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Futuro Conocimiento
Los presidentes, Xi Jinping, de China, y Donald Trump, de Estados Unidos, el 15 de mayo de 2026 en Beijing. · Foto: Mark Schiefelbein, pool, AFP

Los presidentes, Xi Jinping, de China, y Donald Trump, de Estados Unidos, el 15 de mayo de 2026 en Beijing.

Foto: Mark Schiefelbein, pool, AFP

La disputa de Estados Unidos y China por la IA definirá quién controlará la economía del futuro

Mientras Estados Unidos mantiene ventajas en chips e infraestructura, China gana terreno con modelos abiertos; frente a esta situación, expertos consultados por la diaria prevén un mundo cada vez más “fragmentado” tecnológicamente en los próximos años.

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Durante buena parte del siglo pasado, el poder de una nación se medía por el tamaño de su territorio o el alcance de su influencia militar. Hoy, ese mapa comenzó a cambiar. La competencia entre Estados Unidos y China ya no se concentra únicamente en bases militares, océanos o recursos energéticos. Cada vez más, el centro de la disputa pasa por quién controla la infraestructura tecnológica que sostendrá la economía del futuro.

La inteligencia artificial (IA) se convirtió en el símbolo más visible de esa transformación. La competencia entre Estados Unidos y China por la IA ya dejó de ser una carrera para desarrollar el mejor chatbot. Detrás de los avances de los modelos de lenguaje se libra una disputa mucho más amplia por controlar la infraestructura que sostendrá la economía digital: chips, centros de datos, capacidad de cómputo, minerales críticos, datos y talento.

Esa competencia volvió a quedar en evidencia ayer, cuando el presidente estadounidense, Donald Trump, afirmó que no quiere ver a China “ganar” la carrera por la IA ni por las criptomonedas, al considerar que Washington debe mantener el liderazgo en ambas tecnologías.

Aunque ambas potencias compiten por el liderazgo, ninguno de los especialistas consultados por la diaria consideró que exista hoy un ganador claro. Para la doctora en Ciencias Sociales Carolina Aguerre, la economista Carla Bonina, el politólogo Julián González Guyer y el ingeniero y empresario Emiliano Chinelli, el mundo se encamina hacia una creciente “fragmentación” tecnológica.

“Lo que vemos ahora es la cristalización de un proceso que lleva, por lo menos, una década”, afirmó Aguerre, doctora en Ciencias Sociales, profesora de la Universidad Católica del Uruguay y especialista en gobernanza de tecnologías digitales. A su juicio, la tensión entre Estados Unidos y China alrededor de la IA no surgió de un día para el otro, sino que refleja la consolidación de dos grandes bloques que desde hace años buscan posicionarse como líderes de la economía digital.

Por su parte, Bonina, profesora asociada de la Universidad de Surrey (Reino Unido) e investigadora de la Iniciativa Latinoamericana por los Datos Abiertos, definió a la situación actual como una “carrera tecnológica multipolar”, que tiene una alta fragmentación y en la cual no hay un “claro ganador definitivo” y existe “incertidumbre”.

“No estamos viendo solo una carrera por un modelo, sino una disputa por la infraestructura del futuro digital y de la economía digital”, dijo. “Se está jugando quién controla la economía digital. El país o bloque que domine esa capa de infraestructura de inteligencia artificial [...] es mucho más propenso a fijar reglas, estándares y, por supuesto, dependencias tecnológicas globales”, afirmó la también economista argentina.

La batalla invisible por la infraestructura

Cuando se habla de la competencia entre Estados Unidos y China, la atención suele concentrarse en empresas como OpenAI, Google, Anthropic o DeepSeek. Sin embargo, para los especialistas esa mirada deja fuera la parte más importante de la historia.

“La IA es mucho más que los modelos”, explicó Bonina. “Cuando hablo de infraestructura de la economía digital, no solo son aplicaciones, sino todo lo que corre por detrás”, señaló, y remarcó que la infraestructura incluye recursos naturales, capacidad de cómputo, centros de datos, energía, semiconductores, talento y datos.

El doctor en Ciencia Política y profesor de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de la República Julián González Guyer sostuvo que la disputa también se refleja en la formación de capital humano y en la producción científica del país asiático.

“La cantidad de ingenieros que se gradúan en China por año, la cantidad de artículos científicos que publican investigadores chinos, en esas cosas el país asiático está por delante de Estados Unidos”, afirmó. No obstante, aclaró que todavía existe mucha incertidumbre sobre la evolución de la IA y evitó afirmar que Pekín ya haya superado definitivamente a Washington.

“Lo que sí es obvio es que China no está muy atrás de Estados Unidos y tiene una gran ventaja: su industria está toda controlada por el Estado, por lo que el gobierno chino tiene la capacidad de orientar todo el potencial del desarrollo científico y tecnológico y no desperdiciar esfuerzos, como pasa con Estados Unidos, donde cada empresa va por su carril, se superponen y compiten”, afirmó.

