Mucho se viene hablando en los últimos años de la importancia de una psicología feminista o terapia con perspectiva de género, interseccional, sensible al trauma y a las distintas vulneraciones que atraviesan a las mujeres y disidencias en las sociedades patriarcales. El proyecto Casa Mundanas nació hace casi 14 años en Chile para dar un paso más al proponer la terapia situada feminista como una estrategia terapéutica, pero también política y de transformación social.
Desde su creación en 2012, en Concepción de Chile, hasta el día de hoy, con la sede en Santiago, Casa Mundanas multiplicó y diversificó los distintos proyectos de terapia feminista que tiene en marcha. En la actualidad, el núcleo central de la propuesta –que en su sitio web se define como “feminista y lésbico situado en el feminismo autónomo, materialista, radical, antirracista y de la diferencia sexual”– está constituido por la Escuela Autónoma y el Centro Terapéutico. Además, desde 2017 lleva adelante la Radio HumedaLes, en 2020 lanzó la revista de terapia feminista Mundana —que este año irá por su séptimo número— y en 2022 publicaron su primer libro Desobedecer para sanar, a través de la incipiente editorial Mundana.
En la primera edición de la revista, el colectivo de mujeres señala que la terapia feminista “se plantea desde una comprensión situada y crítica del contexto histórico, social y político patriarcal; y se declara antimisógina, antirracista y antipatriarcal”. En ese sentido, las responsables destacan que la propuesta “busca captar cada vez más terapeutas comprometidas en trabajar por la recuperación del espacio terapéutico como un lugar seguro al que puedan acudir mujeres, lesbianas y otras a sanar las heridas derivadas de la resistencia y para fortalecer su amor propio, el significado de sí mismas, la relación con su cuerpo y genealogía, entre otros aspectos”.
Más de 300 mujeres de Chile y otros países de América Latina como México, Guatemala, Colombia, Ecuador, Perú, Bolivia y Argentina pasaron por la escuela de formación en estos 14 años, aseguró a la diaria Zicri Orellana Rojas, psicoterapeuta, investigadora y cofundadora de Casa Mundanas. En tanto, otras 500 se acercaron al centro terapéutico en el último quinquenio.
La escuela de formación
Orellana especificó que la escuela cuenta con distintos tipos de formación y afirmó que, en este momento, se están desarrollando dos. Por un lado, la formación en terapia situada feminista, que tiene una versión presencial y otra online para las estudiantes de otros rincones de América Latina. Durante cuatro cursos trimestrales, a través de “la autoconciencia y metodologías que integran teoría y pensamiento feminista”, en estas instancias “se construye colectivamente el sentido político del acompañamiento en terapia, tanto individual como grupal”, detalla el sitio web.
Por otro lado, hay un curso “diseñado para terapeutas, acompañantes de grupos, dirigentas y activistas que buscan herramientas prácticas, lúdicas y políticas para el trabajo grupal desde una perspectiva feminista”.
“Es la primera escuela de terapia feminista en América Latina y es una escuela que se construye de forma comunitaria, con el propósito de formar terapeutas en las que la formación pase primero por ellas mismas, por su cuerpo”, puntualizó la cofundadora de Casa Mundanas. “Nuestra propuesta es la transformación de las mujeres; si tú quieres acompañar a mujeres a que se transformen, tienes que transformarte tú primero”, agregó.
No es necesario tener una formación previa en psicología, aclaró Orellana, porque la escuela “es para mujeres que acompañan a mujeres; puedes ser activista, puedes ser dirigente vecinal, líder territorial que te toca acompañar a mujeres, puedes ser profesora, abogada y hasta ingeniera”; el abanico “es amplio”.
El centro terapéutico
El equipo de 12 terapeutas que hoy trabaja en el centro se propone “acompañar desde una posición teórica-política feminista, centrada en la recuperación del cuerpo, la memoria, el deseo y la justicia, en función de promover el buen vivir de las mujeres a nivel individual, relacional y público”. En esa línea, busca “acompañar desde la terapia situada feminista, integrando esta posición política con una gran diversidad de herramientas metodológicas para acompañar a integrar, revisar y sanar nudos y heridas derivadas del daño material y moral a las mujeres y niñas sobrevivientes a la cultura patriarcal”, expone Casa Mundanas en la página web.
“Lo que hacemos es una recuperación de genealogía feminista”, explicó a la diaria Tatiana Huisca, psicoterapeuta y actual coordinadora del centro. “Hemos ido estudiando, sistematizando y recuperando el pensamiento de distintas mujeres desde el feminismo de la diferencia, feminismo materialista, autónomo, antirracista, comunitario, territorial, para poder ofrecerlo desde la terapia. Entonces, cuando acompañamos mujeres, nos diferenciamos de la terapia y de la psicología tradicionales porque nos situamos desde la idea de que el malestar de las mujeres tiene que ver con un contexto, tiene que ver con las violencias que afectan nuestro cuerpo y nuestra salud”, profundizó.
