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Futuro Conocimiento
Gabriela Martínez
Foto: Gentileza Comunicación ITR Norte

Gabriela Martínez Foto: Gentileza Comunicación ITR Norte

Una docente uruguaya desarrolla un chatbot de Whatsapp con IA para evaluar la fluidez lectora

Gabriela Martínez, profesora de literatura, desarrolló la herramienta; el próximo paso será validarla en México para que pueda utilizarse en contextos educativos con menos recursos.

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Después de más de dos décadas enseñando literatura, Gabriela Martínez comenzó a enfrentarse a un problema cada vez más frecuente en las aulas: sus estudiantes llegaban a la asignatura con crecientes dificultades para leer con fluidez. Esa experiencia la llevó primero a estudiar la maestría en Diseño de Ambientes de Aprendizaje de la Universidad Tecnológica (UTEC) y luego egresó del Tecnólogo en Análisis y Desarrollo de Sistemas del mismo centro de estudios para crear una herramienta que intentara responder a ese desafío.

“El problema es la menor cantidad de lectura que todos tenemos. Y mis alumnos, por supuesto”, explicó Martínez en diálogo con la diaria. Señaló que la literatura parte de un prerrequisito básico: “Leer con fluidez […] es una condición necesaria, aunque no suficiente, para comprender un texto”. Sin esa capacidad, “es prácticamente épico conseguir el objetivo final de la asignatura, que es promover el gusto por la lectura”, agregó.

Frente a ese escenario, comenzó adaptando sus clases con textos más breves, aunque los resultados seguían siendo limitados. Entonces decidió acercarse a las nuevas tecnologías que sus estudiantes utilizaban cotidianamente.

“Yo quería acceder a mi estudiantado a través de los medios que ellos usan intensamente. En particular, mis estudiantes del nocturno preferían hacer todo por Whatsapp”, relató. A partir de esa experiencia surgió la idea de desarrollar una herramienta educativa sobre esa plataforma.

“La idea es elaborar dinámicas didácticas. Yo estoy comprometida con la educación pública y con los estudiantes que no tienen en su hogar un contexto alfabetizador. La realidad es que muchos de mis estudiantes tienen muy pocos libros en su casa”, agregó.

Un chatbot para medir la fluidez lectora

El proyecto derivó en un chatbot de Whatsapp que invita al usuario a leer un texto, recibe el audio y devuelve una evaluación automática sobre tres dimensiones de la lectura: velocidad, precisión y prosodia.

“El chatbot invita a leer un texto, el usuario se graba y envía la grabación y el chatbot le dice: ‘Obtuviste tanto en velocidad, tanto en precisión, tanto en prosodia. Continúa leyendo para mejorar’. Y el usuario puede seguir probando”, explicó.

Según contó, el sistema nació también como una herramienta de investigación. “La evaluación a través de Whatsapp de la fluidez lectora puede ser una herramienta de investigación en el área y al usuario puede ser una forma de darle feedback inmediato que lo motive a volver a leer y a mejorar su lectura”. Hasta el momento, el chatbot fue probado mediante un prototipo con compañeros de la carrera de Tecnólogo en Análisis y Desarrollo de Sistemas.

“Lo que hice fue generar este prototipo y probarlo con compañeros […] y más de la mitad de los que participaron obtuvieron mejoras haciendo un par de lecturas”, indicó. Agregó que el siguiente paso será validar científicamente la herramienta con especialistas para comprobar que sus evaluaciones sean útiles para investigadores y docentes.

Pensado para la educación pública

Martínez sostuvo que el objetivo principal es que esta tecnología pueda utilizarse en centros educativos con menos recursos o en escuelas rurales. “Cualquiera de nosotros, docentes del área pública, sabemos que los chiquilines están completamente dispuestos a usar Whatsapp para casi todo”, afirmó. Por eso le gustaría que esta tecnología “pudiera ser utilizada por cualquier maestro o profesor en clase” mediante un sistema que permita al propio docente seleccionar los textos de referencia.

A su juicio, los chatbots ofrecen una ventaja especialmente valiosa para la educación: la posibilidad de personalizar el aprendizaje. “Los chatbots están claramente mostrando la capacidad que tienen de personalizar la educación”, señaló. Incluso consideró que en el futuro podrían adaptarse para atender distintos casos de dislexia, aunque aclaró que eso requerirá investigación específica.

Los riesgos de la inteligencia artificial

Consultada sobre el creciente uso de inteligencia artificial en la educación, Martínez sostuvo que las oportunidades deben ir acompañadas de criterios éticos de diseño.

“Los riesgos son, por ejemplo, el no hacer transparente el hecho de que el usuario está tratando con una máquina. Cuando el usuario pierde de vista que está tratando con un servicio automatizado y no con una persona, creo que ahí ya estamos corriendo riesgo de hacerle daño. […] Sabemos que hay distintas vulnerabilidades en los usuarios y que algunos podrían tener un vínculo hasta adictivo”, advirtió.

También remarcó que el desarrollo de software puede inducir comportamientos si no se diseña cuidadosamente. “Ya sabemos que se puede ser engañoso por el diseño. Entonces también se puede ser transparente y honesto por el diseño. Es una de las precauciones que hay que tomar”, afirmó, al tiempo que recordó que la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura ya publicó recomendaciones para orientar el desarrollo de software educativo.

El próximo desafío

Aunque el chatbot ya funciona, Martínez decidió no liberarlo al público hasta completar su validación científica y resolver todos los aspectos legales.

“No quiero dejarlo abierto sin tomar todas esas precauciones”, explicó. El proceso continuará durante su maestría, cuando la herramienta sea evaluada por la investigadora mexicana Graciela Silva Maceda y su equipo.

“Lo que yo necesito es validar si este sistema automatizado que yo hice es tan eficiente como una persona”, explicó. Si la evaluación demuestra que el chatbot mantiene un margen de error comparable al de un especialista humano, consideró que la herramienta tendrá un verdadero potencial para su aplicación educativa.

Para la docente, esa validación permitiría resolver una limitación cotidiana en las aulas. “En una clase en donde hay 30 estudiantes, difícilmente se sabe exactamente cómo lee cada uno de ellos. Por lo tanto, este medio puede servir como una herramienta para conocer exactamente en qué punto está cada uno de los estudiantes”, concluyó.