El empresario uruguayo y exsenador del Partido Nacional Juan Sartori está en el centro de una controversia judicial y financiera que durante los últimos días ha tenido amplia cobertura en los portales especializados en Argentina. El último episodio se registró el viernes, cuando el “unicornio” agropecuario Bioceres solicitó su propia quiebra, en medio de acusaciones cruzadas entre los directores afines a Sartori –que se vinculó al negocio en abril de 2025– y el exdirector ejecutivo Federico Trucco.
Bioceres es una empresa agropecuaria que emergió tras la crisis económica de 2001, en la provincia de Santa Fe. Las crónicas que publican estos días los medios argentinos la caracterizan de manera similar: una empresa que nació como una cooperativa, vinculada a productores rosarinos que apostaron a la articulación público-privada, y que, tras años de crecimiento, llegó a cotizar en Wall Street, lo que la convirtió en un emblema del desarrollo nacional. Entre los fundadores estaban Gustavo Grobocopatel y el presidente de la Asociación Argentina de Productores en Siembra Directa, Víctor Trucco (padre de Federico, que asumió como CEO en 2011).
Tras años de expansión y crecimiento –la empresa llegó a operar en 25 países–, los resultados fiscales de Bioceres en 2024 fueron negativos y la dirección de la biotecnológica resolvió salir a captar inversiones. Y aquí es cuando aparece en escena Sartori, que figura como accionista de Moolec Science, una empresa de agricultura molecular con sede en Islas Caimán que tomó control de Bioceres en abril de 2025.
Ocho meses después, el 15 diciembre de 2025, el grupo afín a Sartori convocó a una asamblea de accionistas y designó a un nuevo presidente, y único director, que 48 horas después resolvió pedir la quiebra de la compañía. El director saliente –es decir, los fundadores de la empresa, con Trucco a la cabeza– consideró que esta “maniobra” de Sartori buscó explícitamente hacer fracasar los planes de salvataje de la empresa que tenían en marcha, negociando una reestructuración de la deuda con los acreedores.
Una nota del diario Perfil publicada el 13 de febrero reveló incluso que la decisión de empujar a la empresa al default “no fue un acto de desesperación, sino una jugada de pizarrón que generó una ganancia contable extraordinaria estimada en 95 millones de dólares” para la estructura controlada por Sartori. La cifra de las ganancias surge de documentos oficiales presentados ante la Securities and Exchange Commission (SEC) de Estados Unidos, señaló la investigación de Perfil.
Este “modus operandi” del grupo empresarial de Sartori está generando también preocupación en otras compañías vinculadas a Bioceres, que temen correr igual suerte que el otrora “unicornio” santafecino. Una de ellas es Rizobacter, empresa que se dedica a la microbiología agrícola, que denunció al holding de Sartori (Union Group) por desplegar un “hostigamiento financiero” similar al que aplicó en el caso de Bioceres.
Los directivos de Rizobacter alertaron que Union Group lleva adelante una “maniobra de asfixia inducida”, cuya estrategia de judicialización de pasivos “busca forzar una situación de quiebra técnica”. “Esta táctica pretende devaluar artificialmente a una empresa líder en biotecnología para facilitar una toma de control a una fracción de su valor real, poniendo en riesgo la estabilidad del sector agroindustrial argentino”, advierten desde Rizobacter.
Según afirmaron en un documento al que accedió la diaria, la dirección de Rizobacter y sus accionistas principales rechazaron “cualquier intento de transferencia de activos bajo condiciones de coacción financiera”. “Frente a la presión de Juan Sartori por imponer una liquidación acelerada, Rizobacter hace un llamado a la transparencia en el mercado de capitales para evitar que maniobras especulativas extranjeras desmantelen uno de los activos más valiosos de la soberanía tecnológica nacional”, señalaron los empresarios argentinos.