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Feminismos LGBTI+
Representantes del Gremio Estudiantil del IAVA, el 16 de setiembre. · Foto: Inés Guimaraens

Representantes del Gremio Estudiantil del IAVA, el 16 de setiembre.

Foto: Inés Guimaraens

Diversidad en las aulas de secundaria: una “perspectiva constitutiva” de la educación sexual integral que aún enfrenta desafíos

Coordinadoras del área, estudiantes y representantes institucionales analizan en qué medida el abordaje sobre diversidad sexual está presente en los centros educativos y en qué aspectos hace falta profundizar.

Hasta el año pasado, el reporte Cambios en creencias y actitudes de los adolescentes con relación a la diversidad e igualdad de género, realizado por el Instituto Nacional de Evaluación Educativa (Ineed) y basado en datos de las evaluaciones Aristas Media 2018 y 2022, había arrojado que en el transcurso de esos años los niveles de aceptación hacia la diversidad e igualdad de género habían retrocedido “en todos los grupos, con la excepción del contexto socioeconómico más favorable y, por consiguiente, en los centros educativos privados”.

También el año pasado, unos días después de la presentación del reporte, volvió a funcionar la Comisión de Educación Sexual Integral (ESI) en la Administración Nacional de Educación Pública (ANEP) con el objetivo de “definir, acompañar e impulsar las líneas estratégicas de la ESI”, según consignó el propio portal web de la ANEP el día de la presentación oficial.

El trabajo de la comisión, que comenzó con reuniones cada 15 días, hoy contempla reuniones una vez al mes, según expresaron a la diaria las coordinadoras de ESI de la Dirección General de Educación Secundaria, Marianela Catarino y Andrea Carlos, ambas con perfil docente. Una de las líneas de formación en esta área integral incluye el abordaje de la diversidad como “una perspectiva constitutiva”, que también incluye un enfoque de derechos y de género, según expresó Carlos.

El abordaje de diversidad sexual y de género en secundaria

“Hay dos modalidades de transversalización [de la ESI]: una es la modalidad curricular y después la institucional”, señaló Carlos. “Lo curricular tiene que ver con que la ESI justamente se integre en la currícula”, explicó. En ese sentido, la coordinadora dijo que desde el año pasado se “avanzó” en la actualización de los programas de cada asignatura para incluir esta dimensión. A su vez, contó que el trabajo de revisar cada programa estuvo a cargo de la inspección de cada asignatura, la Asamblea Técnico Docente y un referente en ESI.

Al ser consultadas específicamente sobre cómo se aborda esa transversalidad, pusieron ejemplos del trabajo que incorporan algunas asignaturas. En Formación Ciudadana, Derecho y Sociología, contaron que se plantea el derecho a la identidad vinculado al marco legal, donde se incluye el cambio de nombre de una persona. Por otro lado, señalaron que en Biología se introduce el estudio de las intersexualidades y se analiza la identidad de género “separada del sexo biológico” como un “proceso de construcción sociocultural”.

Por otra parte, Carlos contó que se creó una asignatura optativa de ESI que actualmente se dicta en segundo y tercer año de educación media superior –quinto y sexto de bachillerato–. La intención, según dijo, es que a partir de 2027 se extienda su dictado para primer año de educación media superior –cuarto año de bachillerato–.

La forma “institucional” de incorporar la ESI a los centros educativos “tiene como eje a la figura referente de educación sexual”, explicó Catarino. Esta persona accede al cargo mediante un llamado de la ANEP y tiene como requisito contar con formación en el área para ser asignada al cargo. A través del trabajo durante diez horas semanales “multiturno”, la o el referente dicta talleres puntuales a estudiantes, docentes o familias, según señalaron las coordinadoras.

Pero a pesar de la existencia de esta figura, no son todos los liceos los que cuentan con ella. Aunque las coordinadoras aseguran que las horas “están disponibles” en todos los liceos, hay casos en los que no son asignadas a ningún referente. En otros casos, las horas sí cuentan con una persona a cargo, pero existen factores ajenos a la propia institución que hacen que haya una “ausencia” de esa figura en algunos centros educativos.

