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Exposición “Museo de mí”, en la que las redes sociales del visitante son analizadas mediante inteligencia artificial, en el Centro Cultural Banco de Brasil, en Río de Janeiro.

Foto: Mauro Pimentel, AFP

Nueva frontera de la desigualdad

3 minutos de lectura
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Inteligencia artificial en Brasil.

La “brecha de IA” describe una nueva capa de desigualdad basada no solo en el acceso a la tecnología, sino en la capacidad de usarla de forma estratégica para aumentar la productividad, los ingresos y el poder. En un país marcado por inequidades históricas, como Brasil, el resultado de ese fenómeno tiende a ser predecible.

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La empresaria Natalia Beauty generó polémica al admitir que utiliza inteligencia artificial para estructurar sus artículos publicados en Folha de São Paulo. Cuando le preguntaron, después de que un lector sugiriera que sus textos parecían “escritos por IA”, no lo negó. Dijo que las ideas son suyas, pero que utiliza modelos como Claude, de Anthropic, para escribir las columnas.1 Comparó el uso de esas herramientas con los “bolígrafos para adelgazar” [inyecciones de tirzepatida]: mucha gente los utiliza, pero pocos lo asumen.2 La reacción pública reveló cierto malestar con esa postura, pero no logró exponer un fenómeno estructural: en Brasil, la inteligencia artificial puede convertirse en un diferencial de clase.

El debate internacional ya ha reconocido esta realidad y le ha dado un nombre: brecha de IA. Un estudio publicado por la consultora JP Morgan demuestra que las élites económicas han empezado a incorporar la IA como herramienta estratégica para ganar eficiencia, anticipar decisiones y optimizar procesos.3 La tecnología, entonces, no se limita a ser un instrumento de productividad, sino que se vuelve una forma de convertir el tiempo en ventaja competitiva. En la misma dirección, los estudios de McKinsey & Company sobre consumo y estilo de vida identifican que el bienestar se ha convertido en un nuevo lujo,4 tanto que la ropa deportiva ha pasado a ser el nuevo símbolo de estatus. Una estética de equilibrio y rendimiento para la que se necesita tiempo, por lo que hoy en día el tiempo se ha convertido en un activo económico. La inteligencia artificial entra en este circuito como una herramienta estratégica: acelera las tareas, organiza la información y libera horas que pueden reinvertirse [en aumento de prestigio social].

En Brasil, los datos confirman la concentración. Según la encuesta TIC Domicílios 2025, el 69 por ciento de los alumnos del quintil de mayores ingresos utilizan inteligencia artificial generativa, frente a solo el 16 por ciento de los dos quintiles de ingresos menores. Entre las personas con estudios superiores, la tasa alcanza el 59 por ciento y entre quienes solo tienen educación primaria, baja al 17. En total, el 32 por ciento de los usuarios de internet en el país ya ha utilizado IA, pero la media nacional oculta una profunda desigualdad en el acceso cualificado a la tecnología.5

En entornos corporativos, la IA se presenta como estrategia e innovación, mientras que en los territorios vulnerables parece asociado a estafas digitales, deepfakes, pérdida de empleo y desinformación. Los riesgos existen, pero cuando la diferencia diaria en productividad, acumulada a lo largo de los años, se convierte en desigualdad estructural, limitar el debate a las amenazas refuerza la exclusión. Al enfatizar el riesgo sin ofrecer formación, el mensaje implícito es claro: “Esta tecnología no es para ti”.

Parte de la conversación pública sigue tendiendo a moralizar el uso de la inteligencia artificial, lo que a menudo dificulta un diálogo más maduro sobre su adopción. ¿Usar IA sería una forma de hacer trampa? ¿Haría que el trabajo fuera menos legítimo o que el usuario fuera menos inteligente? Al enmarcar el tema en estos términos, el problema se aleja de la discusión sobre infraestructuras, acceso y regulación, precisamente los elementos que definen quién se beneficia realmente de la tecnología.

En un texto reciente publicado en el blog de Mozilla.ai, los desarrolladores argumentan que el asunto no es usar inteligencia artificial para generar código, sino fingir que no está presente.6 Al mismo tiempo, se está pasando de una lógica de prohibición a una discusión sobre la transparencia, la rendición de cuentas y la distribución de los beneficios de la tecnología. En esa línea, un informe sobre cómo la brecha de IA afecta el futuro del trabajo en una perspectiva global, publicado por Naciones Unidas en colaboración con la Organización Internacional del Trabajo (OIT), llama la atención sobre un aspecto estructural de este proceso: la infraestructura necesaria para desarrollar y operar sistemas avanzados de IA -como centros de datos, potencia de cálculo e inversión en investigación- sigue concentrada en unos pocos países y empresas globales.7

Así, la pulseada en la economía de la inteligencia artificial no se limita al uso de la tecnología por parte de individuos, sino que también implica el control de las plataformas, datos e infraestructuras que hacen posibles estos sistemas. La inteligencia artificial no es neutral: expande estructuras preexistentes. Por eso, sin políticas públicas de formación masiva en IA, conectividad de calidad y apoyo a iniciativas locales e independientes, la tecnología se consolidará como otro beneficio de clase. La cuestión no es si los brasileños utilizarán IA. Ya la están utilizando. La cuestión es quién acumulará productividad, ingresos y poder, y quién se quedará limitado al discurso del riesgo. Por lo que se está viendo hasta el momento, las mismas élites del presente se siguen apropiando del futuro.

Marcelle Chagas do Monte, periodista e investigadora, integra la Red de Liderazgo de Columbia y coordina la Red de Periodistas Negros. Extracto del artículo publicado por Le Monde diplomatique, edición Brasil.

Lula en India

IA multilateral

Durante su visita a India, el 20 de marzo, el presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, propuso la regulación del uso de la IA por “una institución multilateral del tipo de Naciones Unidas”.

Según el reporte de Agência Brasil, Lula consideró que esto permitiría beneficiar a la sociedad en su conjunto y no a “uno o dos dueños” de grandes empresas tecnológicas. En declaraciones al programa India Today, indicó que es “la sociedad” la que debe asumir el control de la IA, ya que se trata de una herramienta que “puede elevar los estándares de vida de las personas, por ejemplo, en salud o educación”, pero a la vez implica riesgos, en especial contra las poblaciones más vulnerables.


  1. “Meus textos usam IA, meu pensamentos, nao”, Folha, 9-2-2026. 

  2. “Natalia Beauty: ‘IA é como Mounjaro: galera usa, mas não assume’”, bbc.com, 11-2-2026. 

  3. “Is AI already impacting job growth?”, jpmorgan.com, 15-8-2025. 

  4. “The $2 trillion global wellness market gets a millennial and Gen Z glow-up”, mckinsey.com, 29-5-2025 

  5. “Acesso à IA no Brasil é marcado pela desigualdade social dos usuários”, Agência Brasil, 9-12-2025. 

  6. Nathan Brake y Anushri Gupta, “AI Generated Code Isn’t Cheating: OSS Needs to Talk About It”, blog.mozilla.ai, 16-1-2026. 

  7. “Mind the AI divide”, un-ilibrary.org, agosto de 2024. 

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