Tener una banca de diputada en la que aterrizar después de que te echen de tu trabajo.
Inmolarse para fortalecer al gobierno.
Luchar tanto que se te pase la parte de pagar los impuestos.
Tener repuestos de sobra por si echan a alguien de tu sector.
Tomarse el tiempo para llegar a la decisión correcta.
Los candidatos colorados a la Intendencia de Rivera que andan a las piñas y le ponen un poquito de picante a una campaña que viene medio chaucha.
Que los hinchas de los cuadros grandes se conformen con que el otro está peor.
Dejar la presidencia y que las mismas empresas que te llevaron a ganar las elecciones te tiren un currito para los próximos cinco años.
Que cada semana aparezca un cagador nuevo para poder burlarte de la adoración a los empresarios.
Buscar información sobre ese cagador y que siempre termines en el sitio de Forbes Uruguay.
Vivir cerca del tipo que se quedó con tus ahorros y no tener que gastar plata en boleto para ir al escrache.
Estar cagado hasta las patas ante la perspectiva de que metan a otro papa zurdo.
Las comidas de olla que no te dan gases.
Amar tanto a Dios que te ponés de buen humor cuando muere su representante en la Tierra, quien, según vos, no lo representaba bien.
De menos
Que manden justo al Boca Andrade a defender a Cairo en los programas de radio.
Tener tantas prioridades que te olvidás de hacer un trámite.
Que el regalo de un terreno genere tantas complicaciones.
Tener tu propio asentamiento en tu casa.
No darte cuenta de que si tanta gente desaprueba la gestión de la IM pero igual va a votar al FA, el problema es que prefieren cortarse un huevo antes que votarte a vos.
Reírte de que la ministra de Vivienda y Ordenamiento Territorial no tenía regularizada su casa, pero acordarte de que cuando eras director de la Oficina de Planeamiento y Presupuesto te cagaron con una estafa piramidal de manual.
Caminar por Copacabana sintiéndote millonario y de pronto cruzarte con tu compañero de oficina que, al igual que vos, es un pelagatos que pudo viajar a Brasil únicamente porque está baratísimo.
Tener un papable uruguayo pero que sea tan facho que hinches por cualquier otro.
Ser Lacalle Pou y pasar de reunirte con Joe Biden y Felipe VI a reunirte con Jorge Gandini y Graciela Bianchi.
No poder hacer chistes sobre la remontada histórica de Defensor Sporting contra Peñarol porque al 95% de los lectores les chupa un huevo el básquetbol.
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