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Público presente el 23 de julio, durante la presentación del libro "Afrogama en movimiento" y el documental en el marco del Día Internacional de las Mujeres Afrolatinoamericanas, Afrocaribeñas y de la Diáspora, en Cinemateca.

Foto: Rodrigo Viera Amaral

Afrogama: 30 años de militancia antirracista y afrofeminista a través del arte

En el marco del Día Internacional de las Mujeres Afrolatinoamericanas, Afrocaribeñas y de la Diáspora, la Udelar presentó un libro y un documental que reconstruyen la trayectoria del primer colectivo afrofeminista uruguayo.

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Entre el 19 y el 25 de julio de 1992, cientos de mujeres negras se reunieron en Santo Domingo, República Dominicana, para celebrar el Primer Encuentro de Mujeres Negras de América Latina y el Caribe. El evento fue clave en el desarrollo del afrofeminismo en la región: derivó en la creación de la Red de Mujeres Afrolatinoamericanas y la fecha de cierre se estableció como el Día Internacional de las Mujeres Afrolatinoamericanas, Afrocaribeñas y de la Diáspora, con el propósito de visibilizar sus luchas contra el racismo, el patriarcado y el colonialismo. Entre las participantes estaba la uruguaya Isabel Chabela Ramírez –declarada Ciudadana Ilustre de Montevideo en 2024–, quien tres años después, en 1995, creó junto con otras mujeres Afrogama, el primer colectivo afrofeminista del país.

Desde entonces, el grupo, integrado en su mayoría por mujeres afrodescendientes, hace del canto coral, el teatro, la danza y los tambores herramientas de denuncia, resistencia y transformación social.

La historia y los aportes de Afrogama a la lucha antirracista y antipatriarcal en Uruguay fueron recogidos en el libro Afrogama en movimiento. Treinta años de artivismo antirracista y afrofeminista, escrito por Natalia Stalla, investigadora especializada en la historia de la población afrouruguaya, y retratados en el documental Suenan las luchas. Afrogama, arte y política, dirigido por el productor audiovisual Alejandro Albertti y el investigador y doctor en Ciencias Sociales Diego Sempol. Los dos trabajos, realizados en el marco del Archivo Sociedades en Movimiento (ASM) de la Universidad de la República (Udelar), fueron presentados el jueves pasado en Cinemateca Uruguaya, ante una sala llena, con público que quedó afuera.

Durante la presentación, Stalla contó que el libro es el resultado de un año de trabajo con el archivo de Afrogama, pero también de entrevistas, encuentros, anécdotas y recuerdos compartidos. Con esos materiales y experiencias construyó “uno de los posibles relatos sobre la historia de Afrogama”, que abarca tanto las experiencias de las mujeres que integran o han integrado el grupo como su dimensión colectiva: “Cómo funciona, qué canta, qué baila, qué dice y cómo lo dice”. La autora apuntó que la experiencia de Afrogama es una forma de “artivismo” porque “desde el arte está haciendo política contra un sistema que, desde la esclavización, ha avasallado a las personas afrodescendientes”.

Chabela Ramírez.

Foto: Rodrigo Viera Amaral

Por su parte, la coordinadora de la Casa de la Memoria Ciudadana de la Intendencia de Montevideo, Fernanda Blanco, consideró que el libro es “mucho más que una publicación conmemorativa”: “Es el testimonio de 30 años de organización, resistencia y construcción colectiva”. También destacó que recuperar las luchas de los movimientos sociales y ponerlas en circulación “es mucho más que una tarea documental: es un acto de memoria, de reconocimiento y de justicia”.

“La memoria también tiene color, tiene género, tiene voz. Y cuando esas voces encuentran un lugar desde donde puedan ser escuchadas, toda la sociedad se vuelve un poco más rica, más democrática y más justa. Agregaría que también puede ser, de a poco, más atravesada por el amor”, agregó Blanco.

En tanto, la directora de la División de Promoción de Políticas Públicas para Personas Afrodescendientes del Ministerio de Desarrollo Social, Leticia Rodríguez, dijo que el libro y el documental representan una oportunidad para acercar la historia del movimiento afro –y, en particular, la lucha de las mujeres negras– a un público más amplio y, así, “seguir fortaleciendo lazos en una sociedad que lamentablemente todavía cultiva el racismo”.

“El canto para que nos escuchen”

La última en tomar la palabra fue Chabela Ramírez. “Cuando yo era chica y no quería hacer las cosas, mi madre me decía: ‘Isabel, alguien lo tiene que hacer’. Eso quedó grabado para siempre”, recordó la artista, y agregó: “A mí me tocó con Afrogama”.

El colectivo surgió a partir de un proceso que se inició en el Grupo de Apoyo a la Mujer Afrouruguaya, que funcionaba dentro de Mundo Afro. Allí, con la influencia del encuentro de 1992, las mujeres comenzaron a intercambiar y problematizar las experiencias de discriminación y exclusión que atravesaban por ser mujeres y negras. A medida que sus cuestionamientos crecían, empezaron a sentir que no tenían “espacio suficiente” dentro de la organización y que sus compañeros varones no las escuchaban. “Un día les pregunté a las compañeras: ‘¿Ustedes se animan a cantar?’. Dijeron que sí y así empezó otra etapa: la del canto para que nos escucharan”, contó Ramírez.

