En la ganadería extensiva, buena parte de lo que ocurre con los animales permanece fuera de la vista del productor. Se sabe cuántos hay, qué comen o cuándo reciben una vacuna, pero muchas veces falta información sobre sus movimientos, su comportamiento y lo que sucede a lo largo del día.
Para resolver este desafío, un collar que registra dónde está un animal y cómo se mueve puede convertirse en una herramienta para conocer mejor lo que ocurre en un establecimiento ganadero. Esa es la apuesta de OVIS, una plataforma desarrollada por investigadores de la Universidad de la República (Udelar) que utiliza sensores e inteligencia artificial para monitorear animales.
“Lo que pretendemos a largo plazo es tener un sistema que le permita al productor tener información en tiempo real de lo que ocurre en su predio, en su proceso productivo, y con eso pueda tomar mejores decisiones para que su sistema sea más eficiente”, explicó, en diálogo con la diaria, Julián Oreggioni, ingeniero en electrónica y profesor de la Facultad de Ingeniería.
Pero el proyecto también se interesa por quiénes producen y por las condiciones en que lo hacen. En Uruguay, la reducción del stock ovino no eliminó a los pequeños productores: hay explotaciones familiares que mantienen rebaños de escala relativamente reducida, especialmente en la zona metropolitana. En esos establecimientos, el cuidado de los animales puede formar parte de las tareas cotidianas del hogar y recaer en las mujeres.
Por eso, el equipo trabaja con asociaciones de mujeres productoras y busca explorar cómo la tecnología puede contribuir a mejorar el manejo de los animales y facilitar el trabajo de quienes están a cargo de ellos.
El proyecto, que comenzó en 2020 con la participación de investigadores de las facultades de Ingeniería y Veterinaria, ya fue probado en ovinos en Uruguay y adaptado para su utilización en bovinos en Australia. Su objetivo es transformar los datos que recogen los animales en información útil para productores, veterinarios e investigadores.
La iniciativa será presentada en Ingeniería deMuestra, la feria organizada por la Facultad de Ingeniería y la Fundación Julio Ricaldoni que se realizará este viernes y sábado bajo la consigna “Derribemos estereotipos de género”.
Del collar a la información
La plataforma funciona mediante collares equipados con sensores que recogen datos sobre la ubicación y la actividad de los animales. La información se transmite a un servidor y luego se procesa mediante distintas técnicas para identificar patrones de comportamiento.
Actualmente, los dispositivos cuentan con un sistema de posicionamiento satelital y un acelerómetro, que registra los movimientos del animal. El equipo trabaja en el análisis de esos datos y en la incorporación de nuevos sensores, entre ellos uno de temperatura ambiente.
“Ahora tenemos el hardware que adquiere la información y la transmite, y estamos pasando a una etapa más centrada en cómo procesamos esos datos para convertirlos en información útil”, señaló Oreggioni.
El procesamiento combina técnicas tradicionales de análisis de señales con algoritmos de aprendizaje automático. La intención es identificar comportamientos que puedan relacionarse con distintos factores productivos y ambientales.
Una de las líneas de investigación apunta a estudiar el estrés calórico que sufren los animales y el acceso a la sombra. En un contexto de temperaturas elevadas y eventos climáticos extremos, conocer cómo utilizan los animales los espacios disponibles puede aportar información para mejorar su manejo.
La mirada social
En la ganadería extensiva, buena parte de lo que ocurre con los animales permanece fuera de la vista del productor. Aunque se conoce cuántos animales hay y qué cuidados reciben, muchas veces falta información sobre lo que sucede durante el proceso productivo. “Es una caja negra en la cual uno pone cosas y saca, pero no hay información de dentro del proceso”, explicó Oreggioni. Frente a esa situación, el objetivo de OVIS es incorporar datos que permitan conocer mejor lo que ocurre en el campo y tomar decisiones con más información.
El proyecto también busca atender las necesidades de los pequeños productores familiares, especialmente en la zona metropolitana. Según explicó el investigador, en los últimos años disminuyó considerablemente la cantidad de ovinos, pero el número de productores se mantuvo relativamente estable. Esto dio lugar a establecimientos con menos animales y explotaciones de menor escala, algunas con rebaños de entre 200 y 400 ovinos.
