la diaria Conocimiento

Noelia Beltramelli.

Foto: Inés Guimaraens

Investigadoras de la Udelar usan ciencia de datos para reconstruir el origen de las cifras sobre violencia de género

Un estudio reconstruye por primera vez cuatro décadas de producción de datos impulsada por colectivos feministas y muestra cómo esos registros fueron decisivos para visibilizar violencias e impulsar cambios legislativos.

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Mucho antes de que el Estado uruguayo produjera estadísticas sistemáticas sobre violencia de género, fueron organizaciones feministas y de la diversidad sexual las que comenzaron a recopilar, ordenar y difundir información sobre una problemática prácticamente ausente de los registros oficiales.

Esa es la principal conclusión de un estudio del Centro Interdisciplinario en Ciencia de Datos y Aprendizaje Automático (Cicada) –un centro de la Universidad de la República dedicado a aplicar métodos de ciencia de datos para resolver problemas científicos y sociales– que reconstruye por primera vez la historia de la producción feminista de cifras sobre violencia de género en Uruguay entre 1984 y 2025.

Aunque la ciencia de datos suele asociarse a la inteligencia artificial (IA), también permite estudiar cómo se producen, organizan e interpretan los datos. En este caso, las investigadoras recurrieron al análisis de publicaciones históricas, archivos y registros elaborados por organizaciones feministas para reconstruir el origen de la información que luego sirvió de base para las estadísticas oficiales y las políticas públicas.

La investigación busca “desnaturalizar” la percepción de que el Estado siempre relevó las distintas manifestaciones de la violencia de género y rescatar la “memoria histórica” de que las “pioneras” en producir esos datos fueron las feministas en un momento en el que el tema ni siquiera estaba problematizado, explicó, en diálogo con la diaria, Noelia Beltramelli, investigadora de Cicada y una de las autoras del estudio.

Beltramelli señaló que el objetivo de la investigación fue rescatar un aspecto poco conocido del movimiento feminista uruguayo: el trabajo de recolectar, sistematizar y difundir información sobre violencias invisibilizadas.

“Buscamos rescatar el trabajo de las activistas y de las organizaciones de la sociedad civil en todo el trabajo que implica recolectar, sistematizar y difundir, y después accionar políticamente para la transformación social con datos”, afirmó Beltramelli, quien además es socióloga y cuenta con un máster en sociedad digital.

Entre sus principales conclusiones, el estudio sostiene que la producción feminista de datos fue decisiva para visibilizar desigualdades y distintas formas de violencia de género que durante años permanecieron fuera de los registros oficiales. Además, contribuyó a mejorar los sistemas de información y generó evidencia que sirvió de base para impulsar cambios legislativos, políticas públicas y transformaciones sociales.

De publicaciones feministas a políticas públicas

Para reconstruir esa historia, las investigadoras revisaron publicaciones históricas, boletines, revistas, archivos documentales y, en el caso de los proyectos más recientes, también páginas web y redes sociales. El criterio fue identificar iniciativas impulsadas desde la sociedad civil que generaran información allí donde existían vacíos en los registros oficiales y que transformaran esos datos en insumos para el debate público.

El estudio muestra que durante la década de 1980 organizaciones como el Grupo de Estudios sobre la Condición de la Mujer en el Uruguay (Grecmu) y Cotidiano Mujer comenzaron a producir datos sobre desigualdad y violencia de género cuando prácticamente no existían estadísticas oficiales. También destaca el papel de publicaciones como La República de las Mujeres,, que contabilizaba casos de violencia a partir de fuentes policiales y periodísticas.

Asimismo, en esta década surgieron organizaciones centradas principalmente en atender la violencia doméstica (el Plenario de Mujeres del Uruguay, la Casa de la Mujer de la Unión, Cooperativa Mujer Ahora, entre otras), en 1987 se creó el Instituto Nacional de la Mujer y en 1988 la primera comisaría de la Mujer.

Según Beltramelli, esos primeros registros fueron fundamentales para que el problema comenzara a instalarse en la agenda pública. “La discusión pública sobre violencia doméstica surge a partir de fines de los años 80”, sostuvo.

La investigadora explicó que recién a partir de los años 2000 el Estado comenzó a incorporar de forma sistemática la perspectiva de género en la producción de información, un proceso que se consolidó con la creación de observatorios y nuevos mecanismos de registro. Sin embargo, subrayó que las organizaciones sociales continuaron desempeñando un papel central para complementar y cuestionar la información oficial.