Natalia Stalla.

Foto: Rodrigo Viera Amaral

Desde esa convicción, el grupo empezó a desarrollar propuestas artísticas para hablar de sus derechos, sus experiencias, sus denuncias y sus reclamos. Ramírez resaltó el lugar del candombe y los tambores como herramientas de visibilización y reivindicación: “La gente dice: ‘Ay, los negros con los tambores’. Sí, los negros con los tambores y las negras con los tambores”. Aunque en la noche de la presentación no podían tocarlos, los llevaron a Cinemateca porque, según la activista, “fueron nuestras armas durante 31 años, como lo fueron antes para nuestras antepasadas”.

Antirracista y afrofeminista

Tras la presentación del libro, comenzó la proyección de Suenan las luchas, que reconstruye la trayectoria de Afrogama a partir de testimonios de integrantes de distintas generaciones, filmaciones y fotografías de encuentros, ensayos y actuaciones en diferentes lugares. A lo largo de la película, las experiencias personales se entrelazan con canciones y fragmentos de las obras de teatro del colectivo para dar cuenta de sus vivencias, preocupaciones y denuncias.

Entre los temas que atraviesan sus expresiones artísticas, uno de los más presentes es el racismo. “Reflexiona, reflexiona ya / el que discrimina solo quedará”, dice la canción “Y dijo el santo”, escrita por Chabela Ramírez. La letra también rechaza la injusticia, la codicia, la intolerancia y la xenofobia.

En otra de las canciones que suenan en el documental, las afrogamas cantan que “el racismo no deja vivir”. Los fragmentos musicales se alternan con testimonios de situaciones de violencia y discriminación que atravesaron algunas integrantes del colectivo. En sus relatos, esas experiencias también aparecen como un impulso para reafirmar su identidad racial, organizarse y luchar contra el racismo. “Si volviera a nacer, sería este mi color. Lo llevo con mucho orgullo”, afirma una de ellas. La frase quebró el silencio de la sala y despertó los aplausos del público.

Las afrogamas también cantan sobre las desigualdades de género. “Disculpe usted / piense que quien le canta es una mujer / la cual recrimina su proceder / diciéndonos siempre nuestro deber”, dice al inicio la canción “Le canto a usted”. El tema cuenta la historia de una mujer que por la mañana trabaja, por la tarde cuida el hogar y en la noche va a estudiar, y que reclama poder decir lo que piensa y busca la equidad. También refleja el dolor que implica la lucha: “Estoy rendida / caminar y caminar / el cuerpo mío pierde fuerza / y fatigado está”.

En sus letras también están presentes las herencias africanas y las referencias a las religiones de matriz africana. “La rica herencia africana que hay en mí / la llevo grabada en mi cuerpo y en mi corazón”, afirman en una canción, y en otro verso agregan: “La rica esencia africana / no quiero que muera conmigo / por eso pregono / y convivo con mi tambor”.

Además de reivindicar la africanidad a través de la música, las afrogamas incorporan a sus actuaciones túnicas, accesorios y danzas con referencias a la cultura afro y las religiones de matriz africana. En el documental, una de las integrantes explica que Afrogama apuesta por otra forma de bailar candombe, con un cuerpo de baile femenino que se aleja de la imagen asociada a “la pluma, el taco y el brillo” y la sexualización de las mujeres.

El teatro funciona como otro lenguaje para abordar esas luchas. El documental recupera fragmentos de obras construidas a partir de experiencias cotidianas, en las que las mujeres ponen en escena los temas presentes en las canciones, pero recurren a otras herramientas, como articular la denuncia con el humor para interpelar al público.

Fernanda Blanco, Chabela Ramírez, Leticia Rodríguez Taborda y Natalia Stalla, durante la presentación.

Foto: Rodrigo Viera Amaral

Un espacio para salir “renovadas”

Afrogama también aparece en el documental como un lugar de pertenencia y cuidado. Los ensayos no se limitaban a preparar las actuaciones: se transformaron en espacios de escucha y apoyo donde compartir situaciones personales y acompañarse. “Nos íbamos renovadas”, señala una de las integrantes.

En ese entramado, las mujeres cuentan que se sostuvieron frente a la pérdida de seres queridos, los desafíos de maternar solas, las situaciones de violencia y exclusión, separaciones de pareja y también en los buenos momentos de la vida. “Para mí es como un pilar muy importante”, dice una de las afrogamas. Otras definen al colectivo con palabras como refugio, alegría, música, esperanza, resistencia, solidaridad y amor.

Sobre el final de Suenan las luchas, empezó a sonar Los caminos del amor y las voces se multiplicaron fuera de la pantalla: las mujeres del público acompañaron la melodía y cantaron juntas que “en este mundo solo se debe enseñar el verbo amar”. La película terminó, pero el canto siguió unos segundos más antes de cerrarse con un gran aplauso.

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