la diaria Empresas

Lucila Arboleya.

Foto: Inés Guimaraens

“Haber sido pioneros no alcanza”: la incubadora del LATU redefine su apuesta para los próximos 25 años

Ingenio busca dejar atrás su perfil generalista y apuesta por la inteligencia artificial, la robótica, la bioeconomía y los servicios financieros para impulsar la próxima generación de empresas tecnológicas uruguayas.

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La incubadora de empresas de base tecnológica del Laboratorio Tecnológico del Uruguay (LATU), Ingenio, cumplió 25 años y se prepara para cambiar de etapa. Ingenio nació en 2001, cuando el ecosistema de innovación uruguayo todavía estaba por construirse. Ahora, con un ecosistema mucho más desarrollado y empresas uruguayas que compiten en el mundo, el desafío es otro: definir en qué áreas puede el país construir ventajas y concentrar sus capacidades, señalaron el jueves distintas autoridades.

“Haber sido pioneros es importante, pero no alcanza”, advirtió la presidenta del LATU, Lucila Arboleya, durante la celebración de los 25 años de Ingenio, realizada el jueves en el salón Los Ombúes del LATU. La incubadora proyecta una nueva etapa con mayor foco sectorial, en la que la inteligencia artificial tendrá un papel transversal y se priorizarán tres áreas: industria y producción, bioeconomía y servicios financieros.

También la ministra de Industria, Energía y Minería, Fernanda Cardona, coincidió en reivindicar la trayectoria de Ingenio y su papel en la construcción del ecosistema emprendedor uruguayo. “Me parece que Ingenio es uno de los ejemplos estratégicos que existen en Uruguay”, afirmó, y destacó que se trató de una apuesta pública pionera cuando conceptos como las startups todavía no tenían la presencia que tienen actualmente.

Cómo surgió Ingenio

Al recordar los orígenes de la incubadora, Arboleya puso el acento en el riesgo que implicó apostar por esta iniciativa cuando todavía no estaban dadas las condiciones que hoy parecen evidentes. “En 2001, Uruguay [...] vivía un momento de recesión económica. La región vivió un momento de recesión económica. El ecosistema de innovación que hoy conocemos en Uruguay no existía. Ese fue el momento en que se crea Ingenio”, recordó.

La decisión no se tomó cuando “el camino estaba claro, [...] sino antes, cuando, precisamente, había que construirlo”, señaló. La iniciativa fue impulsada por el LATU junto con el Fondo Multilateral de Inversiones del Banco Interamericano de Desarrollo (BID-FOMIN) y contó con el apoyo académico de la Universidad ORT.

El propósito de Ingenio era promover la creación y el desarrollo de empresas innovadoras, escalables y rentables que promuevan el crecimiento y el empleo del país.

En sus primeros seis meses, Ingenio tenía siete empresas incubadas y a los dos años había llegado a 31 empresas y 81 emprendedores. Un cuarto de siglo después, la incubadora contabiliza alrededor de 250 empresas y unos 470 emprendedores. De las empresas incubadas, unas 120 continúan operativas, lo que representa cerca de 45% del total.

Las compañías surgidas de ese proceso venden y operan en más de 100 países, generan al menos 2.100 puestos de trabajo y alcanzan una facturación estimada de al menos 145 millones de dólares. Para Arboleya, esos resultados no solo justifican la celebración de la institución, sino que muestran su aporte a la construcción de un ecosistema que hoy permite que empresas nacidas en Uruguay compitan a escala internacional.

Pero precisamente el crecimiento del ecosistema plantea una nueva pregunta. “Ahora, pensando en el futuro, surge la pregunta evidente, ¿qué hacemos con los próximos 25 años?”, planteó Arboleya. La respuesta, a su juicio, no puede consistir simplemente en repetir el modelo que funcionó durante las últimas dos décadas.

Una incubadora para la nueva economía

El cambio tecnológico también modificó las condiciones en las que nacen las empresas. La inteligencia artificial redujo algunas barreras de entrada para los emprendimientos tecnológicos: “La auditoría hoy es un bien menos escaso, el código es mucho más fácil”, señaló Arboleya.