Un hilo conductor durante cuatro décadas

Uno de los principales hallazgos del estudio es que, pese a los cambios tecnológicos, existe una continuidad entre las iniciativas pioneras de los años 80 y los proyectos actuales.

Beltramelli destacó que pudieron rastrear “prácticas similares” entre publicaciones históricas y proyectos contemporáneos como Feminicidios Uruguay, ¿Dónde Están Nuestras Gurisas? o Proyecto Ikove.

“Lo que está bueno rescatar es que la acción de sistematizar, a partir de fuentes dispersas, y problematizar datos [...] es algo que se mantiene en el movimiento feminista y de la diversidad desde la reapertura democrática hasta ahora”, afirmó. “Se puede trazar ese hilo conductor entre las diferentes iniciativas a lo largo de los años”.

La investigadora señaló que buena parte de ese patrimonio documental continúa fragmentado entre bibliotecas, archivos digitales y organizaciones sociales, mientras que otros registros incluso desaparecieron con el paso del tiempo.

“No es que haya un archivo de la memoria del colectivo feminista centralizado [...]. Si uno no habla con las personas del movimiento o no busca en documentos, eso queda perdido”, agregó.

En otras palabras, además de reconstruir quiénes produjeron los primeros datos, el estudio recupera una parte de la memoria documental del movimiento feminista que permanece dispersa y, en algunos casos, corre riesgo de perderse.

Persisten vacíos en los registros oficiales

Aunque reconoció los avances alcanzados por el Estado, la investigadora sostuvo que aún existen áreas donde la información oficial presenta limitaciones.

Entre ellas mencionó diferencias de criterios entre organismos públicos, falta de interoperabilidad entre bases de datos y registros insuficientes sobre feminicidios, desapariciones vinculadas a redes de trata y violencia sexual contra niños, niñas y adolescentes.

“En el Estado hay una falta de interoperabilidad entre los datos o discordancias entre las cifras [...]. Eso hace que los informes finales puedan no reflejar la realidad de la mejor forma. Pensemos que la información disponible está desperdigada en diferentes ministerios u oficinas”, agregó.

Por eso, señaló que los proyectos impulsados desde la sociedad civil continúan siendo relevantes para complementar la información estatal y visibilizar problemáticas que todavía permanecen parcialmente ocultas.

Según explicó, proyectos como Feminicidios Uruguay, ¿Dónde Están Nuestras Gurisas? y Proyecto Ikove continúan siendo necesarios porque identifican subregistros, reúnen información dispersa y documentan fenómenos que no aparecen adecuadamente reflejados en las estadísticas estatales.

Ciencia de datos con supervisión humana

Consultada sobre el aporte que pueden hacer las nuevas tecnologías, Beltramelli sostuvo que la automatización puede contribuir a mejorar los sistemas de información, aunque advirtió que primero es necesario fortalecer la calidad de los datos disponibles.

“No utilizamos IA, fue todo trabajo muy humano”, aclaró respecto de la metodología utilizada para esta investigación.

La investigadora explicó que la ciencia de datos no implica necesariamente utilizar IA. También comprende herramientas para organizar, sistematizar y analizar grandes volúmenes de información, detectar patrones y mejorar la calidad de los registros.

Consultada sobre el aporte que podrían hacer las herramientas de ciencia de datos para mejorar los registros, Beltrami consideró que puede encontrar patrones y automatizar algunos relevamientos teniendo como “base el vínculo con la sociedad civil que tiene el conocimiento adquirido sobre este tema”.

“Con la ciencia de datos se puede desarrollar mejores formas de registrar la información, siempre que exista un control humano sobre los procesos. Las tareas repetitivas, sin dudas, pueden automatizarse”, indicó.

La investigadora aclaró además que el equipo no está desarrollando actualmente un proyecto basado en IA para automatizar estos relevamientos y que, deliberadamente, prefieren hablar de herramientas específicas de automatización antes que de IA.

Asimismo, advirtió que si se automatizan datos oficiales que no tienen toda la información, se reproducirían “los mismos vacíos que hay en los registros actuales”. “Primero hay que mejorar lo que hay, porque los datos son la materia prima que se va a usar después para generar procesos de automatización”.

Para Beltrami, el principal aporte de la investigación es reconocer el trabajo realizado durante décadas por activistas y organizaciones sociales en la construcción de información sobre violencia de género.

“Quisimos poner el foco en preguntarnos quiénes relevan los datos sobre estas temáticas en la historia de Uruguay, visibilizar eso y ponerlo en valor, algo que en la memoria colectiva no está tan visible”, finalizó.

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