Los dos modelos

Por otro lado, Aguerre consideró que Estados Unidos y China persiguen un objetivo similar: consolidar su influencia sobre la economía digital global. Para la investigadora, tanto Washington como Pekín buscan asegurar el acceso a mercados y controlar bienes estratégicos para el desarrollo de la IA. Sin embargo, cada uno parte de ventajas distintas dentro de la cadena de valor tecnológica.

“Estados Unidos tiene hoy el control de la producción de semiconductores y chips más importante. Pero China tiene el control de muchos metales raros y eso le da una ventaja geopolítica bien clara, con las inversiones que viene haciendo desde hace años en muchos de los países que hoy están alineados con los BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica)”, explicó.

Además de esa diferencia en el acceso a recursos estratégicos, los expertos dijeron que ambos países impulsan modelos distintos para expandir su influencia tecnológica.

Según explicaron, China desarrolla los modelos abiertos y esa estrategia facilita que otros actores opten por su tecnología para no depender de un sistema de licencias comerciales. En contraste, el enfoque estadounidense está basado en un mayor control sobre el acceso a las tecnologías críticas.

“El modelo de Estados Unidos está más centrado en el control de las exportaciones. Es un control de quiénes son las industrias, localizadas en países aliados, que tienen acceso a infraestructura de cómputo básica, dónde se instalan las inversiones” y “un modelo de licenciamiento, por el cual hay que pagar para acceder y usar estos sistemas”, explicó Aguerre.

La apuesta china por los modelos abiertos

La principal diferencia entre Estados Unidos y China no radica únicamente en la calidad de sus modelos de IA, sino también en la forma en que buscan expandirlos por el mundo. Para el ingeniero y emprendedor tecnológico Emiliano Chinelli, CEO y cofundador de Promtior, la estrategia de los modelos abiertos puede alterar el equilibrio de esa competencia.

Según explicó, el modelo predominante impulsado por las grandes empresas estadounidenses se basa en plataformas cerradas, a las que empresas y desarrolladores acceden mediante licencias y pagos por uso. En cambio, compañías chinas como DeepSeek comenzaron a popularizar otra lógica: la distribución abierta de sus modelos de IA.

“Yo puedo descargar su modelo de IA y ponerlo en mi infraestructura y no pagar un solo dólar. El hecho de que modelos tan potentes se puedan distribuir de forma gratuita me habilita a construir negocios que tal vez no eran viables utilizando los modelos cerrados”, agregó. A su juicio, esa diferencia no solo modifica los costos de desarrollar aplicaciones basadas en IA, sino también el grado de autonomía tecnológica que pueden alcanzar empresas y gobiernos.

“Cuando construimos la arquitectura de nuestro servicio, si contemplamos utilizar modelos abiertos, estamos construyendo una aplicación o un modelo de negocio más soberano que el que depende de sistemas cerrados”, sostuvo.

Como ejemplo de esa dependencia, recordó un episodio reciente protagonizado por la empresa estadounidense Anthropic. “Hace un mes hubo un problema entre la Casa Blanca y Anthropic, y la Casa Blanca pidió que apaguen el modelo. Ahí vemos cómo una soberanía extranjera afecta la vida del negocio que yo pueda tener. Ese precedente generó más adeptos a la causa china de la inteligencia artificial abierta”, afirmó.

Para Chinelli, esa estrategia podría darle a China una ventaja distinta a la de desarrollar los modelos más avanzados: convertirse en la tecnología más utilizada.

“Si uno analiza la capacidad de los modelos, hoy las empresas americanas siguen ganando. Ahora, si uno considera que hay modelos casi tan potentes como los de Anthropic, pero abiertos, ahí China está ganando”, señaló.

El especialista comparó esa dinámica con la evolución de otros proyectos de código abierto que terminaron imponiéndose por su adopción masiva, como Linux en los servidores de internet o Android en los teléfonos inteligentes.

¿Quién está ganando?

¿Está Estados Unidos consolidando su liderazgo o China se encuentra acortando distancias? Según Bonina, la ventaja de Estados Unidos frente a China ya no es tan amplia como hace algunos años. “Si bien Estados Unidos sigue liderando, la brecha con China es muy, muy pequeña”, sostuvo al citar el AI Index de la Universidad de Stanford.

Para Aguerre, todavía no hay una respuesta definitiva. La competencia atraviesa una etapa en la que ambos modelos muestran fortalezas diferentes y la evidencia aún es “dividida”, afirmó.

La especialista explicó que el modelo chino tiene “menos barreras de entrada” ya que facilita una mayor difusión de sus tecnologías y tiene una presencia significativa en las cadenas globales de producción. Esa influencia trasciende el ámbito de la IA y alcanza a buena parte de los bienes y sistemas utilizados diariamente por empresas y consumidores, indicó.

