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Futuro Conocimiento
Álvaro Cabana en Facultad de Psicología. Foto: Gianni Schiaffarino

Álvaro Cabana en Facultad de Psicología. Foto: Gianni Schiaffarino

Docentes alertan que la inteligencia artificial obliga a la universidad a repensar cómo enseñar y evaluar

Docentes de la Udelar advirtieron que la IA ya forma parte de la vida cotidiana de los estudiantes, y plantearon que el desafío es adaptar las formas de enseñanza para que el aprendizaje no quede desplazado por la automatización.

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La inteligencia artificial (IA) ya entró a las aulas universitarias y está obligando a replantear prácticas que parecían consolidadas. Para los docentes de la Universidad de la República Aiala Rosá, del Instituto de Computación de la Facultad de Ingeniería, y Álvaro Cabana, del Instituto de Fundamentos y Métodos de la Facultad de Psicología, el principal desafío no pasa por prohibir estas herramientas, sino por encontrar nuevas formas de enseñar y evaluar en un contexto en el que los estudiantes ya las incorporaron a su rutina de estudio.

“Como autocrítica, ¿por qué los estudiantes tienen esa actitud? Quizás porque el sistema educativo tiene ciertos baches y, en algunos lugares, realmente no están aprendiendo demasiado o ellos lo creen así. En cualquier caso, hemos fallado. […] Como institución, nos cuesta darnos cuenta que no podemos evaluar de la misma manera que hemos evaluado antes”, reflexionó Cabana durante el segundo encuentro del Ciclo de Innovación realizado por la Intendencia de Montevideo el viernes pasado.

Cabana consideró que la IA ya se instaló en la educación antes de que existieran respuestas institucionales. “Los usuarios entran en contacto con estas herramientas antes de que haya una respuesta institucional”, señaló, y agregó que desde hace aproximadamente un año la mayoría de sus estudiantes ya las utiliza para estudiar. A su juicio, el problema no es únicamente el riesgo de fraude académico, sino que la delegación sistemática de ciertas tareas puede impedir el desarrollo de capacidades cognitivas fundamentales.

Para explicar esa idea recurrió al ejemplo de la calculadora. Recordó que nadie cuestiona su uso, pero que primero es necesario aprender a sumar, restar, multiplicar y dividir para desarrollar determinadas habilidades. Con la IA, sostuvo, ocurre algo similar: si una herramienta “hace el resumen por vos”, “aprende a programar por vos” o “te evita tener que aprender a programar”, entra en tensión con el objetivo central de la educación, que es aprender y no simplemente aprobar una evaluación. “Lo que necesitamos es un fuerte compromiso del estudiante de ‘yo necesito aprender’. Y eso es lo que nos está costando hacer”, afirmó.

Por su parte, Rosá explicó que la Facultad de Ingeniería elaboró una guía para orientar el uso de la IA en la enseñanza. El documento establece qué usos son aceptables en cada curso y sirve de apoyo para que los docentes definan reglas claras desde el comienzo del semestre. Sin embargo, reconoció que esa herramienta no resuelve el principal problema: cómo evaluar el aprendizaje cuando la IA puede realizar buena parte de las tareas.

“No tenemos herramientas para verificar si los estudiantes hicieron sus trabajos con inteligencia artificial”, afirmó. Por ese motivo, señaló que en muchas asignaturas se sigue recurriendo a las evaluaciones presenciales con papel y lápiz. “Ayer tomé el parcial de Programación 1, […] estaban todos sentados con hojas. Parece raro, pero no usamos computadoras”.

Rosá también repasó algunos proyectos que la universidad desarrolla desde hace años con IA aplicada a problemas concretos. Entre ellos mencionó plataformas para apoyar la enseñanza de inglés en escuelas rurales junto con la Administración Nacional de Educación Pública, iniciativas vinculadas a la salud, herramientas para anonimizar sentencias judiciales, desarrollos sobre lengua de señas uruguaya y proyectos de simplificación de textos para facilitar el acceso a información médica y normativa. En todos los casos, enfatizó que la IA debe complementar el trabajo de las personas y no sustituirlo. “Las herramientas tienen que ser de apoyo a lo que hacen las personas”, concluyó.