Eduardo Galeano: las orillas del silencio. De Román Cortázar. Siglo XXI, UNAM, Udelar; México, 2024. 238 páginas, sin venta en Uruguay.
El autor de este libro sobre uno de los nombres centrales de la literatura uruguaya logró lo que parecía imposible: que Eduardo Galeano le franqueara la puerta de su casa. Ahí comenzó un vínculo que, pese a la diferencia de edades, tuvo calidez y complicidad. Una vez fallecido el anfitrión, Cortázar continuó viniendo a Montevideo y sistematizó aquel acercamiento a través de entrevistas y, sobre todo, de un obsesivo trabajo de investigación, por ejemplo, en la biblioteca del Palacio Legislativo.
Eso le permitió tejer un libro que, si bien se abre desde los afectos, avanza por el camino de la erudición. Encontramos así el testimonio de los primeros trabajos de Galeano, sus dibujos en el periódico socialista El Sol en la temprana adolescencia y referencias a los artículos precoces en Época y Marcha. Cortázar, mexicano nacido en 1980 en Mérida, continúa acompañando a su objeto de estudio en los años del crecimiento literario y de la consolidación de un estilo. El ir y venir del ensayista desde lo sensible a lo concreto se autojustifica en el propio carácter arbitrario que tiene una biografía al momento de seleccionar los hechos que presenta. Pero más allá de esa arbitrariedad, sostiene con lucidez Cortázar, es necesario que el autor que los ordena les desentrañe “un sentido ulterior”. Lo contrario sería pastiche. Para exorcizar el riesgo, este libro apela a vincular una vida y un estilo individual con un período histórico de un espacio geográfico que esas palabras habitaron y que, en su vitalidad y vigencia, continúan habitando.
Por eso el capítulo “El laberinto de la sociedad” reviste especial interés. Ahí el ensayista utiliza sus herramientas filológicas para situar a Galeano en el panorama cultural latinoamericano. En ese sentido, el rector de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), Leonardo Lomelo Vanegas, es elocuente en el proemio: “La escritura latinoamericana tiene un antes y un después del escritor uruguayo no solo por la trascendencia y resonancia de su legado, sino por su papel como uno de los actores medulares del universo intelectual y artístico de la segunda mitad del siglo XX y los comienzos del XXI: un testigo errante de lo invisible, un fino acuarelista que pintaba al detalle el lado interior de la piel de nuestra historia”.
No pocos lectores habituales de Galeano se habrán descubierto a sí mismos, ante tal o cual noticia del presente, preguntándose cómo reaccionaría el escritor y echando de menos su prosa quirúrgica no carente de vuelo poético. Un Galeano que hizo de la palabra sistema una categoría, al desmontar a través de sus viñetas la rapacidad del capitalismo en general y en particular de esa fase agudizada que es el imperialismo. Un Galeano que matrizó una segmentación social –y vaya si es difícil lograrlo– a través de su texto “Los nadies”, definiendo las características de los excluidos. Un Galeano que mostró, antes que la mayoría, los peligros del antropoceno y la fragilidad del planeta en este presente de “úselo y tírelo”. Este mes en que se cumplen 86 años de su nacimiento, ocurrido un 3 de setiembre en Montevideo, es bueno recordarlo con la solidez y el cariño con que lo hace Cortázar.