Ese punto marca, para la presidenta del LATU, una diferencia entre el ecosistema de hace 25 años y el actual. Hoy existen más instrumentos, más empresas, más capacidades y más conocimiento acumulado. Sin embargo, también existe la necesidad de identificar con mayor precisión cuáles son las áreas en las que Uruguay puede construir ventajas.

“Uruguay no puede ser bueno en todo, pero tenemos que entender dónde podemos ser especialmente buenos”, afirmó Arboleya.

En su diagnóstico, el país parte de una situación más favorable que la de 2001. Cuenta con “un sistema productivo más sofisticado”, empresas que compiten internacionalmente, capacidades científicas, analíticas, infraestructura para ensayos y plantas piloto. Parte de esos recursos se concentran en el propio LATU, donde el Parque de Innovación busca reunir startups, empresas tecnológicas, academia e instituciones públicas.

A eso se suman cambios regulatorios destinados a facilitar la experimentación. Arboleya mencionó los entornos controlados, que permiten a incubadoras y emprendimientos probar soluciones que antes no podían desarrollarse dentro del marco regulatorio vigente. También señaló la próxima inauguración de un centro de inteligencia artificial como parte de las nuevas capacidades del ecosistema.

En ese nuevo escenario, Ingenio también analiza abandonar su perfil generalista. La institución comenzó a pensar en un modelo con mayor foco, a partir de conversaciones con referentes del ecosistema, expertos, inversores y empresas graduadas.

La propuesta consiste en mantener a la inteligencia artificial como una tecnología transversal y concentrar la incubación en tres grandes áreas: industria y producción, bioeconomía y servicios financieros o fintech. Al mismo tiempo, se mantendría una cuarta vertical abierta para proyectos que no encajen en esas categorías.

La primera de esas áreas apunta a sectores como robótica, sensores y mantenimiento predictivo. “Por acá va el mundo y va fuerte”, afirmó Arboleya al referirse a la evolución de estas tecnologías. La segunda, la bioeconomía, incluye aplicaciones vinculadas con inocuidad, trazabilidad, mejora de productos y agricultura de precisión.

La elección no es casual: “No olvidemos que acá es el corazón de nuestra canasta exportadora en Uruguay, donde Uruguay ya compite en el mundo”, explicó. La intención es aprovechar capacidades existentes en sectores productivos tradicionales para agregar tecnología y conocimiento.

La inteligencia artificial, además, no aparece solamente como uno de los sectores en los que pueden surgir nuevas empresas. Ingenio busca incorporarla de forma transversal a su propio proceso de incubación. “Inteligencia artificial de forma transversal no quiere decir solo en los emprendimientos, sino también en la forma en que la incubadora utiliza la herramienta en su propio proceso de incubación”, explicó Arboleya.

Política de innovación a largo plazo

Por su parte, la ministra Cardona también ubicó la discusión en una perspectiva de mediano y largo plazo. Para la jerarca, las políticas de innovación no deberían limitarse a responder a la coyuntura, sino combinar gestión inmediata con planificación.

“Las políticas exitosas son las articuladas y las tecnificadas, las que gestionan coyuntura actual, pero que miran con una mirada de mediano y largo plazo”, sostuvo. El desafío, añadió, es particularmente complejo en un escenario de globalización y transformación tecnológica, donde no resulta sencillo construir ecosistemas capaces de planificar, mostrar resultados, evaluar lo realizado y reconstruir las políticas a partir de esa experiencia.

En ese entramado, Cardona destacó la existencia de una red que reúne academia, empresas, instituciones y capacidades de exportación. “Acá hay academia, acá hay empresas robustas, conocidas en Uruguay, hay un entramado, una red que se conoce, que sabe exportar, que sabe trabajar, que sabe generar innovación, redes, mercados y cumplir con ellos”, afirmó.

Para la ministra, esa articulación constituye una característica diferencial del país. “Eso también es una marca distintiva de Uruguay”, sostuvo.

Cardona resumió la apuesta con el lema elegido para el aniversario: “Innovar es hacer”. Para la ministra, la trayectoria de Ingenio demuestra la importancia de contar con instrumentos que produzcan resultados y que no se abandonen cuando el contexto cambia.

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