Los estudiantes agremiados del liceo 26 Líber Falco, ubicado en el barrio Jacinto Vera, se movilizaron este martes para denunciar situaciones de violencia que, según expresaron, viven a diario en la puerta del centro educativo, que recibe a estudiantes de bachillerato.
En ese sentido, estudiantes del gremio dijeron a la diaria que durante las últimas semanas se registraron distintas situaciones de violencia y conflictos en el entorno del liceo. Según relató Mauricio Samurio, integrante del gremio estudiantil, personas ajenas a la institución suelen circular por la explanada del centro educativo, donde también se han llegado a producir robos a los estudiantes.
Además, Samurio manifestó preocupación por situaciones violentas que ocurren durante los recreos y que luego son difundidas entre estudiantes en videos y mensajes en grupos de redes sociales; agregó que se genera “morbo” en torno a esta situación. A su vez, junto con Cecilia Sención y Claudio Acebo, también estudiantes del liceo adheridos a la movilización, cuestionó la naturalización de estos episodios, que ya forman parte de la cotidianidad del liceo.
Por otra parte, los estudiantes señalaron problemas vinculados a la seguridad edilicia del centro educativo. Denunciaron que durante el fin de semana el liceo sufrió un robo en el que se llevaron equipos de aire acondicionado y objetos de la sala de profesores. En ese sentido, sostuvieron que existe una “falta general de seguridad”, tanto por la ausencia de personal como por las condiciones de infraestructura del liceo. “Los estudiantes lo sentimos y no creemos que podamos vivir así”, expresaron.
En cuanto a las respuestas que dieron hasta el momento las autoridades del centro, indicaron que se han hecho talleres y charlas de concientización. Sin embargo, desde el gremio entienden que esas medidas “no son suficientes” frente a situaciones de violencia que, según sostienen, continúan ocurriendo.
En ese marco, explicaron que uno de los principales reclamos a las autoridades de la Administración Nacional de Educación Pública es la creación de un cargo completo de portería, ya que, según señalaron, actualmente solo cuentan con portería en el turno vespertino, a pesar de que el liceo tiene actividad en tres turnos: mañana, tarde y noche. Esta situación facilita el ingreso y la salida de personas ajenas al liceo, entienden los estudiantes.
A su vez, contaron que otra de las medidas implementadas por la dirección del centro fue mantener cerradas las puertas de la institución durante el turno vespertino, pero esto impide que los estudiantes puedan salir durante los recreos, incluso para “comprar algo o tomar aire”, expresaron. Desde el gremio consideraron que esta resolución no soluciona el problema de fondo y reclaman “ser escuchados” y obtener respuestas “concretas” ante la situación. Al mismo tiempo, afirmaron que el cargo de portería ya había sido pedido en tres ocasiones y la única solución que se logró fue que el portero permanezca cuatro horas de la jornada estudiantil.
En ese sentido, sostuvieron que ante los episodios de violencia se requiere “un sistema de contención” para los estudiantes. Según afirmaron, además de las horas de portería, falta atención psicológica y de equipos multidisciplinarios que puedan abordar la problemática. Además, aseguraron que no es una situación que ocurre solo en el liceo 26, sino que atraviesa a otros centros educativos. “Falta presupuesto para la contención de los chiquilines”, remarcaron, y subrayaron que suman entre sus pedidos la necesidad del aumento presupuestal del 6+1% del producto interno bruto para la educación y la investigación.
“No nace de un capricho estar concentrando, sino de una necesidad básica: tener integridad física y mental dentro de un espacio educativo”, señaló Samurio. Más allá de que la movilización parte de estudiantes agremiados del liceo, Sención señaló que esta preocupación existe a nivel general en el estudiantado, sobre todo en aquellos que concurren en el turno vespertino, que es donde se ha generado la mayor cantidad de situaciones de violencia.
A su vez, los estudiantes aseguraron que la concentración que mantuvieron significa un primer paso para “ser escuchados”. Ante quienes buscan “culpables”, los adolescentes creen que “si la violencia tiene un culpable, ese culpable no está acá” y que, en este caso, la comunidad educativa no debería hacerse cargo de un problema que la trasciende, mientras busca “contener y apaciguar desde lo poco que tiene”.