A esta situación se le suma otra dificultad vinculada “al tiempo”, señalaron las coordinadoras. La cantidad de horas por semana destinadas para cada referente no permite, en muchas ocasiones, la realización de un taller o instancia de aprendizaje compartida que alcance a todo el estudiantado del centro educativo. Al tener en cuenta que un liceo puede tener entre “100 y 2.000” estudiantes, “te puede pasar que algún estudiante te diga: ‘yo tuve un solo taller de educación sexual’” a lo largo de su trayectoria educativa, explicó Carlos.

“Lo que pretendemos que incorporen es precisamente una visión integral de la sexualidad, pero también un ejercicio de estos derechos”, señaló Catarino. A su vez, Carlos agregó que el tratamiento de los temas vinculados a “identidad de género, violencia basada en género, masculinidad, feminidad” aporta a una “mejora en la convivencia” y en el “entendimiento y comprensión” de aspectos que en muchos casos terminan escondiéndose detrás de “la discriminación y la violencia”.

Con respecto a los datos presentados por el Ineed, las coordinadoras lo relacionaron a un “retroceso” en el abordaje de ESI a partir de 2023 y, al mismo tiempo, a “una avanzada conservadora” que llega a las y los adolescentes a través de “los entornos digitales” y que repercute en “sus opiniones y su forma de ver el mundo”.

Las coordinadoras contaron que, ante la falta de un sistema de registro formal y centralizado, la comisión de ESI recopila datos anualmente de forma manual enviando formularios a los referentes de los liceos para obtener información. Además, en el plano digital, apuntaron que la plataforma educativa Crea cuenta con un formulario específico que permite a los estudiantes tramitar el cambio de su nombre por razones de identidad de género u otros motivos.

Herramientas contra la discriminación en las aulas: ¿un tema pendiente?

“Cuando vos sos parte del colectivo trans o sos parte de la comunidad LGBT+, los demás chiquilines tienden a hacerte bullying”, relató Loan en diálogo con la diaria. Loan tiene 15 años y es estudiante de tercer año en un liceo público de Montevideo. Los comentarios despectivos o las bromas que invalidaban su identidad de género fueron uno de los motivos por los que el año pasado decidió cambiarse de centro educativo. Al transmitir su decisión de cambio de género en su anterior liceo –lo que implicó compartir su nuevo nombre–, no todo el ámbito educativo acompañó su proceso. Sin embargo, contó que siempre se sintió apoyado por profesores y la dirección de aquella institución.

El reporte del Ineed indica que “aquellos estudiantes que manifiestan tratar el tema de la diversidad sexual en el liceo o la escuela técnica, ya sea en las asignaturas, con el adscripto o en talleres, presentan una mayor apertura hacia la diversidad e igualdad de género”.

Según relató Loan, los temas vinculados a identidad de género en su centro educativo “se dan como por arriba” y, en este caso, en el liceo al que concurre este año el abordaje se realizó a través de la asignatura de Biología, donde la sexualidad se abordó desde una perspectiva reproductiva y asociada a una concepción heteronormativa.

Para Loan, hablar de sexualidad entre dos personas del mismo género “aún es un tema tabú” que persiste. A su vez, señaló que, ante la falta de explicaciones claras vinculadas a estos temas en el aula, sus compañeros recurren a internet, donde se exponen a información errónea. En ese sentido, Loan señaló que para él es un tema que “tendría que hablarse sin ningún inconveniente”.

En relación con las situaciones de discriminación en centros educativos, Loan cree que “faltan herramientas para acompañar”. A su vez, entiende que al enfrentarse a este tipo de violencia los adultos referentes de las instituciones deben realizar un llamado de atención y generar instancias de diálogo con los estudiantes implicados y sus familias.

