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Futuro Conocimiento
Fernanda Cardona. · Foto: Inés Guimaraens

Fernanda Cardona.

Foto: Inés Guimaraens

Cardona: “La política industrial puede ser el gran proyecto de transformación de este gobierno”

La ministra planteó una política industrial basada en evidencia y diálogo, con la soberanía como horizonte. No obstante, afirmó que el desafío es responder a una ciudadanía que pide un resultado inmediato.

La política industrial puede convertirse en uno de los principales proyectos de transformación del gobierno y del país, dijo a la diaria la ministra de Industria, Energía y Minería, Fernanda Cardona. Para la jerarca, no debería ser únicamente una política de la actual administración, sino una “necesidad estratégica de Uruguay” que permita dejar bases para el futuro y trascender los cambios de gobierno.

La apuesta de la ministra parte de un diagnóstico con evidencia y de un diálogo que busca incorporar las distintas miradas del sistema productivo. Cardona destacó el diálogo con la academia, las empresas y los trabajadores, y propuso dejar planteadas políticas de energía, industria y telecomunicaciones hacia 2050.

En el centro de esa estrategia está la soberanía, entendida como la capacidad de Uruguay de generar conocimiento, desarrollar capacidades propias y tomar decisiones con mayor independencia frente al mundo. “La idea es que Uruguay sea lo más independiente posible de la toma de decisiones de otros”, sostuvo.

Pero esa mirada de largo plazo enfrenta una tensión que la propia ministra reconoció: la necesidad de planificar y anticiparse choca con la urgencia de una sociedad que reclama resultados. “La propia gente te pide un resultado”, afirmó.

¿Cuál es hoy el principal obstáculo que Uruguay tiene que resolver en materia de desarrollo?

Creo que hay dos grandes desafíos. El primero tiene que ver con un tema de escala, que es estructural: cómo Uruguay crece y cómo se plantean metas que sean realizables y ejecutables considerando su tamaño.

Primero hay que distinguir, por área de trabajo, área industrial o área productiva, cuáles son las que tienen problemas desde hace muchísimos años y en cuáles hay capacidades existentes para crecer rápidamente. Lo primero que me pasó como ministra fue identificar cuál es la realidad de Uruguay, cuál era el diagnóstico. Frente a este tema, buscamos tener un diagnóstico con evidencia, con seriedad y con un marco conceptual.

El segundo desafío que creo que tiene que ser nuestra meta es que Uruguay nunca puede perder la visión de soberanía. Cualquier país que entienda que quiere hablar de desarrollo productivo tiene que pensarlo en clave de soberanía.

¿Por qué es importante pensar el desarrollo en clave de soberanía?

Es lo que nos va a hacer la diferencia. Lo estoy pensando hace tiempo, porque estoy estudiando cuál es el rol del Estado en las políticas públicas.

Hay mucha discusión económica atravesada por temas ideológicos. El liberalismo clásico dice que el Estado no tiene por qué participar, que son las reglas del mercado y que tiene que darse tal cual estén la oferta y la demanda. Yo no soy de las que piensan eso, y entiendo que uno de los roles principales de quienes hacemos política es justamente direccionar acciones y decisiones para llevar a nuestro país hacia la meta que queremos que alcance.

Hay tres ejes que vienen desde hace bastantes años, y creo que Uruguay los tomó en esta administración muy fuertemente, y el ministerio lo tiene como impronta. No queremos pensar solo en un desarrollo económico, en el crecimiento del PIB, del salario per cápita; es decir, son números que está bien que existan como variables, como números que uno tiene que mirar, pero que tienen que ser complementados con otras visiones. Queremos abandonar el concepto de desarrollo económico puro y duro.

Ahí es cuando le agregamos el concepto ambiental: cómo hacemos para que ese desarrollo sea sustentable, no solo mantenido a lo largo del tiempo, sino también dotando de herramientas y de oportunidades pensando en las generaciones que vienen.

El otro es el social. Yo entiendo que no hay un desarrollo real si no analizamos, como hacedores de la política, cuál es el impacto en nuestra gente. Eso no solo va conectado con números económicos. Va conectado con conocimiento, con capacidades, con reconversión, con flexibilidad, con dotar de herramientas a nuestra gente, que son necesarias en este momento.

¿Dónde está el valor agregado que puede aportar Uruguay?

El valor agregado está en el conocimiento: en saber hacia dónde va el mundo y qué podemos aportar desde nuestras propias realidades y cómo tenemos cada vez más conocimiento generado en nuestro propio país para que tengamos soberanía en lo que se viene, en la discusión. La idea es tener herramientas propias, que son las que nos permiten después vender también ese conocimiento y agregarle valor, lo que se llama la valorización del conocimiento.

Uruguay tiene todas las fortalezas para que eso suceda. Yo soy muy optimista desde ese lugar, porque tenemos estabilidad institucional, seguridad jurídica y una buena democracia.

Tenemos una estabilidad incluso geográfica y climática. Nuestra geografía no genera demasiados problemas y no hay grandes cambios climáticos. Somos un enclave geográfico muy importante como puerta de entrada a un mercado de 500 millones de habitantes.

Tenemos conocimiento a lo largo y ancho del país, con la Universidad de la República, la Universidad Tecnológica, la UTU y también instituciones privadas. Eso hace que plantearse ser lo que uno quiere ser como persona no sea imposible en Uruguay o, al menos, que no dependa exclusivamente de lo económico.