Orellana agregó que otra característica de la terapia situada feminista es que “la terapeuta se sitúa también como una mujer que ha sufrido la opresión y la violencia estructural”: “Nosotras, como terapeutas, tenemos una cierta complicidad porque también nos ponemos en ese lugar, también somos sobrevivientes, y esto te da un lugar distinto en la relación terapéutica. No estás en un lugar de poder, en un lugar neutro, sino que tú también compartes esa experiencia de la violencia y, sobre todo, esa sobrevivencia”.
Entre la diversidad de terapias ofrecidas, están la psicoterapia feminista, la psicoterapia en relaciones y parejas lésbicas, la psiquiatría, la terapia grupal, la arteterapia individual y grupal, terapia floral, biodanza y asesoría jurídica.
Consultada sobre si el centro está orientado a tratar problemáticas concretas que enfrentan las mujeres –como, por ejemplo, distintos tipos de violencia de género–, Huisca aseguró que el acompañamiento “es más amplio”, aunque aseguró que sí tienen “una formación muy específica en la violencia sexual hacia las mujeres”.
“Hay una mirada de acompañar sobrevivientes, lesbianas, grupos específicos de mujeres que están en una situación de mayor riesgo y en eso también hay un foco de acompañar a activistas”, complementó Orellana. En esa línea, dijo que hacen acompañamiento a “grupos activistas, a defensoras de la tierra y de las aguas que están en territorio en este momento y lo hacemos de manera individual y de manera grupal”. Al mismo tiempo, resaltó que, si bien el “núcleo” en Casa Mundanas es el equipo de 12 terapeutas, “en la medida en que las mujeres van terminando su formación, forman parte de una gran red de terapeutas a nivel latinoamericano que también sostienen” en sus distintos territorios.
Para Huisca, uno de los principales aportes de la terapia feminista es lograr que las mujeres “se puedan independizar materialmente y simbólicamente de las estructuras que las oprimen”. “Obviamente, a veces es difícil con los contextos de vida que tienen, pero la idea es que las mujeres puedan salir de esos espacios que las inferiorizan, las enferman y les dan malestar. Entonces, trabajamos mucho en la autonomía y eso lo promovemos en el encuentro con otra”, apuntó la psicoterapeuta, y remarcó que “a veces no basta la terapia individual” para lograrlo y las mujeres requieren de “espacios donde reafirmarse y fortalecerse, y la terapia grupal ayuda mucho a eso”. Además de la autonomía, Orellana agregó que otra variable “súper importante” es “la vinculación con el goce y con el placer”.
Tender puentes
Orellana y Huisca visitaron por primera vez Uruguay en noviembre de 2025, cuando viajaron para participar de “In[ter]disciplinadæs”, el Congreso Latinoamericano de Estudios Feministas del Sur, organizado por el Centro de Estudios Interdisciplinarios Feministas de la Universidad de la República. En ese marco, estuvieron en contacto con feministas uruguayas y dejaron ejemplares de su libro Desobedecer para sanar en tres librerías de la calle Tristán Narvaja (Minerva Libros, Idea Librería y Librería Montevideo).
Sin embargo, reconocieron que les gustaría viajar nuevamente “para conocer otros espacios de mujeres que quizás estén haciendo algo parecido” a lo que propone Casa Mundanas. Según Orellana, el vínculo con Uruguay todavía es “débil”, pero en esa visita “se puso una semilla”.
“Hacer puentes y fortalecernos mucho más en lo que estamos haciendo nos parece relevante, sobre todo en el escenario de crecimiento de la ultraderecha”, señaló la cofundadora, porque “la trata, la desaparición de mujeres, la violencia sexual siguen y en estos escenarios se exacerba”. “Con mayor razón nos interesa llegar ojalá a todos los países de América Latina con esta mirada comunitaria de sostenernos, de acompañarnos, porque hay muchas psicólogas feministas, pero que trabajan solas, y necesitas un sostén, necesitas reflexión, necesitas un apoyo como terapeuta para poder procesar también toda la información que te llega, porque nosotras somos receptoras del dolor más profundo de las mujeres y eso es imposible procesarlo sola”, dijo Orellana, y agregó: “Necesitas una comunidad y lo que nosotras ofrecemos es comunidad, lo que nosotras somos es comunidad. Esa es una de las cosas más relevantes de nuestro proyecto y lo que nos diferencia de otros”.