A comienzos de 2025, Lucila Arboleya asumió la presidencia del Laboratorio Tecnológico del Uruguay (LATU) y de Latitud, desde donde impulsa una visión clara: posicionar a Uruguay como una plataforma de innovación para América Latina. Economista, con una maestría en Administración Pública en Desarrollo Internacional por la Harvard Kennedy School, cuenta con experiencia en los sectores público y privado, especialmente en energía y mercados emergentes. Desde esa mirada, hoy responde al Cuestionario Futuria.
Si hoy tuviera que explicarle al mundo en qué punto está Uruguay en materia de agregación de valor mediante conocimiento e innovación, ¿cómo lo definiría? ¿Qué indicadores describen la situación del país?
Uruguay ocupa una posición particular en América Latina: tiene fortalezas comparativas, pero no todas se traducen en un salto significativo de productividad e innovación. Mirando indicadores internacionales, Uruguay aparece consistentemente bien posicionado en desarrollo humano, estabilidad macroeconómica, conectividad digital y adopción tecnológica. Fue pionero en iniciativas como el Plan Ceibal, tiene una penetración muy alta de internet y una institucionalidad científica consolidada por medio de organismos como universidades, la ANII [Agencia Nacional de Investigación e Innovación] o centros tecnológicos.
Sin embargo, hay indicadores que muestran el desafío pendiente. Uruguay invierte alrededor de 0,5% del producto interno bruto (PIB) en investigación y desarrollo, bastante por debajo de economías innovadoras que superan el 2% o 3%, o incluso más. Además, el crecimiento económico de la última década ha sido moderado, con una productividad relativamente estancada.
Esto genera una paradoja interesante: el país tiene muchas de las condiciones estructurales para competir en la economía del conocimiento, pero todavía no logra capturar todo ese potencial en términos de transformación productiva. Este es un aspecto del diagnóstico de Uruguay Innova y del que LATU es parte.
Por eso, el desafío no es tanto construir los cimientos -que ya existen-, sino conectar mejor el conocimiento con la producción, acelerar la innovación aplicada y generar sectores capaces de competir globalmente con mayor valor agregado.
¿Qué se debería modificar en el sistema innovador para cambiar la matriz productiva?
Debemos articular mejor el sistema innovador con la matriz productiva. Hoy funcionan casi en paralelo y revertirlo es un desafío que nos ocupa. En esa modificación, podemos aprovechar el dinamismo de las startups y vincularlo con los sectores más tradicionales de la tecnología.
Favorecer las instancias de acercamiento e intercambio parece fundamental para lograr un impacto positivo del sector tecnológico en el sector productivo y viceversa. Así, las startups accederían a un mercado local más amplio y, al comprender mejor las necesidades reales, podrían desarrollar productos y servicios más enfocados. A su vez, las empresas o corporaciones más grandes podrían beneficiarse de innovaciones que atienden sus necesidades. Esta estrategia promueve la innovación desde la demanda, donde las grandes empresas, los organismos públicos o los sectores productivos actúen como clientes tempranos de la innovación. Esto permite validar tecnologías en entornos reales y acelerar su escalado nacional, pero también mejora su posicionamiento internacional.
Un ejemplo de ello es el programa Uruguay al Mundo, resultado de una articulación estratégica en el marco del programa Uruguay Innova, liderado por la Agencia Nacional de Desarrollo y Uruguay XXI, pero que también nuclea al LATU, la ANII y el Ministerio de Industria, Energía y Minería [MIEM]. El programa acompaña a empresas uruguayas que buscan dar sus primeros pasos en mercados internacionales, así como a aquellas que ya exportan y quieran fortalecer su presencia internacional y ordenar sus procesos para impulsar su crecimiento en nuevos mercados.
Adicionalmente, es fundamental que el ecosistema emprendedor, mediante sus diferentes actores, promueva el acercamiento entre estos mundos y convierta a las grandes empresas -públicas y privadas- en clientes validadores de las propuestas tecnológicas de las startups. A su vez, estas se transforman en motores del crecimiento temprano de los emprendimientos, dando mayor solidez a los negocios de ambas. Desde el LATU contribuimos a ese propósito como parte del ecosistema, en particular por medio de nuestra incubadora de empresas Ingenio.
¿Qué sectores poco conocidos por el público presentan mejor potencial?
Las mayores oportunidades de crecimiento en 2026 van a estar en iniciativas que combinen impacto productivo, innovación aplicada y sostenibilidad. En particular, hay posibilidades de crecimiento en proyectos que fortalezcan la autonomía y la sostenibilidad institucional mediante soluciones tecnológicas de mayor valor agregado, con foco en innovación y transferencia tecnológica. Especialmente, en sectores como la agroindustria inteligente, las ciencias de la vida, la transición energética sostenible y en todo el segmento de nueva economía, como las biotecnológicas, la robótica y la inteligencia artificial [IA].