Entonces, creo que todo ese valor agregado es, a la vez, lo que genera las condiciones para que nuestro país pueda afrontar este momento geopolítico de incertidumbre. En un contexto en el que uno se levanta sin saber quién bombardea a quién o qué va a ocurrir con determinadas variables, Uruguay cuenta con ciertas certezas que puede ofrecer a su ciudadanía, a sus habitantes y también a otros países y a los inversores.

Tenemos que asegurarnos de generar conocimiento nuevo, retener talentos y tener un buen nivel académico, porque eso es lo que nos genera soberanía, que es lo único que nos va a dar más libertad de decisión para pararnos frente al mundo. Es decir, uno deja de depender de determinadas voluntades que vienen dadas por otros desde afuera. La idea es que Uruguay sea lo más independiente posible de la toma de decisiones de otros.

¿Cuál es el principal norte del Plan Industrial que presentaron hace unas semanas?

En marzo de 2025, cuando asumí, hicimos una actividad y una de las cosas que dije fue que yo iba a dejar por escrito tres políticas pensadas para 2050: la política de energía, la industrial –de la que no teníamos nada escrito desde hacía más de 12 años– y la de telecomunicaciones. La idea es tener documentos que puedan verse como evidencia, que disparen otras conversaciones y preguntas.

Yo tenía la necesidad de dejar por escrito un documento robusto, con un marco conceptual que no fuera trabajado solo desde lo que a mí me preocupaba como ministra, o al equipo técnico del ministerio. Queríamos escuchar a todos los actores. Por eso es que los consejos de industria están abiertos desde hace más de un año a la academia, a las cámaras, a la Asociación Nacional de Micro y Pequeñas Empresas, al PIT-CNT.

Esta es una de las formas que están adoptando algunos países de la región, sobre todo Brasil, con la Nueva Industria, el programa que lanzó Lula: la idea es no pensar la política desde un escritorio, sino partir de los problemas concretos y buscar soluciones mediante políticas orientadas por misiones.

Ahí hay una mirada interesante que consiste en no partir desde lo que yo entiendo que es lo mejor para mí o desde un lugar solo conceptual, sino que tiene que haber un ida y vuelta entre los problemas de la ciudadanía, lo que espera de nosotros y qué desafíos vemos.

Hicimos un estudio comparado de qué está pasando con la industria en el mundo, cuáles son los países más desarrollados desde el punto de vista productivo e industrial, por qué tienen esa diferencia, cómo se comportan.

Una cosa que es bastante obvia, pero que en realidad está bueno dejarla en evidencia, es que en este asunto no hay duda, porque tanto China, que tiene sus características, como Estados Unidos tienen una industria potente propia y nacional. Nadie podría decir que piensan lo mismo, pero lo que sí es transversal, o lo que sí los caracteriza es que están pensando en clave de industria nacional. Creo que están pensando en clave de soberanía, porque, de alguna manera, según la definición política del momento, esos países accionan una política y toman decisiones en función de una meta.

Creo que Uruguay tiene que tener claro hacia dónde quiere ir. En el documento de política industrial nos preguntamos: ¿qué áreas productivas son las que nos podrían dar un crecimiento más rápido con las capacidades que tenemos? De ahí surgió la industria química, la farmacéutica, la biotecnología, la forestal, la madera, el papel, la maquinaria agrícola, entre otras. Llegamos a la conclusión de que debemos dirigir la política industrial hacia ingresos nuevos, empleos de calidad distintos, nuevos conocimientos que aporten a nuevas cadenas.

No quiere decir que se abandone otras áreas productivas, sino que hay otras que tienen oportunidad de crecimiento, y es donde yo tengo que poder tomar la decisión de dirigir los fondos que tengo para generar mayores oportunidades para la gente y para el país.

¿Cuál es el mayor desafío?

Que la inmediatez de estas generaciones y de este momento haga muy complicado unir al mismo tiempo, en un equilibrio perfecto, políticas planificadas, medidas y recalculadas con la inmediatez que nos pide la gente para los resultados de la política.

Creo que ahí hay un gran desafío de los hacedores de política: tratar de tener eso en la mente y de ser lo más rápidos posible en esa anticipación, porque la propia gente te pide un resultado. Nuestra política consiste en planificar mucho, en anticiparnos, y a veces los resultados no se ven de manera inmediata.

Si para los primeros gobiernos del Frente Amplio fue clave la transformación de la matriz energética, el Ceibal, entre otras propuestas, ¿puede la política industrial convertirse en el gran proyecto de transformación de este gobierno?

Yo creo que sí, sin duda que sí. Debemos lograr un salto cualitativo en la industria nacional. Tenemos que poder ver qué es lo que está pasando y tomar decisiones concretas en este momento. Pero no solo como política del gobierno, sino como política del país, como necesidad estratégica de Uruguay.

Hay que dejar las bases sentadas, las evidencias para dejar un Uruguay que esté encaminado hacia lo que debe ser, independientemente de que esté este gobierno o no. Eso es lo que me desvela. Para mí, el gran éxito en una política es el de aquella que se planifica con evidencia y trata de consensuar con el más amplio acuerdo político partidario, se ejecuta y además se anticipa para poder aplicarse a tiempo. Porque una política que no se hace también es cara. Perder tiempo en tomar las decisiones también se traduce en pérdidas económicas y en pérdida de oportunidades.