En un país que aún buscaba recomponerse tras la crisis de 2002, un grupo de actores de la academia comenzó a trabajar en una iniciativa orientada a mejorar la calidad del software producido en Uruguay. La apuesta se centró en el desarrollo del testing, una disciplina entonces poco visible, enfocada en la evaluación de sistemas informáticos para detectar errores y mejorar su funcionamiento.
De ese proceso surgió el Centro de Ensayos de Software (CES), una fundación impulsada desde la Facultad de Ingeniería de la Universidad de la República que, con el tiempo, desarrolló tanto servicios como propuestas de formación. A lo largo de más de dos décadas, el centro trabajó en más de 600 proyectos y con unos 150 clientes, tanto del sector público como privado.
“Es la primera experiencia en la que se articuló la academia con la industria y fue exitosa”, afirmó, en diálogo con la diaria, el gerente general del Centro de Ensayos de Software (CES), Gustavo Guimerans.
Desde 2011, la institución también impulsa una carrera de testing de software que, según Guimerans, fue pionera a nivel mundial y que ha formado a más de 1.300 profesionales.
El alcance del centro también trascendió fronteras. A través de servicios especializados, ha participado en proyectos en países como Chile, Perú, México y Estados Unidos, muchas veces a partir de vínculos con empresas uruguayas que exportan tecnología. “Empezaron a mirar alrededor, ampliaron el radio, y llegaron a este tipo de pruebas específicas que se hacen en Uruguay”, relató Guimerans.
Comienzos
El origen del proyecto se remonta a 2004, aunque su gestación comenzó algunos años antes. “Surgió en 2004, pero se venía trabajando desde antes. En aquel momento el país estaba saliendo de la crisis y lo que buscábamos era mejorar la calidad de productos de Uruguay y de la región”, señaló Guimerans.
A partir del diálogo entre la academia y la industria, se definió una estrategia concreta: apostar al testing de software. “El testing de software es la disciplina en la cual nos especializamos, que consiste corregir problemas que tienen los sistemas que cualquier persona utiliza”, explicó Guimerans, en referencia a fallas cotidianas como aplicaciones que no responden o notificaciones que nunca llegan.
Con el tiempo, el CES amplió su actividad más allá de los servicios, a partir de la demanda de formación de recursos humanos en el sector. Inicialmente, se dictaron cursos en organizaciones y posteriormente se estructuró una carrera formal, presentada ante la Facultad de Ingeniería y desarrollada en vínculo con la industria.
Según Guimerans, la carrera fue pionera a nivel global. “La formación que creamos y lanzamos en 2011 es la primera carrera de testing en el mundo, reconocida a nivel mundial”, afirmó.
La propuesta formativa, estructurada en distintos niveles que duran en total tres años –desde tester hasta gestión de equipos–, permitió acompañar trayectorias laborales diversas dentro del sector. En muchos casos, los estudiantes comienzan a trabajar en la industria tras el primer nivel y luego continúan especializándose. La modalidad, además, fue pensada desde el inicio para ser accesible en todo el país e incluso en el exterior: “Se pensó para llegar a todo el país y traspasar fronteras”, explicó Guimerans.
En marzo de ese año comenzaron los cursos de dicha carrera de tres años. Hasta el momento, más de 1.000 personas han egresado desde la creación de la carrera, con una presencia sostenida de estudiantes internacionales, agregó.
Un ejemplo
Esta experiencia, basada en una lógica de cooperación sostenida entre industria y academia, es vista como un ejemplo por sus fundadoras de cómo superar una de las tensiones clásicas en materia de innovación. “Hemos tenido la suerte de que nos han invitado a congresos en el exterior y todo el mundo pregunta cómo logramos esa articulación entre industria y academia”, remarcó Guimerans, quien atribuyó este logro a la existencia de una visión compartida desde el inicio.
El trabajo del CES, sin embargo, no siempre ha sido visible. Durante años, una parte de su misión fue precisamente dar a conocer la importancia del testing dentro del desarrollo tecnológico. “Muchas veces nos tocaba ir y explicar el trabajo que hacíamos”, recordó Guimerans.
“Detrás de un error informático hay una pérdida de imagen de la organización que brinda ese software”, señaló, y agregó que, en un contexto en el que muchas empresas dependen completamente de sus plataformas digitales, un mal funcionamiento puede afectar seriamente su sostenibilidad.
Para revertir la invisibilidad de la importancia del testing, el CES impulsó distintas iniciativas de difusión y comunidad, entre ellas, eventos abiertos como Testinguy, que reúne a profesionales y actores del sector a nivel anual y que este año se realizará el 15 y 16 de abril.
Inteligencia artificial
El avance de la inteligencia artificial aparece como uno de los grandes desafíos para el sector tecnológico. “El avance es brutal, no es ajeno a la industria”, sostuvo Guimerans, aunque advirtió sobre la necesidad de mantener una mirada crítica. “Es una herramienta que puede ayudar a romper el hielo, a generar contenido medianamente rápido, estructurado (...). Pero puede que haya algún tipo de alucinación de esta tecnología”, advirtió Guimerans, en referencia a los errores que puede cometer la IA.
El gerente general de CES señaló que, frente a este contexto, el testing, lejos de perder relevancia, adquiere un nuevo papel, donde la calidad y la confiabilidad de los sistemas son centrales.
“El testing comienza a tener aún mayor relevancia frente a la IA, sobre todo con productos que sean meramente creados con esa tecnología (...). La inteligencia artificial lo que habilitó es que algunas personas que no eran informáticas (...) puedan generar algo rápido, pero después tienen que probarlo mucho, y cuando lo hacen tienen que pedir la corrección. Ahí está el potencial del rol del testing”, concluyó.