El LATU y Latitud, nuestra fundación para la investigación, desarrollo e innovación, evidencian que la innovación aplicada, la transferencia tecnológica y las certificaciones diferenciadoras son determinantes para fortalecer la competitividad empresarial y facilitar el acceso a mercados internacionales.
Un ejemplo es el trabajo con Urupov para desarrollar una herramienta de IA que automatice la identificación de cultivos y variedades de soja en todo el país para mejorar la eficiencia y trazabilidad de la producción agrícola. Un proyecto que nos está dando muy buenos resultados.
Asimismo, en 2025 en el LATU pusimos en funcionamiento una segunda planta de ósmosis inversa, que permite un manejo más eficiente del agua con pozos propios y resguarda al laboratorio ante eventuales crisis hídricas.
Otro proyecto relevante es el que lleva adelante un equipo de investigadoras de Latitud sobre la concentración de vitamina B12 en la leche producida en el país, una línea de investigación que podría impactar en el posicionamiento de los lácteos uruguayos en los mercados internacionales. El objetivo es generar evidencia científica sobre un atributo nutricional poco explorado en el país y con potencial valor agregado para la exportación.
¿Cómo ve la relación entre la academia y el sistema innovador?
Veo una relación cada vez más estratégica entre la academia y el sistema de innovación. Ha mejorado significativamente en los últimos años, pero todavía hay margen para seguir fortaleciéndola. La academia es un socio clave del ecosistema innovador, ya que juntos generamos innovación con propósito y resultados medibles.
Algunos ejemplos recientes: en 2025 trabajamos con la UTEC [Universidad Tecnológica] Fray Bentos (Ingeniería en Mecatrónica) en un taller de evaluación de proyectos, en el que estudiantes presentaron prototipos de tecnologías médicas deportivas y sistemas de muestreo para aguas y alimentos.
Además, Latitud coordina con el Instituto Nacional de Investigación Agropecuaria [INIA], la Universidad de la República [Udelar], el Instituto de Investigaciones Biológicas Clemente Estable [IIBCE] y la UTEC un proyecto que monitorea y mejora la calidad del agua de bebida del ganado con tecnologías de punta y pilotos de remediación. De esta manera, se fortalece la industria ganadera y agrícola, contribuyendo al crecimiento sostenible del sector agropecuario, se mejora la salud animal y ambiental y se incrementa la competitividad a nivel internacional.
Asimismo, junto con la Facultad de Ingeniería de la Udelar y Ancap, llevamos a cabo un proyecto que convierte residuos de eucalipto en bioetanol de segunda generación, usando pretratamientos y enzimas para optimizar rendimientos, aportando economía circular al sector forestal.
En el marco del Programa de Apoyo al Desarrollo de la Producción de Vivienda en Madera, Latitud gestionó ante el Banco Interamericano de Desarrollo un subsidio para la consultoría “Desarrollo de mapas de riesgo de biodeterioro en Uruguay con énfasis en termitas”. El convenio con la Udelar ordena la coordinación técnica para generar una herramienta práctica: mapas de riesgo por zona del país y lineamientos de prevención, de modo de ajustar el diseño, la construcción y el mantenimiento de viviendas de madera a los riesgos locales, con foco en el ataque de termitas.
El Centro Tecnológico del Plástico [CTPlas] es otro buen ejemplo de la articulación entre la academia y el sistema innovador: la Asociación Uruguaya de Industrias del Plástico, la Cámara de Industrias del Uruguay, el LATU y la Fundación Julio Ricaldoni. CTPlas brinda apoyo técnico y capacitaciones a la industria y a actores de la cadena de valor del plástico. Uno de sus proyectos actuales apunta a desarrollar, para Upefruy, una solución técnica y económicamente viable que reduzca la generación de residuos en el campo sin comprometer la eficiencia del sistema de liberación ni la supervivencia de los insectos.
Estos ejemplos muestran que el trabajo conjunto entre la academia y el sistema innovador se traduce en un país más productivo, con más empleo calificado y mejor impacto ambiental y social.
Arboleya recomienda
Inteligencia artificial para el bien, de Juan M Lavista y William B Weeks
El libro, publicado por Microsoft y la Fundación Taeda, aborda cómo la IA puede utilizarse para generar impacto social en áreas como la salud, la sostenibilidad y la asistencia humanitaria. Lavista, uno de sus autores, es un ingeniero en sistemas uruguayo y se desempeña como jefe del Laboratorio de IA para el bien de Microsoft. Además, cuenta con estudios de posgrado en universidades internacionales como Johns Hopkins University y Vrije Universiteit Amsterdam.
¿Qué rol juega el interior del país en el cambio de la matriz productiva?
Gran parte del sector productivo está ubicado en el interior del país: agroindustria, forestal, energía y alimentos, entre otros. La innovación aplicada a estos sectores ocurre necesariamente en el territorio. Impulsamos un programa específico para fortalecer el vínculo con el interior por medio de LATU Uruguay, donde referentes locales conectan al sector productivo e institucional con el LATU y Latitud, para que la distancia no sea un impedimento para acceder a servicios y proyectos. Trabajamos en programas enfocados en el desarrollo productivo de las pequeñas y medianas empresas de todo el país.