Por otra parte, Giuliana Sosa y León López, voceros del gremio de estudiantes del liceo IAVA, contaron a la diaria que en el día a día las diferentes expresiones de género y orientaciones sexuales “se viven naturalmente” ya que consideran que ese centro educativo, en particular, “nuclea a mucha gente de muchos lados” y “gente muy distinta”. Aunque reconocen que existen situaciones de discriminación en la institución, señalaron que no se trata de casos que lleguen al gremio de forma frecuente.

Sosa cursa quinto año de bachillerato y López sexto. Al ser consultados sobre el abordaje de la ESI durante su trayecto educativo, López contó que durante este año su clase recibió un único taller dictado por la referente con la que cuenta el liceo, y que todo el enfoque de enseñanza estuvo orientado “completamente” a relaciones heterosexuales, aspecto que le llamó la atención. A su vez, el taller incluyó el abordaje sobre infecciones de transmisión sexual y métodos para prevenirlas, pero bajo la misma lógica vincular.

En ese sentido, el estudiante expresó que le resultó “extraño” que no se incluyera la perspectiva de abordaje de otras orientaciones sexuales en el taller y advirtió que al omitir esta información cualquiera podría asumir de forma errónea que no se necesitan métodos de prevención en relaciones no heterosexuales.

Por su parte, Sosa compartió que en su clase nunca llegó a realizarse un taller de ESI y, por lo tanto, entiende que esa situación debe repetirse en otros grupos del liceo.

“Nunca hay un seguimiento”, advirtió López. En ese sentido, el estudiante se refirió a que cree necesario que se realicen talleres de ESI periódicamente. “Para mí una gran importancia es la presencia del equipo multidisciplinario, en especial de la asistente de educación sexual. No solo su presencia, sino su presencia activa”, señaló.

Retos de la implementación de la ESI en el sistema educativo

La directora de Derechos Humanos (DDHH) de la ANEP, Nilia Viscardi, dijo a la diaria que el proceso de implementación de la ESI ha atravesado distintos ciclos de “impulso y freno”. Según explicó, entre 2015 y 2017 la guía de educación sexual integral fue fuertemente interpelada y luego retirada, antes del cambio de gobierno de 2020. A su entender, estos episodios evidenciaron las dificultades y los límites que tuvo la implementación de la ESI frente a diversos posicionamientos políticos.

A esto se sumó el surgimiento de movimientos conservadores que cuestionaron la incorporación de la diversidad en la enseñanza y que sostienen que este abordaje podría vulnerar el principio de laicidad, señaló.

A su vez, explicó que existe un prejuicio en “ciertos sectores” que confunde el acompañamiento a adolescentes y el trabajo en diversidad con un “trabajo militante” que busca “afectar las bases de la familia tradicional heteronormativa”. “Hay que acompañar a los adolescentes, pero también hay que acompañar a los docentes, que también tienen una identidad de género”, afirmó Viscardi. Asimismo, hizo hincapié en el trabajo por delante y agregó que “hay objetivos de diversidad que nuestra política educativa tiene que reclamar”.

Viscardi planteó que es necesario profundizar en el trabajo con los docentes, ya que una de las mayores dificultades está en su formación. La directora de DDHH señaló que para algunos docentes los temas de conversación vinculados a aspectos “cotidianos” de la vida todavía significan “un universo complejo” de abordar, que implica más que trabajar un contenido concreto a nivel curricular, por eso “es importante que haya contenidos curriculares explícitos”.

La directora señaló que actualmente no existe un “protocolo” o “guía” específica sobre diversidad que oriente a los equipos docentes ante situaciones vinculadas a la transición de género de estudiantes. Según explicó, esta falta de herramientas genera tensiones en situaciones cotidianas y administrativas, como en el manejo de la “libreta” de calificaciones cuando una o un estudiante cambia de nombre y este aún no coincide con el que figura legalmente. En ese sentido, reconoció que existe una “deuda” institucional.