“La industria china está presente” en “elementos que usamos en nuestra vida cotidiana o en el sector industrial. Me refiero a las fábricas de coches, las baterías, los sistemas de salud”, dijo. “China parece estar entrando muy fuerte en los mercados, de forma intensa, aunque menos mediática”, sostuvo.

¿Hacia una Guerra Fría tecnológica?

Aguerre consideró poco probable que en los próximos años la competencia entre Estados Unidos y China derive en una separación total de sus ecosistemas tecnológicos. Aunque estimó una creciente confrontación en el plano político y estratégico, consideró que la interdependencia económica seguirá imponiendo límites a esa fragmentación.

“Creo que va a haber una Guerra Fría tecnológica en una capa más pública, pero en los sectores industriales las cadenas de producción todavía son altamente dependientes de empresas de ambos lados, de ambos países. En ese sentido, se va a seguir operando con pragmatismo”, sostuvo.

Bonina compartió esa visión y consideró que el escenario más probable será “una fragmentación creciente con una competencia sostenida”. No descartó que exista cooperación puntual “en estándares o en seguridad”, pero sostuvo que “la lógica dominante seguirá siendo la competencia por ecosistemas, por chips, por datos y por mercados”.

A su entender, la idea de una “Guerra Fría tecnológica” es útil como metáfora, aunque incompleta, porque “no son dos bloques totalmente cerrados”, sino que persisten “zonas de interoperabilidad parcial y dependencia cruzada de ciertos componentes”.

Aguerre y Bonina advirtieron que esa fragmentación también tendrá consecuencias concretas para los ciudadanos. Una de ellas será el aumento de los precios de los productos tecnológicos.

“Puede significar menos interoperabilidad” así como “mayores costos, más restricciones de acceso y más exposición a reglas distintas según la plataforma”, explicó Bonina. En ese contexto, consideró que América Latina corre el riesgo de quedar como un “mercado receptor” con escasa incidencia en la definición de estándares internacionales.

Qué puede hacer Uruguay

Para los especialistas, la creciente competencia entre Estados Unidos y China también plantea un desafío para países pequeños como Uruguay, que deberán preservar su capacidad de decisión sin quedar atrapados en la disputa entre las dos potencias.

González Guyer sostuvo que América Latina volvió a convertirse en un espacio de disputa geopolítica luego de que China ampliara su presencia en la región durante años en los que Estados Unidos “no miró para este lado”.

“Actualmente, América Latina volvió a ser una región en disputa, donde los chinos habían plantado una serie de banderas que Estados Unidos quiere sacar y poner las suyas. En ese contexto, el gobierno de Donald Trump lo hace con métodos muy poco ortodoxos y muchas veces a la fuerza”, afirmó. En ese escenario, agregó, Brasil y Uruguay deberían procurar mantener los “mejores vínculos posibles” con China sin provocar una reacción de Washington.

Desde una perspectiva tecnológica, Aguerre y Chinelli consideraron que la principal fortaleza de Uruguay pasa por mantener una “posición de neutralidad”, respaldada por una sólida institucionalidad y por altos estándares de protección de datos y derechos digitales.

“Le conviene seguir manteniendo su neutralidad” con “una identidad que tiene que ver con la institucionalidad, el respeto hacia los derechos de los ciudadanos, los estándares de protección de los datos personales y el posicionamiento innovador en el uso de tecnología, pero respetuoso y alineado con los derechos humanos y los sistemas democráticos”, afirmó Aguerre.

No obstante, advirtió que la adopción de tecnologías desarrolladas por las grandes potencias nunca es completamente neutral, ya que implica distintos grados de dependencia tecnológica y política.

Por su parte, Bonina valoró que Uruguay haya construido una estrategia propia en materia digital. “Uruguay lo viene haciendo muy bien. Ya tiene una estrategia de IA, tiene una estrategia muy clara de datos abiertos y ha sido muy importante como líder en la región”, afirmó.

A su juicio, el país no debería intentar competir con las grandes potencias en la fabricación de chips o infraestructura de cómputo, sino apostar por seguir construyendo talento.

Para la economista, la soberanía tecnológica tampoco implica la producción de toda la tecnología dentro del país. “Para un país pequeño la soberanía no es producir todo, sino elegir bien de quién depender y bajo qué condiciones. La clave no es elegir un bando, sino construir autonomía estratégica con estándares abiertos y protección de datos”, afirmó.

A su vez, Chinelli dijo que el Estado uruguayo debería adoptar una estrategia basada en modelos abiertos para las aplicaciones críticas y procesar la información sensible dentro del territorio nacional, en línea con la normativa de protección de datos.

“El gobierno sí o sí tiene que tener una estrategia abierta de IA. Eso no quiere decir que no apalanque otros acuerdos, como los que tenemos con Google, o que no haga usufructo de modelos cerrados. Pero la columna vertebral tiene que ser una estrategia basada en modelos abiertos, independientemente de la procedencia. No tienen por qué ser de China; en Chile también se están haciendo modelos abiertos”, finalizó.