En ese contexto, Oreggioni señaló que el cuidado de los animales en las explotaciones familiares de la zona metropolitana está bastante concentrado en las mujeres. “Los animales de la granja siempre fueron un trabajo feminizado”, afirmó.
Por eso, el equipo también trabaja con asociaciones de mujeres productoras y busca explorar de qué manera la tecnología puede contribuir a su actividad. “Nos interesa también ver cómo podemos apoyar al pequeño productor familiar”, sostuvo el investigador.
Reducir las pérdidas y mejorar la reproducción
Las aplicaciones potenciales de OVIS varían según la especie y el sistema productivo. En la producción ovina, uno de los problemas que busca abordar es la mortalidad de los corderos recién nacidos.
En condiciones extensivas, los partos suelen ocurrir en el campo sin supervisión directa. Durante las primeras horas de vida, los corderos pueden quedar expuestos al frío, a dificultades para establecer el vínculo con la madre y a ataques de depredadores.
Oreggioni señaló que alrededor del 30% de los corderos pueden morir durante las primeras 72 horas posteriores al parto. En ese escenario, contar con información que permita identificar cuándo ocurre un nacimiento podría ayudar al productor a intervenir oportunamente. “Si pudiéramos informar cuándo ocurre el parto, podríamos darle al productor alguna herramienta para que pueda tomar una acción”, explicó.
En los bovinos, la tecnología también podría ayudar a mejorar la reproducción. En los sistemas de cría extensiva, las vacas se reproducen principalmente mediante monta natural, pero no todas quedan preñadas. Los collares permitirían estudiar cómo se comportan los animales y detectar factores que pueden influir en los resultados reproductivos.
La plataforma también podría ayudar a investigar la presencia de depredadores mediante la detección de cambios en la actividad del rebaño, así como analizar los patrones de alimentación y su relación con el crecimiento y la ganancia de peso.
En Australia, el equipo adaptó los collares utilizados en ovinos para probarlos en bovinos, en colaboración con investigadores de la Central Queensland University. El trabajo también buscó facilitar la incorporación de algoritmos desarrollados por otros equipos de investigación.
El equipo realizó pruebas preliminares y presentó resultados del desarrollo en una conferencia en Italia, en setiembre. Actualmente busca avanzar hacia ensayos más amplios, para los que presentó un proyecto de cooperación internacional de Australia.
Una batería pequeña
Uno de los desafíos del proyecto es hacer que los dispositivos funcionen de forma autónoma en condiciones de campo. Los collares deben ser resistentes, requerir poco mantenimiento y operar durante períodos prolongados sin que sea necesario cambiarles la batería con frecuencia.
“Si es muy complicado de mantener, si le tengo que cambiar la batería medio seguido, si no es fácil bajar los datos o si se ensucia y no funciona, no sirve para la ganadería extensiva. Tiene que andar solo. Aparte de todo eso, queremos que sea barato”, resumió Oreggioni.
El consumo energético es un problema central porque los dispositivos deben tener un tamaño acotado y utilizar baterías pequeñas. Al mismo tiempo, los algoritmos de inteligencia artificial pueden demandar una capacidad de cómputo considerable.
Por eso, el grupo trabaja con inteligencia artificial embebida: parte del procesamiento se realiza directamente en el dispositivo, en lugar de depender de sistemas de gran capacidad alojados en centros de datos.
“Nos especializamos en inteligencia artificial embebida, que funciona en el collar con una batería pequeña”, explicó el investigador.
La ventaja del monitoreo continuo es que permite registrar la actividad durante las 24 horas, incluidos los períodos nocturnos y los fines de semana. Esto amplía las posibilidades de observación frente a los métodos tradicionales, que suelen depender de períodos acotados en los que los investigadores observan directamente a los animales.
Una de las características de OVIS es que permite actualizar de forma remota el software de los dispositivos. Esto evita tener que retirar los collares y llevarlos al laboratorio cada vez que se necesita modificar su funcionamiento.
“Quedaron muy impresionados con nuestra tecnología de base”, contó Oreggioni sobre la experiencia con los investigadores australianos.