Otro ejemplo es el programa Avanza Mypes, que junto con la Cámara de Industrias, fortalece la competitividad de micro y pequeñas empresas industriales mediante un enfoque de cadena de valor y un acompañamiento integral para mejorar su gestión, innovar de forma sostenible y desarrollar capacidades comerciales. En 2025, Avanza Mypes validó su propuesta de valor con alta demanda, un fuerte alcance territorial y el sobrecumplimiento en desarrollo de capacidades.
¿Qué innovaciones educativas están funcionando y cuál es la mejor manera de escalarlas?
Es un tema amplio, que va más allá del LATU, pero acompañamos a varias startups que incursionan en este sector. En Ingenio incubamos emprendimientos innovadores de base tecnológica en etapas iniciales, con su prototipo funcional, la validación de mercado y al menos un fundador con dedicación full time. A lo largo de su trayectoria, Ingenio ha incubado varios proyectos vinculados con la educación, como Hylabs, un laboratorio portátil que permite realizar experimentos de ciencia fuera del laboratorio.
Actualmente, también incubamos Eduvaluer, una plataforma para ayudar a instituciones educativas a monitorear el bienestar socioemocional de sus estudiantes, basada en datos, que promueve una postura más proactiva y preventiva. Trabaja con más de 20 centros educativos y asiste a docentes y profesionales para comprender los perfiles y necesidades de más de 10.000 estudiantes en Uruguay, Argentina y Costa Rica.
¿Qué desigualdades estamos subestimando hoy que podrían convertirse en la principal fuente de conflicto o atraso en el futuro?
Uno de los riesgos menos visibles es la brecha de capacidades tecnológicas y productivas entre sectores. En Uruguay conviven empresas altamente digitalizadas con otras que todavía operan con niveles tecnológicos relativamente bajos. Si esa brecha se amplía demasiado, puede generar desigualdades en productividad, ingresos y oportunidades. También existe una brecha territorial en acceso a ciertas capacidades tecnológicas y oportunidades laborales. Por eso es importante que las políticas públicas y los programas de innovación no se concentren únicamente en sectores avanzados, sino que también difundan tecnología hacia todo el tejido productivo-industrial, incluyendo a las mipymes, que representan la gran mayoría del entramado empresarial de Uruguay.
¿Qué relatos sobre el futuro dominan hoy en Uruguay?
A veces seguimos un poco estancados en la “excepcionalidad uruguaya”: la estabilidad institucional, económica y política y un conjunto de indicadores en los que lideramos en la región, pero donde aún falta para poder compararnos con los mejores del mundo.
Un nuevo “relato”, o una realidad que se impone, es el de la IA: la velocidad de su evolución, así como las distintas posturas de los países ante ella (respecto de la regulación, incentivos a la adopción, etcétera). Hoy debemos crear las condiciones para convertir o posicionar a Uruguay como un hub regional de innovación en tecnología, innovación científica y soluciones basadas en conocimiento, con foco en la IA.
En ese sentido, el LATU, junto con los integrantes del ecosistema innovador de Uruguay, firmó el 11 de marzo un acuerdo con Microsoft para desarrollar el primer laboratorio de IA para el bien en América Latina. El laboratorio se enfocará en usar la IA para resolver problemas país, catalizando al sector público para que sea más innovador y ágil en áreas con impacto directo en las personas, como salud, justicia o procesos públicos. Este laboratorio es un eslabón de una estrategia gubernamental para posicionar a Uruguay como un centro regional de IA y atraer empresas globales vinculadas con la innovación.
¿Qué experiencia uruguaya en materia de innovación le gustaría destacar?
Me parece especialmente interesante el proyecto de teledetección de cultivos desarrollado junto con Urupov, así como el trabajo del Laboratorio IA para el bien.
También resultan relevantes iniciativas locales que incorporan tecnología e IA en distintas áreas, como la aplicación Élida 360, presentada por el Ministerio del Interior, diseñada para la protección de víctimas de violencia de género.
En Espacio Ciencia, además, se están desarrollando propuestas interactivas muy innovadoras: una terminal de consultas científicas entrenada con IA próxima a lanzarse, un robot capaz de interactuar, gesticular y conversar con el público, y experiencias con óculos 3D, especialmente atractivas para la temporada de frío que se aproxima.
¿Cuál es la imagen que Uruguay debe proyectar hacia afuera?
Uruguay debe proyectarse como un país confiable para innovar. Un lugar donde empresas, científicos y emprendedores pueden desarrollar tecnologías y modelos competitivos, probar soluciones y escalar proyectos con reglas claras, talento calificado y un entorno institucional sólido.
La combinación de estabilidad, talento y apertura internacional puede posicionar a Uruguay como una plataforma de innovación para América Latina, especialmente en áreas donde el país ya tiene ventajas comparativas.
