el esfuerzo no guarda relación con los resultados y de que “da lo mismo” lo que se haga. No se encuentran estrategias para atender los desafíos que requiere el trabajo, y se instala la idea de que “nada vale la pena”, algo a lo que se refirió como “la peor tragedia de nuestra cultura”, que sucede cuando se rompe el vínculo entre esfuerzo y logro.

Por otro lado, el docente compartió una investigación de 2015 realizada por la Universidad Católica del Uruguay, que con base en la participación de 279 docentes de un liceo público de Montevideo refleja algunas causas por las que el burnout podría aparecer: cantidad de horas semanales que se dedica a la tarea laboral; la sobrecarga de tareas; la escasez de recursos con relación a la demanda; insuficiencia en la formación docente, y dificultades en la comunicación con los equipos directivos.

También mencionó cifras del Instituto Nacional de Evaluación Educativa que indican que cerca del 30% de las inasistencias docentes en 2017 se debieron a razones psíquicas.

Más allá de las limitaciones en los recursos, subrayó que uno de los factores más frecuentes para la suma de agotamiento es la sensación de impotencia frente a contextos de vulnerabilidad, violencia o problemáticas familiares complejas. Muchos docentes, afirmó, se sienten superados ante demandas que exceden lo estrictamente pedagógico.

¿Qué prácticas se podrían incorporar para evitar llegar al agotamiento extremo en la docencia?

Para esto, Osow planteó una serie de herramientas para incorporar y evitar este desgaste. Por un lado, propuso distinguir entre un “lenguaje que cierra posibilidades”, centrado en la explicación, la queja y la resignación, y un “lenguaje que abre posibilidades”, orientado a la acción y a la construcción de futuros distintos.

El primero, según explicó, refiere a un lenguaje descriptivo que conduce a un estado de ánimo de resignación, donde se asume que nada puede cambiar. El segundo –lenguaje descriptivo– invita a preguntarse qué más se puede hacer, qué alternativas no se han intentado y qué pedidos concretos pueden formularse dentro de la comunidad educativa. Sobre este último, indica que sería apropiado incorporarlo.

En ese sentido, también alentó a pasar de la queja al pedido y solicitar formación en comunicación efectiva en los centros educativos, generar instancias de retroalimentación positiva con los equipos directivos, promover espacios de intercambio entre docentes y ofrecer herramientas de gestión emocional, especialmente para el manejo del enojo y la ansiedad.

También destacó la importancia del acompañamiento profesional y sostuvo que es necesario destinar recursos económicos a estas instancias, ya que se trata de una problemática que requiere atención. En ese sentido, afirmó que “vale la pena” invertir en estos procesos, porque es fundamental “ser acompañados”.

Por último, se refirió a la necesidad de empezar a practicar el “decir no”, una acción clave para gestionar mejor las exigencias laborales y habilitar un espacio de “desconexión laboral”. Esto, explicó, permite poner la atención en otros ámbitos de la vida, mejorar la calidad del descanso y, en consecuencia, alcanzar un mayor bienestar.

El evento, con sede en la sala Adela Reta, finaliza a las 17.00 de este miércoles y contará con más espacios de diálogo e intercambio sobre las prácticas docentes y la salud mental vinculada a la educación.

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