La difusión de millones de archivos pertenecientes a la investigación sobre la red de trata de blancas y abuso sexual infantil montada por el financista Jeffrey Epstein sigue cobrándose víctimas. En este caso se trata del príncipe Andrés, hermano del rey Carlos III de Inglaterra, quien era asiduo participante en las fiestas de Epstein. Ayer, la Policía británica lo arrestó y lo llevó a un calabozo en lo más alto de la Torre de Londres. Las autoridades informaron que el integrante de la familia real fue encadenado con grilletes a un húmedo muro de piedra y antes de la hora de dormir recibió un mendrugo de pan y un cuenco con agua enturbiada por las deposiciones de las ratas que pululan en la zona de los calabozos.
Tras el arresto, Carlos III declaró que “nadie está por encima de la ley” y pidió que se deje trabajar a la Justicia. De todas maneras, no descartó la posibilidad de emitir una orden para que su hermano sea sometido al potro, el cepo o tormentos similares.
La sorpresa: “¿Desde cuándo un príncipe no puede violar menores de edad?”. Andrés, noble sorprendido por el progreso.